Los parques eólicos ponen sobre la mesa la influencia de las eléctricas en la Xunta de Galicia

El motor de un aerogenerador. / @EolicaGalicia
El motor de un aerogenerador. / @EolicaGalicia
La implantación de los grandes polígonos eólicos por Galicia adelante solo beneficiaría a empresas externas y perjudicaría gravemente el medio rural gallego.
Los parques eólicos ponen sobre la mesa la influencia de las eléctricas en la Xunta de Galicia

El viento es natural e infinito. Por eso la eólica está considerada una energía renovable y forma parte de las estrategias verdes que se van imponiendo en el planeta. La política puede ser depredadora y ruin. Por eso tiene la capacidad de transformar algo beneficioso en calamitoso.

Hay dos maneras básicas de instalar aerogeneradores: en número ajustado a la demanda próxima o en grandes polígonos desde donde se traslade la energía a zonas alejadas de consumo. La producción descentralizada beneficiaría las empresas locales, sería respetuosa con el medio natural y evitaría las instalaciones subterráneas para la evacuación de la energía. El despliegue de grandes polígonos eólicos beneficiaría las grandes empresas eléctricas, supondría una agresión potencialmente devastadora al medio rural y exigiría la construcción de grandes canalizaciones para el traslado de la energía. El modelo que eligieron tanto la Xunta de Galicia como el Gobierno de España parece ser el segundo.

La aplicación del Plan Sectorial Eólico de Galicia actual implicaría cubrir el rural gallego de molinos de hasta 200 metros de altura (¡casi cuatro veces la altura de la Torre de Hércules!). Se haría en polígonos acotados dentro de los cuales las empresas promotoras ganarían derecho de uso. Tal como mencionan los propios proyectos de ejecución, las consecuencias de los aerogeneradores serían negativas y significativas en materia de ruido, biodiversidad, paisaje y turismo, dejando abierta la duda del impacto sobre los acuíferos y la calidad de los suelos debido a las canalizaciones requeridas para evacuar la energía hacia las zonas de consumo.

Los polígonos eólicos previstos en Galicia causarían unos efectos graves y permanentes en las comarcas afectadas, serían promovidos por empresas foráneas que recogerían grandes beneficios sin más coste que la inversión inicial, promoverían una empresa auxiliar situada mayoritariamente fuera del país, no dejarían ingresos en los ayuntamientos donde se localizaran y, por último, servirían para que otras comunidades autónomas, principalmente Madrid, dispongan de la energía que necesitan.

Es conocido ese mapa de comunidades autónomas españolas que muestra Galicia como principal territorio productor de energía eléctrica y Madrid como principal territorio consumidor. En Madrid no hay molinos que estropeen su medio natural ni centrales hidroeléctricas que ahoguen sus ríos. No los precisan porque para eso ya tienen Galicia. Sin embargo, una fábrica como la de Alcoa en San Cibrao decide cerrar por el coste de la electricidad, teniendo un enorme polígono eólico a 50 kilómetros. Y uno piensa cómo es posible que los políticos gallegos permitan e incluso fomenten semejante expolio.

Uno podría pensar mal y suponer que esos políticos gallegos que permiten el expolio carecen de alma pero no de cartera. Pero enseguida corrige su pensamiento entendiendo que la cosa resultaría demasiado evidente; tales conductas saldrían a la luz tarde o temprano. Valora entonces el combo “político sin alma pero con partido”, entendiendo que al beneficiar a las grandes eléctricas en perjuicio de su propio país, persiguen reforzar el vínculo entre esas poderosas corporaciones y su partido político, lo que algún día redundará en su provecho personal. O estima cómo tercera opción la de que tales políticos carezcan de alma –eso lo doy por demostrado– pero no de preocupación por su futuro, y consideren que una puerta giratoria que les permita el paso hacia un consejo de administración bien remunerado puede ser una jubilación envidiable.

Galicia exporta el 40% de la electricidad que produce. Sin embargo, importa cereales, hortalizas, legumbres, oleaginosas, frutas, aceite... Una invasión de aerogeneradores es posible en Galicia por dos motivos principales: primero, porque somos la comunidad autónoma con menos territorio protegido; y segundo, porque mientras en el conjunto de España, la superficie destinada a cultivos agrarios de consumo humano asciende al 25,5% del total, en Galicia esa misma proporción es del 3,9%. A veces uno piensa que el abandono del rural gallego fue ejecutado a propósito con el fin de poder esquilmarlo en beneficio de los grupos empresariales que obtienen beneficio de la explotación del medio natural desprotegido. @mundiario

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