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La Navidad de Abel Caballero

No hay nada parecido ni de lejos en el resto de Galicia, ni en ningún otro lugar de España, incluyendo Madrid o Barcelona.
La Navidad de Abel Caballero
Diez millones de luces led componen el alumbrado navideño de Vigo. / RTVE
Diez millones de luces led componen el alumbrado navideño de Vigo. / RTVE

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Fernando González Macías

Fernando González Macías

El autor, FERNANDO GONZÁLEZ MACÍAS, es articulista y columnista de MUNDIARIO. Periodista y analista político, fue jefe de redacción del diario La Región de Ourense, coordinador del gabinete de comunicación de la Xunta, redactor jefe de los servicios informativos de TVG y director regional de COPE, Onda Cero y Punto Radio. @mundiario

Hasta los menos "caballeristas" reconocen que Don Abel se ha salido con la suya. Objetivo cumplido y con creces. La Navidad de Vigo es un disparate, pero funciona. La ciudad olívica recibe miles de visitantes a diario y durante los fines de semana se abarrota de gente que quiere ver con sus propios ojos el alumbrado, el árbol gigante, la noria y el resto de las atracciones más o menos navideñas que causan asombro a propios y extraños. No hay nada parecido ni de lejos en el resto de Galicia, ni en ningún otro lugar de España, incluyendo Madrid o Barcelona. No porque no puedan competir con Vigo en ese terreno, sino seguramente porque tienen otro concepto de lo que se debe hacer para crear ambiente. O tal vez tengan otras prioridades y decidan no tirar la casa por la ventana a la hora de engalanar sus centros urbanos. 

Es un tanto disparatado instalar diez millones de luces led para generar un espectáculo en el que la Navidad no es más que un pretexto. Según los menos convencidos, un montaje de ese tipo, o similar, bien podría hacerse en cualquier otra época del año buscando cualquier otro motivo o inventándolo, si de lo que se trata es de atraer un turismo masivo en eso que se denomina "temporada baja". Porque Nochebuena, Navidad, Fin de Año y Reyes son fechas que generan por sí mismas un atractivo comercial y dan mucha vida a la hostelería o la restauración. Es así especialmente desde que estas fiestas perdieron su esencia tradicional (y el espíritu que las inspiraba) para convertirse en motores del consumismo más desaforado.

Dicen algunos que Abel Caballero ha inventado una moderna y multitudinaria romería urbana. Una romería pagana, aunque su origen sean creencias religiosas. Durante varias semanas el centro de Vigo se convierte en una suerte de gran parque temático a partir de una concepción a lo yanqui de las fiestas de Navidad, que nada tiene que ver desde luego con el Nadal de Galicia. Para otros, el lucerío, el gentío y el jolgorio recuerdan a las grandes ferias que se celebran en las ciudades andaluzas, pero sin casetas ni vinos generosos. Puede que se trate de eso, de generar la costumbre de ir a la capital de la Galicia Sur al menos una vez al año, como una nueva tradición con la que cumplir devotamente incluso sin ser creyente.

El gran problema para Caballero es que le va a resultar muy difícil superarse en años venideros. Él mismo ha puesto el listón demasiado alto. No es que el presupuesto navideño no pueda seguir creciendo sin que también vayan a más y lleguen a calar entre la gente de a pie –la que no hace negocio con esto– los reparos de quienes ya consideran excesivo el gasto. Es que también acabarán arreciando las quejas de los propios vigueses por las molestias de todo tipo que les ocasionan las aglomeraciones, las luces y toda la parafernalia que se despliega por la ciudad. Seguro que hasta la paciencia de los más "caballeristas" tiene un límite. @mundiario