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Nacionalismo gallego: hegemonía sindical, minoría política

Es obvio que no pocos de los trabajadores que votan CIG en las elecciones sindicales, en las generales, en las autonómicas o en las municipales se inclinan por partidos "españolistas", como el PSOE, o declaradamente antinacionalistas como el PP.

Nacionalismo gallego: hegemonía sindical, minoría política
Propaganda de la CIG. / Mundiario
Propaganda de la CIG. / Mundiario

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Fernando González Macías

Fernando González Macías

El autor, FERNANDO GONZÁLEZ MACÍAS, es articulista y columnista de MUNDIARIO. Periodista y analista político, fue jefe de redacción del diario La Región de Ourense, coordinador del gabinete de comunicación de la Xunta, redactor jefe de los servicios informativos de TVG y director regional de COPE, Onda Cero y Punto Radio. @mundiario

La Confederación Intersindical Galega (CIG) está de aniversario. Cumple veinticinco años. Hace un cuarto de siglo dos organizaciones sindicales nacionalistas de nuevo cuño (la CXTG y la INTG) convergían en una central que en breve plazo de tiempo ha conseguido erigirse en la más representativa de las que operan en Galicia. Según los datos "oficiales", en 2018 la CIG superó por primera vez a las dos históricas, la UGT y Comisiones Obreras, en número de delegados elegidos por los trabajadores gallegos (ya las había superado hace tiempo en afiliación y capacidad movilizadora). Doble motivo, pues, de enhorabuena, para la entidad que hoy lidera Paulo Carril.

La hegemonía nacionalista en el ámbito sindical equipara a Galicia con el País Vasco. Allí el sindicato más representativo es ELA-STV, que, eso sí, cuenta más de cien años de historia y cuya cuota en delegados y comités de empresa supera ampliamente el cuarenta por ciento. En cambio, la central independentista/soberanista Intersindical-Confederación Sindical Catalana, aunque crece en implantación a raíz del "procés", es la quinta fuerza sindical de Cataluña, muy por detrás de las grandes organizaciones estatales, encabezadas por CC OO y UGT.

Lo que diferencia a Euskadi de la comunidad gallega es que aquí la primacía del nacionalismo sindical no se corresponde con la presencia de las fuerzas nacionalistas en las instituciones políticas ni con el apoyo que reciben en las urnas, donde siguen siendo una opción claramente minoritaria. El Benegá, el gran referente del nacionalismo gallego, apenas llegó a obtener un 25 por ciento del voto de los gallegos en las elecciones autonómicas de 1997, su momento estelar, cuando por primera y única vez superó al PSOE. Desde entonces, por distintas vicisitudes, su porción de la tarta electoral ha venido a menos.

Es obvio que no pocos de los trabajadores que votan CIG en las elecciones sindicales, en las generales, en las autonómicas o en las municipales se inclinan por partidos "españolistas", como el PSOE, o declaradamente antinacionalistas como el PP o ahora Ciudadanos (Cs), y no por En Marea o el propio Bloque, que sigue siendo la opción nacionalista gallega por antonomasia. De esa incongruencia no se puede culpar a los actuales, ni a los anteriores, dirigentes de la CIG. Ellos nunca han querido ser ni han sido políticamente neutrales. Por el contrario, siempre muestran abiertamente su simpatía por el Benegá y, militancia aparte, no tienen reparo en prestarse a participar en campañas electorales o en movilizaciones de cualquier tipo convocadas desde el nacionalismo político. 

De todo lo cual se deduce que la mayoría de quienes eligen delegados sindicales de la CIG, no lo hacen principalmente por afinidad ideológica o simpatía política, sino porque reconocen la labor del sindicalismo nacionalista en los centros de trabajo, en las trincheras laborales, en las movilizaciones sociales y creen, por tanto, que nadie defenderá mejor sus intereses. Nada de idealismo, puro pragmatismo. @mundiario