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Modos, modales y modismos de un alcalde peculiar

Lo de acusar a Carmela Silva de "chacha para todo" de Abel Caballero será o no un modismo, como él aduce, o un simple exceso verbal. En cualquier caso Gonzalo Durán debería cuidar más sus modales y sus modos de hacer política. 

Modos, modales y modismos de un alcalde peculiar
Gonzalo Durán. / Mundiario
Gonzalo Durán. / Mundiario

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Fernando González Macías

Fernando González Macías

El autor, FERNANDO GONZÁLEZ MACÍAS, es articulista y columnista de MUNDIARIO. Periodista y analista político, fue jefe de redacción del diario La Región de Ourense, coordinador del gabinete de comunicación de la Xunta, redactor jefe de los servicios informativos de TVG y director regional de COPE, Onda Cero y Punto Radio. @mundiario

Nadie en el PP ha salido en defensa de Gonzalo Durán Hermida, que llamó a la presidenta de la Diputación de Pontevedra, Carmela Silva, "chacha para todo" del "anciano" Abel Caballero. Tampoco se escucharon hasta ahora voces de dirigentes populares marcando distancias con el peculiar alcalde de Vilanova. Y es que, aunque la afirmación utilizada sea políticamente incorrecta e impropia de un cargo público, en su partido comparten con Durán la idea de que el regidor vigués es quien ordena, manda y hace saber en el sector socialista del gobierno provincial a través de Silva y otros diputados designados personalmente por él. Y hay general coincidencia en que Vigo, para mayor gloria de Caballero, es el principal beneficiario de la gestión de Silva, muy por encima del resto de los ayuntamientos gobernados por el PSOE y por el Bloque, a pesar de que los nacionalistas cogobiernan el ente provincial.

En el Pepedegá contraponen lo que ocurre en Pontevedra con la situación de la Diputación de A Coruña, donde los socialistas tienen un presidente con mando en plaza y con peso político propio, capaz de entenderse con sus socios, del Benegá y las mareas, y hasta con los representantes populares, que por eso mismo le profesan un gran respeto institucional y personal. Valentín González Formoso, a la sazón alcalde de As Pontes, ha logrado que el organismo que preside no sea noticia por los rifirrafes dialécticos, ni por descalificaciones, ni por acusaciones partidistas, sino por el trabajo cotidiano en pro de la mejora de las condiciones de vida y las oportunidades de futuro de todos los coruñeses, vivan donde vivan y les gobierne quien les gobierne.

Dicen que Gonzalo Durán está tranquilo. No espera ni siquiera una llamada al orden de los suyos, ni un toque de atención. Él no baja el diapasón. Nada de rectificar. Se reafirma en lo dicho, sin apenas matizaciones. Parece convencido de que las acciones legales que contra él se emprendan desde el equipo de gobierno de la Diputación no tienen posibilidades de prosperar: hay abundante jurisprudencia que apunta a que este tipo de salidas de tono, incluso de más grueso calibre, rayanas en el insulto, son de uso habitual cuando el debate político baja de nivel y llega al cuerpo a cuerpo a ras de fango. Los actores de la vida pública lo tienen asumido como normal, por muy indeseable que resulte, viene a decir la doctrina jurídica. Le va en el sueldo, dirían quienes simpatizan con el alcalde de Vilanova, que los hay, seguro.

En la trayectoria política del doctor Durán Hermida abundan los episodios en los que ha exhibido un temperamento y unos modales inadecuados en alguien de su perfil profesional y de su posición institucional y social. Dan fe de ello sus superiores y compañeros en el PP pontevedrés, que padecieron y padecen sus desplantes, su lengua desatada y su autoritarismo. Hasta su hermano José Juan, el presidente de Portos de Galicia, sabe bien como se las gasta Gonzalo, del que se distanció políticamente durante años por desavenencias graves. Tampoco goza de la simpatía del resto de los alcaldes de O Salnés, que le acusa de mirar solo por lo suyo. Pero, dice él, es lo que tiene que hacer un alcalde. Y actuando de ese modo gana elección tras elección, por lo que en su partido no les queda otra que transigir con sus "defectos".

Alguien debería hacerle ver que esta vez se ha pasado de vueltas, diciendo lo que dijo justo en el momento en que casi cualquier descalificación dirigida contra una mujer, aunque sea el ámbito político, tiende a considerarse síntoma de machismo. Lo de acusar a Carmela Silva de "chacha para todo" de Caballero será o no un modismo, como él aduce, o un simple exceso verbal. En cualquier caso Gonzalo Durán debería cuidar más sus modales y sus modos de hacer política. Incluso por su propio bien, porque al fin quien más perjudicado sale de este episodio, como de otros similares que protagonizó en el pasado, es el propio regidor arousano. Todo el mundo se ha quedado con el exabrupto y nadie o casi nadie con la cuestión de fondo: la denuncia de trato discriminatorio para su concello que formuló y argumentó en su controvertida rueda de prensa. Vamos, que  de algún modo por culpa de su incontinencia verbal –y he ahí otro modismo– el tiro le salió por la culata. @mundiario