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La revolución imparable

Como el caso de Portugal evidencia, en materia de renovables la realidad se está imponiendo a cualquier modelo teórico

La revolución imparable
La inversión en ciencia y tecnología de calidad es clave.
La inversión en ciencia y tecnología de calidad es clave.

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José Blanco

José Blanco

Diputado en el Parlamento Europeo. Desde julio de 2008 hasta febrero de 2012 fue vicesecretario general del PSOE y entre abril de 2009 y diciembre de 2011 desempeñó el cargo de ministro de Fomento del Gobierno de España.

Durante el pasado mes de marzo, la electricidad renovable producida en Portugal superó la demanda de energía. El país vecino volvía así a marcar un nuevo hito histórico tras haberse abastecido durante cuatro días de mayo de 2017 únicamente con renovables, demostrando de paso que la transición hacia un sistema eléctrico que pivote sobre las energías limpias es una realidad a la vuelta de la esquina.

Como el caso de Portugal evidencia, en materia de renovables la realidad se está imponiendo a cualquier modelo teórico. Y esto es así, entre otras razones, porque los costes que están alcanzando las energías limpias empiezan a ser inferiores a los de las fósiles.

Como ha constatado el último informe de la Agencia Internacional de Energías Renovables (Irena), el coste de la solar fotovoltaica ha caído un 73% desde 2010. Y se espera que se reduzca a la mitad en 2020. En cuanto al coste de generación con energía eólica terrestre, este ha disminuido alrededor de un 25% a lo largo de la década, hasta situarse en un rango de costes inferior al de los combustibles fósiles.

Si Europa despliega todo su potencial en renovables evitaría daños a la salud por importe de entre 15.000 y 60.000 millones de euros anuales

Por no hablar de otros costes que a menudo tienden a soslayarse. Como decía recientemente Irena, si Europa despliega todo su potencial en renovables evitaría daños a la salud por importe de entre 15.000 y 60.000 millones de euros anuales, mientras que los ahorros por daños ambientales ascenderían a entre 6.000 y 30.000 millones anuales. Y recordemos que unas 400.000 personas mueren prematuramente en Europa cada año debido a la contaminación.

Por tanto, ahora que nos encontramos en plenas negociaciones de la directiva para la promoción de las energías renovables en el horizonte de 2030, la Unión Europea no puede permitirse perder pie si no quiere no sólo incumplir sus compromisos internacionales en la lucha contra el calentamiento global, sino poner en cuestión su propio desarrollo futuro.  En juego está mucho más que el millón de puestos de trabajo adicionales que la Comisión Europea estima que se crearán ligados al despliegue de energías limpias. También lo está la competitividad misma de nuestras empresas que podrían beneficiarse de una factura energética más barata. Recientes estudios apuntan que esta podría reducirse hasta un 35% en 2030 y un 55% en 2050 en España aun teniendo en cuenta las significativas inversiones en renovables y redes eléctricas que habrían de acometerse. Y todo ello, sin olvidar su impacto positivo en términos de seguridad de suministro e mejora de nuestra independencia energética.

Pero no solo se trata de razones económicas. También, y sobre todo, de razones éticas: cada vez son más evidentes las graves consecuencias, también en forma de pérdida de vidas humanas, que el calentamiento global está teniendo en nuestras vidas, en forma de catástrofes como incendios, sequías o pérdida de cosechas por eventos extremos. 

Urge actuar y no postergar decisiones que pueden y deben tomarse ahora, facilitando además un giro en el modelo energético

Urge por tanto actuar y no postergar decisiones que pueden y deben tomarse ahora, facilitando además un giro en el modelo energético que ponga al ciudadano en el centro del mismo a través del reconocimiento del derecho a producir, almacenar y consumir su propia energía.

No caben conformismos. Los Estados miembros no pueden escudarse en que en 2014 acordaron fijar en el 27% el objetivo de renovables en 2030 cuando, ante la brutal caída de costes, la propia Comisión ha tenido que revisar sus planteamientos y reconocer que alcanzar el 30% tendría ya un coste menor que ese 27% o cuando organismos internacionales vienen señalando que alcanzar un objetivo como el que defiende el Parlamento Europeo, del 35%, no solo es realizable sino que, además, lo es de manera rentable.

Hagámoslo realidad. Solo es cuestión de voluntad política. @mundiario