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Galicia debería hacerse al menos con 7.000 millones de euros de las ayudas europeas

Cualquier cifra negociada por debajo sería un primer fracaso. Esa cantidad podría movilizar otra aún más alta al sumarse la participación privada, de modo que la suma sería cuando menos equivalente al presupuesto anual de la Xunta. En juego está un nuevo modelo económico de base industrial.

Galicia debería hacerse al menos con 7.000 millones de euros de las ayudas europeas
Alberto Núñez Feijóo. / Mundiario
Alberto Núñez Feijóo. / Mundiario

José Luis Gómez

Periodista. Editor de MUNDIARIO.

La Unión Europea pactó por unanimidad establecer un fondo de reactivación para paliar los daños económicos de la Covid-19, dotado con 750.000 millones de euros. España recibirá cerca de 140.000 millones del fondo para los próximos seis años –una cifra equivalente al 11% del PIB español–, de los que 72.700 millones se plasmarán en ayudas directas.

Para invertir el dinero que llegue de Europa, vía subsidios y créditos, deben cumplirse las condiciones acordadas en el Consejo Europeo; es decir, no se trata de recursos para utilizar libremente por los estados beneficiarios, con España e Italia a la cabeza, sino de fondos que deben adaptarse a una serie de sectores y a determinado criterios, a sabiendas de que España no desata precisamente confianza entre sus socios. Como se vio en la cumbre europea, habrá menos subsidios de los previstos y más control sobre el dinero del fondo de recuperación.

La financiación de proyectos con fines sanitarios tendrá prioridad, del mismo modo que el apoyo a la economía verde y el estímulo a la inversión privada dentro de los países que reciban las ayudas. Habrá, por tanto, participación pública y privada en la inversión de estos cuantiosos recursos; en definitiva, una forma de movilizar todavía más dinero.

Para España puede ser un momento clave para modernizar la industria, lo que exigirá capitalizar mejor sus empresas para afrontar inversiones en tecnología y bienes de equipo. Bruselas estará atenta a que el dinero no se consuma en gasto no productivo, ni en gasto corriente. Con ello se pretende no seguir amparando empresas improductivas y racionalizar, de paso, el gasto público.

A la vista del monto que se baraja para España, y del peso de la economía gallega en la española, Galicia debería hacerse al menos con 7.000 millones de euros. Cualquier cifra por debajo sería un primer fracaso. Esa cantidad podría movilizar otra aún más alta al sumarse la participación privada, de modo que la suma sería cuando menos equivalente al presupuesto anual de la Xunta.

Otras ayudas europeas contribuyeron en el pasado a la modernización de las infraestructuras de Galicia –hoy a la altura de las de cualquier país europeo– pero esta vez se trata de avanzar en la economía productiva, con un nuevo modelo económico de base industrial.

Este plan de reconstrucción llega en un momento especialmente oportuno para Galicia, que asiste al final de una era en su industria más contaminante y a una etapa de cierta esperanza en sectores como la moda y la agroindustria, sin perder de vista el automóvil.

Con ayudas y sin ayudas de Europa, la Galicia del futuro será distinta, con una industria menos contaminante. Es algo ya irreversible. Por eso es tan importante que Galicia acierte en los nuevos proyectos industriales, lo que va a exigir no solo un gran consenso político, sino también la estimulación del sector privado y la negociación con los sindicatos.

La campaña del 12-J no dio mucho de sí en este sentido –es evidente que falta un debate riguroso, más consistente que el de una campaña electoral– pero, sin embargo, se observaron avances en el foro empresarial convocado por la Xunta, a raíz de la Covid-19, para afrontar la reconstrucción.

El peso del Foro Económico de Galicia se notó tanto en sus aportaciones académicas como empresariales, por lo que no sería de extrañar que el nuevo Gobierno de Galicia las tome en consideración; máxime si el presidente de la Xunta crea algún tipo de instrumento de coordinación de las nuevas políticas, ya sea una vicepresidencia económica transversal o una agencia que actualice las funciones del Igape. No sería descabellado que la mayoría absoluta de Feijóo tenga generosidad suficiente para integrar algún académico independiente en esta nueva era. @J_L_Gomez

El problema de España no es solo Holanda

Holanda es un país que se aprovecha del mercado interior de la Unión Europea y, por si fuese poco, de una política fiscal con rasgos similares a la que aplican los paraísos fiscales. No debería dar lecciones a nadie, pero las da. Si lo hace es porque otros socios poderosos se lo consienten. A la hora de exigir compromisos a los países grandes más débiles –Italia y España– ha tomado la delantera. Alemania, que debe ser siemopre comprensiva con Francia, apenas se desgastó poniendo orden en la UE.

No hace falta apelar a una gran conspiración para descubrir que los socios de España en Europa no se fían del Gobierno que preside Pedro Sánchez. Y el problema, obviamente, no es solo Holanda, aunque sea el país que da la cara por otros más poderosos. Todos sabemos las razones: España tiene problemas macroeconómicos graves y las políticas de su Gobierno no inspiran confianza. Los únicos que no quieren verlo son algunos ministros: todos los de Unidas Podemos y más de uno del PSOE. @mundiario

–––––– PROTAGONISTAS ––––––

> Pedro Sánchez, presidente del Gobierno.- Lo acontecido en esta cumbre europea tal vez le haga reflexionar sobre el futuro de su Gobierno. De puertas adentro, aunque sea a trancas y barrancas, logra sobrevivir, pero en Europa ya sabe que hay líneas rojas que no podrá cruzar.

> Charles Michel, presidente del Consejo Europeo.- Un reajuste de las ayudas del fondo de recuperación y un control más estricto de su desembolso marcaron su nueva posición en busca de un acuerdo en la cumbre de la UE. Bajaron las expectativas, pero aún así no hay ninguna alternativa mejor.

> Mark Rutte, primer ministro de Holanda.- Las ayudas europeas llegarán a España bajo un control más estricto y con los presupuestos rebajados, sin que su país tenga que poner todo lo que le corresponde. Es el premio a un trabajo bien hecho en nombre de otros socios –frugales– de la UE.

> Angela Merkel, canciller de Alemania.- Ya de salida, parece cansada de hacer de mala en Europa y dejó que el liberal Rutte tomase la delantera, con margen de quedar bien con todos. Marca el fin de un ciclo en una UE que, si quiere ser grande, deberá hacer menos teatro y más política. @mundiario