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Galicia, con buenos indicadores, debería proponer finalizar el confinamiento el 10 de mayo

No nos salvará de la crisis el lenguaje bélico oficial ni la épica discursiva de la reconstrucción nacional, sino el trabajo abnegado de empresarios y trabajadores, única forma de crear riqueza. Tampoco nos salvará Europa, siempre gustosa de la fábula de la cigarra y la hormiga, sino nuestra capacidad para levantarnos a nosotros mismos.
Galicia, con buenos indicadores, debería proponer finalizar el confinamiento el 10 de mayo
Una carretera vacía durante el confinamiento. / Pixabay
Una carretera vacía durante el confinamiento. / Pixabay

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José Luis Méndez Romeu

José Luis Méndez Romeu

El autor, JOSÉ LUIS MÉNDEZ ROMEU, es licenciado en Pedagogía y columnista de MUNDIARIO. Exdiputado y exportavoz parlamentario del PSdeG - PSOE, fue conselleiro del Gobierno de Galicia y secretario de Estado del Gobierno de España. @mundiario

Si un camello es un caballo dibujado por un comité, al sumarle a Podemos, los niños acaban yendo al supermercado y los perros al parque. Ante las decisiones próximas conviene que nuevos  interlocutores, como los Gobiernos autonómicos y los municipios,  hasta ahora subordinados, asuman mayores responsabilidades.

La deliberada ambigüedad, para evitar presiones, con la que el Gobierno maneja el final del confinamiento y de la parálisis laboral, está comenzando a producir reacciones contrarias no imputables al debate político. Así, los principales empresarios valencianos han exigido el final inmediato en aquel territorio, estimando que la prolongación de la inactividad laboral puede hacer imposible la recuperación.

Lo cierto es que tras mes y medio, la epidemia resiste con fuerza en Madrid y Cataluña, pues son las principales aglomeraciones urbanas, mientras que las cifras son mucho más bajas en otras Comunidades. Si se descendiese al nivel local, lo que se ha evitado hasta la fecha para no abrir precisamente este debate, las diferencias aún serían mayores. En muchas localidades pequeñas y medianas de Galicia, por ejemplo, no se registran casos y sin embargo mantienen la actividad productiva paralizada y a la gente en sus casas por lo que ocurre a centenares de kilómetros de distancia. Algo similar puede decirse de Canarias, de Menorca y de otros territorios.

En ese debate no sirven los argumentos partidistas. Galicia y Murcia entre las Comunidades populares están mejor que Castilla-León. Lo mismo puede decirse de Extremadura o Asturias, socialistas, respecto a Castilla-La Mancha. Si el Estado autonómico, con sus elevados costes, se justifica, es precisamente porque puede adoptar soluciones diferentes ante un mismo problema, sin que ello implique ruptura del marco común.

Si la Comunidad Autónoma es demasiado heterogénea en sus datos, desciéndase al nivel correspondiente: local, metropolitano, provincial. Las soluciones urbi et orbi, muy del gusto bjurocrático, son impropias de una sociedad sofisticada que además cuenta con herramientas tecnológicas muy precisas. Asumiendo cada uno, naturalmente, su cuota de responsabilidad en las decisiones. Criticar al que actúa desde la posición de espectador es muy cómodo pero nada eficaz. Debería ser la  hora de los Gobiernos territoriales.

No nos salvará de la crisis el lenguaje bélico oficial ni la épica discursiva de la reconstrucción nacional, que tiene más de relato político que de plan de actuación, sino el trabajo abnegado de empresarios y trabajadores, única forma de crear riqueza. Tampoco nos salvará Europa, siempre gustosa de la fábula de la cigarra y la hormiga, sino nuestra capacidad para levantarnos a nosotros mismos. Las ayudas no son panaceas sino multiplicadores, catalizadores del esfuerzo. De ahí que recuperar la normalidad sea perentorio allí donde es posible diferenciar la situación. Y para eso debe estar el Ejecutivo autonómico.

Al tiempo Feijóo podría mostrar algo más de interés por el control democrático, suspendido sine die desde hace dos meses. No es admisible mantener esa situación hasta setiembre, por lo que el Parlamento, con las limitaciones oportunas, debe retomar de inmediato al menos la actividad de control. Las maniobras torticeras habituales de endosar a los letrados de la institución la elaboración de un informe que circula desde hace días por los despachos sin adoptar decisiones, descubren la escasa voluntad de someterse a control. Mal ejemplo de quien tiene mayoría absoluta y no puede temer el debate. Ni está obligado a meter a los pirómanos en el comité de los bomberos. @mundiario