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Enrique Losada tuvo mayor ansia por la política que por la presidencia del Puerto de A Coruña

¿Habrá vacantes en la administración autonómica para dar ocupación a quien lo ha tenido todo y todo se jugó en una partida –la política– para la que no estaba llamado? El hombre seguro de sí mismo, perdió su condición de gestor y –el tiempo lo ha confirmado– también la de político.
Enrique Losada tuvo mayor ansia por la política que por la presidencia del Puerto de A Coruña
Enrique Losada. / Mundiario
Enrique Losada. / Mundiario

Antón Luaces

Periodista.

Quiso jugar a ser político y, tal vez sin darse cuenta, perdió su condición de gestor tras casi doce años al frente de la Autoridad Portuaria de A Coruña. Porque Enrique Losada, cuyo destino futuro está por ver, tuvo mayor ansia por la política que por la presidencia de una entidad cuyo porvenir se debatía -ya, entonces- en su toma de posesión, entre el ser y no ser debido a un absurdo compromiso asumido por sus antecesores y al que el propio Losada no pudo o no quiso renunciar. Porque el puerto exterior de Punta Langosteira  (Arteixo) o puerto exterior de A Coruña, como se le denominó pomposamente por el exministro de Fomento Álvarez Cascos y el exalcalde de A Coruña, Paco Vázquez, en un ejercicio de inyección de valor de pura ostentación, nació cuando ya estaba en construcción el de Ferrol, a un tiro de piedra. Un puerto exterior criticado por todos menos por aquellos que lo promocionaron y que, al final, ha sido la sentencia de Losada, como lo demuestra en plan portuario elaborado por la Universidade da Coruña que rebaja los usos comerciales y hoteleros de los muelles de Batería y Calvo Sotelo del puerto local cuya venta pública resultaba básica para acometer parte de los últimos pasos del puerto exterior.

Losada fue, sin duda, más político que técnico y jugó sus bazas con gobiernos "amigos" y "contrarios" tanto en Madrid como en la ciudad, A Coruña, sede esta de la propia Autoridad Portuaria. Tal vez no pudo resistirse al juego de la silla vacía y trató de sentarse en aquellas que, como los terrenos de La Solana, los citados muelles de Batería y Calvo Sotelo, San Diego, etc., ofrecían salidas viables que permitían -eso pensaba- enjugar la deuda de más de 200 millones de euros que constreñía la cintura económica de una entidad que Puertos del Estado había contribuido a endeudar para afrontar mediante un crédito un débito de 300 millones.

Losada, primero, y la alcaldía y los partidos políticos municipales después, intentaron la condonación de ese crédito tal y como Puertos del Estado había hecho con otros puertos españoles, pero tarde piache: la situación no estaba para filigranas y, en momentos como los actuales, hay que abrocharse los machos antes de embarcarse en aventuras económicas que ni siquiera disponen de la seguridad de una respuesta a la hora de exigir devoluciones.

Por si fuese poco todo lo señalado, el debatido puerto exterior pierde toda esencia por la fallida conexión ferroviaria a Punta Langosteira y la práctica constancia de que el año 2021 no va a ver las proyectadas inversiones toda vez que las ventas de los muelles locales no se han producido y, supuestamente, tampoco se producirán en un futuro inmediato. Quedan atrás fallidos como los de Pemex y Beijing 3E, que iban a asombrar a propios y ajenos y solo han servido para mofa de quien buscaba días de gloria que añadir a un historial de sinsentidos para un puerto innecesario, construido más como un desafío técnico que como una solución que nunca ha sido para un transporte marítimo que nunca ha tenido A Coruña como objetivo, y un futuro de cinturón de castidad para una ciudad, A Coruña, que siempre ha crecido en función del crecimiento del propio puerto local y que ha dejado de hacerlo porque tampoco hay futuro claro para unas instalaciones portuarias que, en la práctica, se agotan en los terrenos de San Diego.

De este modo, Enrique Losada, el hombre seguro de sí mismo, perdió su condición de gestor y –el tiempo lo ha confirmado– también la de político. Desconozco si hay vacantes en la administración autonómica para dar ocupación a quien lo ha tenido todo y todo se jugó en una partida –la política– para la que no estaba llamado. @mundiario