Díaz Ferrer, el eslabón necesario entre las vanguardias europeas del siglo XX y Galicia

Díaz Ferrer
Obra de Díaz Ferrer. / Galería Vázquez de Ferrol
Ocho décadas de una trayectoria de personalidad única, convierten al artista en el necesario eslabón entre las vanguardias europeas y la pintura gallega.
Díaz Ferrer, el eslabón necesario entre las vanguardias europeas del siglo XX y Galicia

¿Por qué no se conoce al orensano Díaz Ferrer en la cultura gallega?  Hace ahora 80 años llegaba a una devastada Madrid el artista orensano Jesús Díaz Ferrer iniciando una de las trayectorias más singulares y todavía hoy desconocidas de la vanguardia española. No se explica que a día de hoy, en un mundo en el que la información tiene una difusión como jamás se imaginó, el gallego Jesús Díaz Ferrer: “el artista integral” de las vanguardias del XX, siga siendo un artista de culto. Una figura artística tan personal y europeísta que además supone un eslabón esencial que vendría a llenar un espacio integral único en la pintura gallega.

Nacido en O Barco de Valdeorras (Ourense) en 1922, 77 años de prolífica y fecunda actividad creadora marcan la carrera de Jesús Díaz Ferrer. Vive en Madrid de 1940 a 1953, hasta el 1982 en París, y después en Gotemburgo (Suecia), Zúrich (Suiza) y la campiña francesa, para acabar su vida en Teruel. Un periplo que fue alternando con visitas a Galicia y a su Valdeorras natal que también dejaron huella en su obra.

Del Madrid de los 40 a París

Durante el primer franquismo, en el que reside en Madrid, se va haciendo un nombre y relacionándose con influyentes personajes como Florentino López Cuevillas, Eugenio D’Ors, Antonio Palacios o Vicente Risco que ponderó sus paisajes del Sil. Aún así, sintiéndose encorsetado por el Madrid de la inmediata posguerra, decide abandonar la capital española y afrontar el sueño parisino, pero con vocación de permanencia. Decisión en la que será providencial su unión con la francesa Micheline Langlois, su inseparable compañera hasta sus últimos momentos.

Desde entonces, la dilatada carrera de Jesús Díaz fue espoleada por una pulsión creadora, una casi infinita experimentación en nuevos campos, que fue forjando una personalidad artística muy compleja, a veces ininteligible y de síntesis conceptual. Paisaje, retrato, el bodegón, desnudo, temática religiosa, cuadros de contenido social y satírico, la abstracción, el costumbrismo… aparecían bañados de forma intermitente por un expresionismo de carácter surrealista, el ismo más próximo a su estilo creador. Las miserias del Madrid de la posguerra, las “peixeiras” de Cangas, sueños oníricos, los tipos populares de los barrios de la capital francesa, los activos y coloridos mercados parisinos, descomposiciones de espacios, las revueltas de mayo del 68, las corridas de vaquillas de Teruel, cualquier modesto pescado o trozo de carne que aterrizaba en su mesa… Pintura, escultura, relieve, collage, ready made, grabado, orfebrería, cerámica… en los que sobresalen los poliédricos enfoques y estilos con los que afrontó estos temas a lo largo de los años.

Díaz Ferrer. París 1968

Obra de Díaz Ferrer. / Colección Langlois

Álbum Mayo 68

Mientras se catalogaba la obra del artista, apareció un álbum hasta entonces desconocido:  La obra "Mayo del 68 “. Primero se localizaron obras aparentemente individuales... que fueron adquiriendo todo su significado cuando el investigador Luis Enrique Rodríguez  que ha dedicado años de su vida a recuperar su obra. encontró - casi traspapelado y de forma casual- el deslumbrante álbum.  Por sus características, constituye un producto único en España y posiblemente también en el mundo. 

Díaz Ferrer plasma en las distintas imágenes del álbum la fuerza de los acontecimientos del mayo francés, la violencia entre manifestantes y antidisturbios. Se reconocen edificios y calles, pancartas y las pintadas en los muros. Todo ello traslada al espectador al ambiente y al espíritu de entonces. Las batallas campales en el Barrio Latino, el cierre de la Sorbona por la policía, las barricadas... un relato casi de reportero de guerra, descrito con su personalísimo estilo. La universalidad y eficacia expresiva de lo narrado, hace extensible la situación a cualquier tiempo y cualquier espacio.  Afortunadamente, El Album Mayo 68, pudo exhibirse en distintos lugares de Galicia con motivo del aniversario de la efemérides francesa.

Junto a este singular album puede destacarse su serie de contenido social que puede integrarse en el movimiento de la Nueva Realidad: la demolición de los mercados de Les Halles, las calles parisinas con su vida cotidiana, establecimientos, los limpiabotas, los sin techo, los disturbios callejeros, los obreros, etc.

Diaz Ferrer en Galería Vázquez. Ferrol

Obra de Díaz Ferrer / Galería Vázquez. Ferrol

El taller de escultura

En Cléry, en la campiña francesa, ya en la madurez, Díaz Ferrer fue gestando sus interesantes series de tótems modulares de piedra caliza, tallas orgánicas de madera, grabados, joyas de oro y plata, esculturas de metal, piezas de materiales reciclados, experimentos en metacrilato y un largo etcétera de objetos artísticos. “Su energía inagotable le llevó a experimentar en nuevos campos con una pasión renovada, consiguiendo obras geniales donde la herencia de todas las vanguardias europeas se mezclan armoniosamente con su peculiar forma de ver y sentir el mundo”- declara Luis Enrique Rodríguez, máximo especialista en Díaz Ferrer.

Recuperación del patrimonio

Como hemos comentado, es inaudito que la figura artística de un hombre tan singular, y sobre todo eslabón esencial de la vanguardia gallega con la europea haya pasado desapercibido. Esto ha llevado a considerarle un artista “maldito” y por tanto, ser un pintor muy poco conocido para el gran público, aunque en las décadas finales del siglo XX  sus cuadros colgasen junto a los de Matisse y Picasso y se comercializaran en las casas de subastas más prestigiosas de España.

"No existen artistas malditos, solo existen coyunturas que los silencian", declaraba Luis Enrique Rodríguez. Pero.. ¿Cual ha sido esta coyuntura? Una furibunda independencia que le hizo estar muy alejado de círculos intelectuales y literarios que encumbran a los artistas, el haber vivido en distintos lugares de Europa, y sobre todo, que la asimilación estética de su obra requiere “cierta iniciación”. Sólo después de un prolongado contacto con sus obras, se capta el valor de su personalidad.

Pero también hay que señalar, la apatía de las instituciones que no han demostrado un excesivo interés en recuperarlo. Algo que parece que está empezando a cambiar.  El Concello de O Barco  en su programa de Entroido elegía este año como  cartel una a pintura de Jesús Díaz Ferrer en la que el pintor recordaba los carnavales que vivió en O Barco cuando era niño. Un guiño a su recuperación y toda una declaración de intenciones. También estaba programadas para este 2020 una serie de interesantes actividades a nivel nacional que la pandemia habría paralizado.

cartel_entroido O Barco

Cartel Entroido.  Concello de O Barco

Por ello, auguramos que es posible que el estudio completo de su figura, de su prolífica trayectoria y la catalogación de su obra no continuará demasiado tiempo en espera de publicación. La Diputación de Ourense, su provincia natal, la Consellería de Cultura o cualquier otra institución debería en breve, encargarse de ello.

Este compendio antológico no subsanaría la injusta indiferencia que sufrió en vida por parte de la cultura oficial. Pero al menos, y esto es lo esencial, salvaría para el Patrimonio de Galicia un valioso legado que debería preservarse, y más cuando posee esa vocación europeísta que sólo Díaz Ferrer presenta. Un museo en su villa natal, O Barco, sería todo un revulsivo cultural que trascendería la propia Galicia. No sólo sería el espaldarazo al valor del artista “maldito”, sino también a la villa que supo reconocerlo y convertir su legado en un interesante y singular elemento de dinamización cultural. @mundiario

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