La desunión de las instituciones gallegas resta influencia en Madrid

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Emilia Pardo Bazán.

La incapacidad para celebrar el centenario de Pardo Bazán o definir los usos de las Torres de Meirás, últimos ejemplos tras la fallida reunión sobre el puerto coruñés. Todo ello sería inimaginable en Cataluña o en el País Vasco.

La desunión de las instituciones gallegas resta influencia en Madrid

La rivalidad entre las instituciones gallegas además de ser frustrante, ofrece argumentos al Gobierno estatal en sus relaciones con el territorio. Si hace unos días el Presidente de Puertos del Estado se permitía unas declaraciones descalificadoras de las autoridades gallegas y coruñesas, esta semana la memoria de Pardo Bazán ha dado lugar a un episodio menor pero ilustrativo.

La Xunta de Galicia solicitó del Gobierno central permiso para entregar en las Torres de Meirás  los premios de igualdad de este año que llevan el nombre de la escritora. El Gobierno lo denegó aduciendo obras en el recinto. La Xunta quería celebrar el acto el día 8 de marzo, una fecha que el Gobierno quiere institucionalizar y donde no ve con buenos ojos la intromisión de otras instituciones. Añadamos que los premios citados fueron instituidos en 2019, son otorgados por una comisión formada en su casi totalidad por altos cargos autonómicos y por tanto premian a quien decide la Xunta. Nunca se han entregado el 8 de marzo, pero este año debieron de considerar que era una forma de cortocircuitar el monopolio informativo de la conmemoración que pretende el Gobierno y éste reaccionó en consecuencia.

Cada institución desarrolla iniciativas

Pardo Bazán nos ilustra además sobre los malos resultados de la confrontación institucional. En 2020 se celebró el Año Pérez Galdós, instituido por acuerdo de todas las Administraciones canarias y del Ministerio de Cultura, con la participación del Ayuntamiento de Madrid. Gracias a lo cual se celebraron numerosas actividades que pusieron de nuevo en valor la obra de uno de los grandes escritores del cambio de siglo. Pardo Bazán, cuyos méritos literarios no son menores, no ha logrado concitar el acuerdo institucional. En su lugar, cada institución desarrollará algunas iniciativas, ofreciendo en su conjunto un menor interés. Ayuntamientos de A Coruña y Madrid, Comunidad, Ministerio y otras instituciones con las que doña Emilia tuvo relación importante, han sido incapaces de acordar un programa conjunto. Como le ocurrió a la escritora en vida, vetada en la Real Academia y en la Universidad, objeto de críticas de sus pares nada amables, la cicatería de las instituciones priva a los ciudadanos de un acercamiento riguroso a su obra.

Y méritos no le faltan. Extraordinaria producción literaria, editora, directora, cronista, corresponsal de prensa, legó una visión literaria de una ciudad, Coruña-Marineda, como pocas ciudades tienen y cuya huella aún puede verse en muchos rincones de la capital herculina. Además de crear personajes inolvidables como las cigarreras, Amparo, el Doctor Moragas-Pérez Costales, etc. Una magnífica revista La Tribuna editada por la Casa-Museo que lleva su nombre, ambas dependientes de la Real Academia Galega, pone en valor su legado allí donde las instituciones desertan.

Y así se explica que se pierda la ocasión de estrenar una ópera contemporánea sobre La Tribuna, de Gabriel Bussi con libreto de Javier Ozores. Algo va mal en la cultura gallega cuando las óperas modernas escritas en Galicia no pueden estrenarse, como ocurre con las de Rogelio Groba o Eduardo Soutullo, además de la ya citada, por no hablar del repertorio histórico.

Y todavía sobre Pardo Bazán se han producido más desencuentros. La recuperación de la propiedad de las Torres de Meirás por parte del Estado ha dado lugar a una discusión con pocos argumentos sobre el uso futuro del edificio, construido por la escritora para su residencia. De un lado el Gobierno estatal aducía que debía estar dedicado a explicar el franquismo pues fue residencia estival del dictador y por otro la Xunta de Galicia aducía que debía conmemorar a la escritora. Los argumentos de una y otra parte eran endebles no siendo incompatibles. Cabe señalar que el Palacio del Pardo, residencia habitual del dictador, no ha sido dedicado a explicar la dictadura sino reutilizado como residencia de los Jefes de Estado en visita oficial. Del lado de la Xunta, que apenas presta atención a las dos decenas de Casas-Museo existentes, no se llegó a plantear ningún proyecto consistente.

Lo cierto es que cuanto describimos sería inimaginable en Cataluña o en el País Vasco, donde las instituciones territoriales actúan siempre de común acuerdo cuando se trata de convencer al Gobierno central en temas semejantes. Huelga decir que éste se deja convencer. Mientras que la desunión gallega justifica el desinterés de Madrid. @mundiario

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