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Cuando En Marea empezó a ser casta

Los comportamientos poco éticos de miembros de En Marea socavan la credibilidad de la confluencia.

Cuando En Marea empezó a ser casta
El Consello das Mareas activa la consulta sobre Paula Quinteiro. / @Taxiacoruna
El Consello das Mareas activa la consulta sobre Paula Quinteiro. / @Taxiacoruna

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Milagros Lara Coira

Milagros Lara Coira

Licenciada en Geografía e Historia, especialidad Biblioteconomía y Archivística, por la USC. Miembro de la Asociación de Comunicación Política de España (ACOP). Postgrado en gestión de información y community management por Asociación Española de Responsables de Comunidades Online y Social Media. Ha trabajado en medios digitales y en departamentos de comunicación y ahora ejerce como consultora y es colaboradora de MUNDIARIO.

Que los diputados del grupo parlamentario de En Marea se comporten como casta no es un asunto menor. Ellos lo saben. De ahí que Antón Sánchez, viceportavoz del grupo en el Parlamento de Galicia, llamase a “reducir el ruido” que provoca la inadecuada actuación de la diputada de su grupo, Paula Quinteiro. Silenciar el vergonzoso suceso en el que la diputada de En Marea hizo uso y abuso de su condición parlamentaria es vital. Deteriora su imagen y lastra la credibilidad de En Marea.

Así llevan más de un mes, tratando de acallar que Quinteiro esgrimió su estatus para impedir la identificación de causantes de vandalismo en Santiago de Compostela. En concreto, la diputada de En Marea, trató de evitar que se conociese la identidad de uno de los sospechosos que algunos medios señalan como dirigente de Anova. Para impedirlo puso tanto empeño que no dudó en escamotear el móvil con el que la Policía graba sus intervenciones.

No es un asunto menor que miembros de En Marea se comporten como casta con el rancio uso del “no sabe usted quién soy yo” que lleva implícito un mezquino intento de someter a otros por la posición que se posee. No es un asunto menor y, como saben de su gravedad, tratan de incidente lo que no es otra cosa que la exhibición de abuso de poder por parte de su diputada. Reconocerlo supondría admitir que la casta se ha instalado en sus filas. Y eso no se lo puede permitir un partido que generó expectativas prometiendo limpieza, ética, regeneración y nuevas formas de hacer política. Su supremacismo moral les permitió hasta ahora comprar pisos a sus afines con dinero público o ejercer el nepotismo allí donde gobiernan. Pero la gente común lo que no soporta es la arrogancia. Y si viene de los que considera suyos supone doble ofensa. Que lo hagan otros partidos está dentro de lo previsible porque, naturalmente, ellos son casta pero ¿uno de los nuestros? Impensable. Ellos son distintos. Vinieron a cambiar las cosas. Tienen un comportamiento diferente.

Pero por si no bastase la conducta de Quinteiro para socavar la imagen de En Marea, se destapan comportamientos análogos en otros candidatos, transmitiendo a la sociedad que conducirse como casta no es un hecho aislado en este partido político. Actitudes como la de Xoán Hermida, el diputado fugaz que hizo valer su pertenencia a En Marea para amenazar a un policía local por cuestiones de estacionamiento, las mentiras de Juan Merlo, también diputado autonómico del mismo grupo parlamentario, con un historial académico falseado o el último episodio conocido, el de Julia Torregrosa, llamada a sustituir a Merlo, quien está pendiente de juicio por un accidente con tres heridos en el que está implicado un coche suyo sin seguro, no hacen más que transmitir aspectos negativos que destruyen la imagen del partido.

No es un asunto menor la conducta prepotente de Paula Quinteiro, que además se aferra a su escaño. Supone un atentado contra la ética y defrauda a sus votantes y esto siempre tiene consecuencias en las urnas. Lo saben bien en el partido. Por eso se afanan en detener los efectos y que salpique lo menos posible a En Marea. Pero mientras que Luís Villares, el líder de la formación, opta por pedir la dimisión de la diputada, el portavoz de Anova, Antón Sánchez, prefiere echar tierra sobre el asunto. Haciendo gala de su mayor experiencia política, Sánchez tiene claros los riesgos de forzar la salida de Paula Quinteiro: su insistencia en mantener el acta la colocaría en el grupo mixto situando a En Marea como tercera fuerza política del Parlamento de Galicia, por detrás del PSdG-PSOE. Además, como le sucedió al alcalde de Ferrol, con la expulsión se convertiría en víctima, quizás en resentida, generando más conflicto precisamente cuando se pretende lo contrario. Al fin, las diferencias de criterio de los dos sectores se resolvieron por la tercera vía, una consulta a las bases no vinculante escenificará la participación y permitirá demorar la decisión con la finalidad de que este asunto, nada menor, caiga en el olvido.

El conflicto generado por el abuso de la condición de parlamentaria por Paula Quinteiro, enfrentó posturas y salieron de nuevo a la luz desavenencias internas. La lucha por las cuotas de poder dentro de En Marea amenazan con fracturar la formación repitiendo los errores cometidos en el pasado por AGE. Sin embargo, aunque las disputas no benefician a ningún partido, suelen pasar una factura menor que las incoherencias. Los comportamientos poco éticos de miembros y cargos de En Marea han dejado de ser una anécdota, decepcionan y pueden provocar la deserción de sus votantes. El portavoz de Anova, Antón Sánchez, lo tiene claro y por eso ya hace un año advertía a los suyos que aún estaban a tiempo de no defraudar. Hoy su advertencia parece un mal presagio. @mundiario