Las ciudades gallegas no asumen el liderazgo territorial ni exploran las alianzas

Banderas de Europa, España y Galicia. / Mundiario
Banderas de Europa, España y Galicia. / Mundiario

La visión de las ciudades gallegas no supera los límites municipales ignorando el espacio metropolitano.

Las ciudades gallegas no asumen el liderazgo territorial ni exploran las alianzas

La transformación de las ciudades gallegas durante los últimos años ha sido globalmente muy notable, si bien con importantes diferencias entre ellas. Equipamientos y servicios, urbanización y medio ambiente, han sido objeto de modernización con soluciones en algunos casos modélicas y en general enmarcadas en las tendencias actuales de las políticas locales en Europa. Todavía están en curso obras importantes tanto arquitectónicamente como por su repercusión en la movilidad, caso de las estaciones intermodales de Vigo y de Santiago. Por otra parte, tanto en Lugo como en Vigo, se están desarrollando otros proyectos de mejora de la trama urbana de gran interés.

Sin embargo en ninguna ciudad gallega se están considerando seriamente los proyectos supralocales. Ni la bloqueada institucionalización del Área Metropolitana de  Vigo, ni el embrión de proyecto coruñés, ni ninguna otra iniciativa, han prosperado. Las causas, objetivos mal definidos, excesiva politización, ausencia del tejido social y económico. El resultado es que hoy los municipios gallegos siguen viendo el territorio con la misma mentalidad de hace décadas, un espacio administrativo limitado por la demarcación. Ni la dinámica poblacional ni la vida económica se adaptan a ese estrecho límite. Los ciudadanos trabajan en un lugar y residen en otro para pasar su ocio con frecuencia en un tercero. Los intercambios comerciales se producen en un área extendida, con radios de 30 kilómetros y más. Al igual que los servicios sanitarios y administrativos entre otros.

Pese a ellos, nuestros alcaldes, tras cuatro décadas de democracia, aún no han sido capaces de traspasar los marcos territoriales. Como tampoco han prestado mucha atención al mundo exterior. La principal red de ciudades europeas, de la que forman parte unas 200, es Eurocities de la que forman parte cuatro ciudades portuguesas de las cuales tres están en la Eurorregión Galicia-Norte de Portugal, más la capital lisboeta. Además pertenecen 14 ciudades españolas pero ninguna gallega. En consecuencia no sorprende que entre las ciudades españolas que marcan tendencia o que proponen modelos de crecimiento, la presencia gallega sea mínima.

Tomemos como paradigmático el ejemplo de Bilbao, una ciudad industrial que hace cuatro décadas se encontraba ante la crisis de obsolescencia de su principal actividad. Como en otras ciudades europeas, Glasgow por ejemplo, la ciudad bilbaína actuó con decisión pero sobre todo con perspectiva de largo plazo, definiendo proyectos y sobre todo formas de gestión que mantuviesen el rumbo. Los resultados están a la vista. Como ocurrió en la Barcelona post-olímpica, en Madrid, en Valencia, en Gijón o ahora en Málaga, por citar algunos ejemplos más.

Hace tres décadas en Bilbao se constituía una Asociación de Promoción e Investigación, declarada de interés público, formada por el Gobierno Vasco, la Diputación Foral, el Ayuntamiento, una decena de las principales empresas así como otras instituciones, Universidades, Cámara de Comercio o Autoridad Portuaria. Actualmente tiene más de 130 socios empresariales e institucionales. Sus objetivos eran el impulso del Plan Estratégico metropolitano, la realización de estudios y el impulso de la cooperación entre el sector público y el privado en los objetivos citados. Gestión técnica, carácter estratégico y metodologías avanzadas fueron sus rasgos principales. Ha integrado en sus proyectos a la sociedad civil y ha impulsado la proyección internacional.

La referencia de Bilbao

Por las mismas fechas se creó la Sociedad Bilbao Ría 2000 para dirigir la transformación urbanística de la ciudad y su entorno. La mitad de su accionariado lo ostenta el Estado a través de la Autoridad Portuaria y otras tres sociedades públicas. La otra mitad está repartida entre las instituciones vascas. Su consejo de administración está formado por los representantes del máximo nivel de las distintas instituciones, para asegurar la toma de decisiones, funcionando por consenso. Ha desarrollado actuaciones urbanísticas, ferroviarias, culturales, financiándolas con la enajenación de suelos, entre otras fuentes de financiación. Actualmente en Bilbao se discute una proyección mayor a través de una visión del territorio más amplia integrando a la población que reside en un radio de 45 minutos. De esa forma una ciudad de 300.000 habitantes lideraría un territorio de millón y medio de residentes.

Hemos citado un ejemplo adaptable a Galicia. Madrid o Barcelona se han desarrollado a una escala mucho mayor, no en vano son grandes conurbaciones. Hay otras experiencias conocidas y ampliamente difundidas. Contemplar la parálisis gallega sólo produce melancolía. Alejados de los grandes circuitos comerciales, con el corredor ferroviario sin fecha, el AVE retrasado, aeropuertos y puertos ajenos a las grandes rutas y con la población menguante, Galicia necesita sumar, integrar y sobre todo tener ambición. Si tenemos en cuenta que Galicia se encuentra alejada de las dinámicas económicas más activas, la necesidad de sumar esfuerzos es más evidente.

Está bien que muchos concejales de las grandes ciudades se dediquen a ejercer de altos funcionarios ocupándose del día a día. Pero algunos y desde luego los alcaldes deberían de dedicar una parte de su tiempo a diseñar el futuro, en colaboración, difícil pero no imposible, con la Xunta y con las Diputaciones. Salvo que, como refleja nuestro director, José Luis Gómez, en MUNDIARIO, debamos resignarnos a emigrar. @mundiario

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