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Andrés Fernández-Albalat Lois ya es hijo predilecto de A Coruña

Su proyecto, la Ciudad de las Rías, llegó a ser en los años 60 del siglo pasado una necesidad, una reclamación de buena parte de la sociedad gallega.
Andrés Fernández-Albalat Lois ya es hijo predilecto de A Coruña
Andrés Fernández-Albalat. / RR SS
Andrés Fernández-Albalat. / RR SS

Antón Luaces

Periodista.

Llega tarde, pero llega: el coruñés Andrés Fernández-Albalat Lois ya es hijo predilecto de la ciudad en la que nació y vivió, y a la que dedicó esfuerzos, entrega y visión de futuro. El pleno de la corporación municipal de A Coruña tomó el acuerdo de tal designación en una sesión seguida desde el palco destinado al público por una representación familiar y otra de la corporación en la que Fernández-Albalat desarrolló también una intensa actividad: la antigua Escuela de Arquitectura y el Colegio de Arquitectos de Galicia. 

Aquellos que, hace algo más de 50 años, todavía éramos jóvenes, nos vimos sorprendidos por un desafío a todo lo existente en materia de urbanismo y diseño (¿mejor "rediseño"?) futurista de la geografía territorial del golfo Ártabro. En la redacción de los periódicos y las emisoras de radio -en aquel entonces la televisión era también un sueño en el tratamiento de los asuntos de una Galicia anquilosada en casi todos los planteamientos informativos- aquellos que habíamos recibido los primeros datos de lo que pretendía ser la "Ciudad de las Rías", proyecto firmado por el propio Fernández-Albalat, considerábamos que el ilustre profesor ampliaba al máximo el más grande de sus sueños (que fueron muchos y muy variados en diversos órdenes) y que, como la mayoría de estos, era irrealizable. Pero después de mucho estudio y debate, de largas conversaciones en las que siempre que pudo participaba don Andrés Fernández-Albalat, concebíamos la posibilidad de que, más pronto que tarde, el sueño se haría realidad al unir espacios todavía hoy desconectados de una u otra manera.

La Ciudad de las Rías llegó a ser en los años 60 del siglo pasado una necesidad, una reclamación de buena parte de la sociedad gallega, una demanda de poblaciones que enmarcaban un amplio territorio... Una exigencia, poco tiempo después, para de una vez por todas poder realizar el viaje A Coruña-Ferrol en tan solo cuestión de minutos cuando, todavía a día de hoy, resulta imposible cubrir esa distancia en menos de una hora por vía férrea y en no menos de treinta minutos por la autopista. 

En aquel proyecto -como es conocido sobradamente no ha pasado de tal- veíamos cómo nacían puentes, pasos elevados, que nos hacían pensar en canguros y sus saltos -en el caso del profesor Albalat uniendo lo que la Naturaleza había separado muchos siglos antes- para situarnos en cualquier punto de la comarca de las Rías en tan poco tiempo que resulta difícil el poder entenderlo. Pero él, el arquitecto, el urbanista, el futurólogo, siempre lo tuvo claro: era posible.

Pero el "niño" nació a destiempo y en una tierra que era la que era y que formaba territorio en un país poco o nada dado a experimentos.

De poco había servido el curriculum extraordinario del hoy "Hijo Predilecto de A Coruña". Poco dados a entender las posibilidades de futuro para la comarca de las Rías que se encuadraba en una Ciudad de las mismas, aquellos que tenían el poder de decidir nunca llegaron a pensar que, en algún momento, las autopistas, las autovías, unirían aquello que "ellos" no se atrevían a reconocer en el proyecto del profesor de sueños realizables. 

Por una vez, toda la corporación municipal de A Coruña se ha puesto de acuerdo para reconocer que, aún no habiendo sido capaces nunca -ni ellos ni ninguno de todos sus antecesores en el gobierno de esta ciudad del faro de Hércules- de hacer realidad la Ciudad de las Rías, sí han sido capaces de trascender del pensamiento político partidista para entregar a un hijo de esta ciudad  de A Coruña ese reconocimiento de "predilecto" que, aún llegando tarde -siempre se halaga al que se ha ido para siempre- por lo menos "llega".

Y ¡qué quieren que les diga!: me alegro infinitamente y hago votos por el logro de este puente levantado hoy en el salón de sesiones del palacio de María Pita, en A Coruña, cabeza, guarda, llave y antemural del Reino de Galicia. Seguro que don Andrés tendrá una sonrisa franca allí donde se encuentre. @mundiario