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Ana Pontón, la lideresa gallega mejor valorada, afianza su simpatía más allá del BNG

La portavoz nacional del BNG transmite la imagen de una dirigente con perfil propio, con carisma, seria y solvente,  sin estridencias ni histrionismos. Y sin soberbia.  Polítologa de formación y con experiencia, es una hábil comunicadora capaz de demostrar un gran dominio del escenario mediático.
Ana Pontón, la lideresa gallega mejor valorada, afianza su simpatía más allá del BNG
Ana Pontón. / Mundiario
Ana Pontón. / Mundiario

Aunque cabía intuirlo, el estudio postelectoral del CIS lo confirma. Ana Pontón es la líder gallega mejor valorada por el conjunto de la ciudadanía. Con una nota de 5,9 sobre 10,  supera a Alberto Núñez Feijóo en cuatro décimas. Le gana en todas las franjas de edad, desde los 18 a los 64 años. Como es natural, la mejor puntuación la obtiene entre los suyos, los votantes del Bloque, que le otorgan un notable alto, pero también le dan algo más que un aprobado tanto los que votaron Galicia en Común como los PSdeG-PSOE. Solo la suspende, y por poco, la clientela del PP. No hay precedentes de que un dirigente nacionalista haya logrado nunca en Galicia semejante nivel de simpatía ideológicamente transversal. Habría que ver si algo así se dio alguna vez en otra autonomía, pero parece difícil teniendo en cuenta los niveles de división, conflictividad y crispación habituales sobre todo en comunidades donde el nacionalismo o el soberanismo son hegemónicos.

El tirón personal de Ana Pontón explica en gran medida el extraordinario resultado electoral cosechado por el Benegá el 12-J. La valía de la candidata es el factor que esgrimen como más decisivo la mayoría de quienes ese día eligieron la papeleta frentista. Era cabeza de cartel por segunda vez. Gozaba de un grado de conocimiento muy inferior al del presidente de la Xunta, pero claramente superior al del socialista Gonzalo Caballero y el rupturista Antón Gómez-Reino. Supo sacar partido a esa ventaja competitiva durante las dos precampañas (recuérdese que las elecciones estaban inicialmente convocadas para el 5 de abril) y en las dos semanas de anómala campaña previa a la convocatoria de julio. Las encuestas lo demuestran. La intención de voto al Bloque no dejó de crecer en ningún momento, y lo hizo al mismo ritmo en que su cabeza de cartel iba colocando un discurso moderado y constructivo, muy pegado a la realidad y sin apenas concesiones a maximalismos o dogmatismos.

Sin el factor Pontón, con otro candidato o candidata incluso menos conocido, el Bloque habría ganado igualmente unos cuantos escaños respecto a 2016. Estaba cantado que iba a pescar abundantemente en el caladero de un rupturismo en descomposición y por otro lado apenas iba a ceder espacio al PSOE. Sin embargo, la lideresa nacionalista y su equipo pueden atribuirse el principal mérito del "sorpasso" a los socialistas. Diseñaron y ejecutaron una estrategia enormemente eficaz centrada en las fortalezas de la candidata, una mujer a la vez joven y veterana, muy motivada y decidida a poner en práctica sus propuestas concretas, en clave de país, para enfrentar los grandes retos y resolver los principales problemas que afectan al común de los gallegos. Todo ello en un tono enérgico pero tranquilo, sin descalificaciones y tendiendo la mano al diálogo y a los pactos. 

Los blocólogos más conspicuos han coincidido a la hora de destacar que Ana Pontón logró transmitir la imagen de una dirigente con perfil propio, con carisma, seria y solvente,  sin estridencias ni histrionismos. Y sin soberbia.  Polítologa de formación y con una larga experiencia política, hábil comunicadora, demostró un gran dominio del escenario mediático (los medios tradicionales jugaron a su favor, para desinflar al PSOE y apuntillar a las "mareas") y evidenció una extraordinaria habilidad a la hora de colocar sus "píldoras" de cada día, con mensajes convenientemente dulcificados, obviando las aristas del programa electoral que podían espantar a los votantes menos fieles. Está por ver si es capaz de afianzar esos apoyos sin acabar defraudando a los que siguen creyendo que el Bloque no puede renunciar a sus esencias por puro tacticismo cortoplacista, por un quítame allá unos cuantos miles de votos... o media docena de escaños. @mundiario