Buscar

El asunto del Rosario de A Coruña trasciende el error de coordinación

El alcalde de A Coruña olvidó hace tiempo que la representación legal y política no coincide con la sociológica y debe respetar las tradiciones centenarias de la ciudad como sus antecesores.

El asunto del Rosario de A Coruña trasciende el error de coordinación
Dos modelos de alcalde: Paco Vázquez –en la ofrenda al Rosario (recuadro)– y Xulio Ferreiro.
Dos modelos de alcalde: Paco Vázquez –en la ofrenda al Rosario (recuadro)– y Xulio Ferreiro.

Firma

Fernando Ramos

Fernando Ramos

El autor, FERNANDO RAMOS, es columnista de MUNDIARIO. Es doctor en Derecho y en Ciencias de la Información. Es profesor titular de la Universidad de Vigo y periodista. Autor de 25 libros sobre temas de Derecho de la Comunicación, Protocolo y Comunicación institucional, es profesor invitado en diversas universidades de Europa y América. Está en posesión de diversos premios como periodista. El Ministerio de Defensa le otorgó la Cruz al Mérito Militar con distintivo blanco como historiador militar. @mundiario

Aunque el asunto lo ha llevado mal, cuesta creer que el alcalde de A Coruña, Xulio Ferreiro, diera personalmente la orden de retirar la alfombra floral del Rosario, si bien sus explicaciones sobre el asunto no han sido precisamente convincentes ni satisfactorias, máxime cuando el comité de empresa y el sindicato mayoritario de los trabajadores de la limpieza, el STL, afirmaron ayer que los operarios quitaron la alfombra floral del Rosario tenían “órdenes claras e inequívocas» de sus superiores”.

El STL incluso hizo pública una captura de pantalla de la PDA del capataz, en la que se puede leer “retirada alfombra floral”, sin limitar esa labor a la limpieza de los restos de la confección de la misma, como había solicitado la Asociación Cultural Faro de Monte Alto, que confecciona la ofrenda a la patrona de la ciudad, la Virgen del Rosario.  Esto es, alguien dio la orden. ¿Quién? El problema es la postura que se mantiene desde el Ayuntamiento en cuento no ya a la falta de apoyo, sino de hostilidad a determinadas tradiciones de la ciudad.

O sea, que tanto el alcalde, Xulio Ferreiro, como la concejala de Medio Ambiente, María García, a pesar de sus disculpas y lamentos han quedado en una evidencia desfavorable. Pero aparte de este episodio, el asunto tiene otra lectura. Por lo pronto, los de la contrata de Podemos en A Coruña han saboreado esa medicina populista que tanto les agrada y que dio lugar a la crispada concentración de vecinos. Y en lugar de aceptar con humildad, el error, Ferreiro culpó de la reacción popular, ¿cómo no?, a otros, a los que “intentan incrementar a crispación con motivo de la campaña electoral”. El mismo tipo que salió a la plaza de María Pita blandiendo el bastón de alcalde como trofeo se ha bañado en las mismas aguas, pero de otro río.

Insisto, más allá de la anécdota, está la categoría del hecho de un alcalde y un gobierno que ha pretendido borrar elementos esenciales de la historia colectiva de la ciudad de A Coruña, sin entender que determinadas tradiciones, pese a su origen religioso, forman parte del entramado sociológico de la comunidad. La devoción a la Virgen del Rosario procede nada menos de tiempos de los ataques del corsario Drake, en el siglo XVI, bajo cuya advocación se puso la ciudad. Y una de esas tradiciones era la ofrenda anual que realizaba la corporación municipal y que Paco Vázquez esmeraba y que ahora se ha suprimido en cuanto a presencia oficial.

Como otras veces he citado, al alcalde de A Coruña, como otros de sus ideas, les falta darse cuenta de que una cosa es la representación política que ostenta de los que piensan como él, o la representación legal, del proceso que lo llevó a la alcaldía, pero eso no supone, como es evidente, que ostente la representación sociológica del conjunto de la ciudadanía. Por eso, como advierte el profesor Sartori, debe ser respetuoso con todas las sensibilidades y no trasladar sus propios prejuicios a la representación pública. Y en este caso se pone como ejemplo un reciente alcalde comunista de Roma que asistía a los actos del 8 de diciembre en la plaza de España, cuando los bomberos colocan flores en el obelisco coronado por la Inmaculada Concepción o iba a Vaticano a actos oficiales cada vez que era convocado.

En esa misma línea se inscribe el hecho de que los alcaldes de A Coruña o Santiago hayan dejado de asistir representando a sus ciudades, es decir, a todos sus ciudadanos, a la Ofrenda del Reino de Galicia en la catedral de Lugo, es decir, trasponiendo sus ideas sobre un acto histórico que trasciende de su carácter religioso para enmarcar la propia visibilidad de Galicia como entidad histórica. @mundiario