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Abanca no solo no está en venta, sino que demostró que quiere seguir expandiéndose

El banco de Escotet dispone de una doble protección ante un eventual rebrote del proceso de fusiones en el sector financiero. No opera en el mercado bursátil –por tanto no puede ser opado hostilmente– y su nivel de solvencia es de los más elevados. Tampoco anda nada mal de liquidez.

Abanca no solo no está en venta, sino que demostró que quiere seguir expandiéndose
Juan Carlos Escotet, el líder de Abanca.
Juan Carlos Escotet, el líder de Abanca.

Abanca puede seguir bailando sola. Aunque la marca tiene ya más de seis años, para muchos gallegos, sobre todo los mayores, sus clientes más fieles, Abanca sigue y seguirá siendo "a caixa", la caja, su caja. La plena identificación de la entidad con el territorio y viceversa es una de las grandes fortalezas del banco de Juan Carlos Escotet, como sabe muy bien el banquero hispano-venezolano. Y que su clientela siga creyendo que Abanca ha heredado de algún modo lo bueno de las extintas cajas de ahorros es otro activo intangible muy valioso y que explica que a día de hoy mantenga en Galicia una envidiable cuota del negocio bancario, una posición netamente hegémonica y ventajosa que sus más potentes competidores o no tuvieron nunca o perdieron hace tiempo en las zonas geográficas de donde son originarios. Por eso, desatado un nuevo proceso de fusiones e integraciones, para los grandes bancos españoles "el nuestro" es una pera muy golosa. 

A día de hoy Abanca está muy bien posicionada entre los pocos bancos medianos que van quedando en España. En los primeros cinco años de su existencia pasó de la necesidad de sanearse para sobrevivir a un proceso de crecimiento constante, pero prudente, a base de compras. Primero se hizo con Popular Servicios Financieros, para después adquirir la filial portuguesa del Deutsche Bank, el Banco Caixa Geral y últimamente la vasca Bankoa, que estaban en manos francesas. En medio de esas operaciones hubo más de un intento de absorber a Liberbank o quedarse con la portuguesa Eurobic, que no fructificaron, pero que dejaron bien claro hasta hoy  al conjunto de sector que Abanca no solo no está en venta, sino que quiere seguir ampliando su negocio, ganando tamaño y expandiéndose, sin marcarse límites, aunque sin arriesgar más de la cuenta.

Sin embargo, algunos expertos creen que la absorción de Bankia por Caixabank ha sido como un golpe en la mesa del sector financiero que provocará nuevos movimientos de las piezas que quedan sueltas, sobre todo de las que ni son grandes ni son pequeñas, que es el caso de Abanca. El mercado bancario se estrecha, con el riesgo de ahogar a aquellos que no alcancen el tamaño ni dispongan de la fortaleza necesarios para al menos sobrevivir por un tiempo, hasta que amaine la tormenta. Puede que lo que estuvo haciendo Escotet durante los últimos años haya sido precisamente preparar su banco para el actual cataclismo, que antes o después se iba a desatar y que tal vez la gravísima crisis del Covid-19 ni hizo sino precipitar. 

Para conjurar el riesgo de ser depredado, Abanca dispone de una doble protección. No opera en el mercado bursátil –por tanto no puede ser opada hostilmente– y su nivel de solvencia es de los más elevados, unos mil cien millones de euros por encima de los requerimientos legales. Tampoco anda nada mal de liquidez, empezando por la que le aportan los depósitos de su fiel clientela, sobre todo la gallega, a la que la propia dinámica expansión de la entidad aporta un plus de confianza muy agradecer en tiempos convulsos. Eso no significa que vaya a quedarse necesariamente al margen de la nueva ola de fusiones alentada por el Banco de España y las autoridades comunitarias. Puede que Abanca participe en el baile, pero lo hará porque quiera o le interese, porque encuentre una buena pareja, no por necesidad. En ese caso, estaría en condiciones de marcar los pasos. Y si no, seguirá bailando sola. @mundiario