20-O, el sorpasso de las derechas que cambió la historia

Cartel electoral de AP con el candidato por Lugo y Manuel Fraga. /  Mundiario
Cartel electoral de AP con el candidato por Lugo y Manuel Fraga. / Mundiario
Aunque el candidato a la presidencia de la Xunta era Gerardo Fernández Albor, la campaña de Alianza Popular, sustanciada en el exitoso lema Galego coma ti, la protagonizó Fraga.
20-O, el sorpasso de las derechas que cambió la historia

Aquellas primeras elecciones gallegas del 20-O las ganó Fraga. Fue la primera y probablemente, vista en perspectiva, la más trascendente de sus victorias electorales. Aunque el candidato a la presidencia de la Xunta era Gerardo Fernández Albor, la campaña de Alianza Popular, sustanciada en el exitoso lema Galego coma ti, la protagonizó el León de Vilalba. Se calzó las botas de siete leguas, recorrió durante semanas aquella Galicia invertebrada, pueblo a pueblo, y se dejó ver, solo o en compañía de Albor, en muchas aldeas a las que se accedía entonces por caminos y corredoiras casi intransitables. Fue una campaña intensa y extensa que aún hoy sigue siendo objeto de análisis por los expertos en márketing político. Su elevado coste se vio de sobra compensado por los resultados que arrojaron las urnas. La jornada electoral del 20 de octubre de 1981, de la que ahora se cumplen cuarenta años, se saldó con la inesperada derrota de la todopoderosa UCD, mucho más que un partido político, un entramado de poder institucional anclado en fórmulas caciquiles y clientelares que hundía sus raíces en el tardofranquismo.

Aquel seísmo sacudió los cimientos de la política española. Fue el primer gran hito en el declive del centrismo, que un año más tarde firmaría su acta de defunción con la mayoría absoluta del PSOE de Felipe González. Por obra y gracia de Fraga y Albor –y con Xosé Luis Barreiro en la sala de máquinas–, el inesperado triunfo de AP convertía a Galicia en la primera y única nacionalidad histórica, con idioma propio, que no sería gobernada por un partido nacionalista. El pacto de investidura de los aliancistas con lo que iba quedando de UCD dejó en manos de unas derechas no muy bien avenidas la construcción del autogobierno gallego, que tuvo como principal referencia Cataluña. El entramado institucional y la  estructura político-administrativo se copiaron en gran medida del modelo catalán. El resto fue improvisión.

Fue en Galicia donde la derecha, más que unificarse, mudó de piel. Se refundó. Aquí empezó a fraguarse aquella mayoría natural con la que soñaba Fraga, en un proceso un tanto traumático que requirió casi una década y que no concluyó hasta que el veterano político vilalbés, tras renunciar definitivamente a su sueño de gobernar España, decide aterrizar en su tierra, a principios de los años noventa. Por el camino quedaron muchos cadáveres e interesantes experimentos políticos, algunos reeditados con éxito décadas después. Y es que Aznar nunca habría alcanzado La Moncloa si el PP gallego no le hubiera mostrado el camino atrayendo a los restos de aquella UCD transmutada en Coalición Galega, Centristas de Galicia y otras hierbas para configurar una fuerza de amplio espectro ideológico que iba del liberalismo reformista al conservadurismo puro y duro, incorporando un regionalismo más cultural y folclórico que identitario o reivindicativo.

En la batalla electoral del otoño de 1981 quedó claro que el progresismo, tanto de izquierdas como nacionalista, fragmentado y en permanente catarsis, se enfrentaba ya por entonces a una derecha dopada. Sobre todo UCD, pero también AP, contó con el apoyo explícito –incluso contante y sonante– de poderes fácticos como el empresariado, la iglesia y una parte de la prensa local, que no se molestaron ni siquiera en aparentar una mínima neutralidad. La patronal gallega tomó parte abiertamente en la batalla política ante el temor más que fundado de que Galicia cayese en manos izquierdosas, porque en el ambiente ya se intuía que el PSOE tenía todas las de ganar en la siguientes elecciones generales. No todos los días cambia el curso del Amazonas.  Sin aquel sorpasso de AP a UCD y, sobre todo, sin primer el gobierno conservador de Albor es probable la historia de este país hubiera sido muy distinta, aunque no necesariamente mejor. Vaya usted a saber. @mundiario

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