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Jove, el ebanista que cinceló un gran imperio inmobiliario

Si por algo Manuel Jove pasará a la historia económica de Galicia y de España es por una operación sin precedentes, que dio mucho que hablar y acabó en los tribunales.
Jove, el ebanista que cinceló un gran imperio inmobiliario
Manuel Jove. / Mundiario
Manuel Jove. / Mundiario

No empezó triunfando precisamente. En eso, entre otras cosas, se diferencia de Amancio Ortega, el creador del imperio Inditex. A Manuel Jove no le fue bien en los negocios desde el principio. Su primera iniciativa empresarial, más bien modesta, fue una compañía de reformas que acabó quebrada, al igual que Fincas Galicia, su primera gran aventura inmobiliaria, con la que puso en pie la urbanización de Os Tilos, un centro residencial y de servicios en la periferia de Santiago, pionero en su género. Los problemas de financiación casi le llevan a la ruina, pese a lo cual, a base coraje y un gran fe en sí mismo, logró saldar sus deudas y salir fortalecido. A la tercera fue la vencida. A comienzos de los ochenta creó Edificaciones Coruña, Edicosa, germen de Fadesa, con la que se erigió en el gran promotor inmobiliario y acabó amasando una de las grandes fortunas de España hasta el punto de aparecer, año tras años, en lo más alto de la lista de Forbes.

Nacido en una carpintería familiar coruñesa, de vocación ebanista, siempre tuvo madera de triunfador. La trayectoria de Fadesa es materia de estudio en las facultades de Empresariales y en las escuelas de negocios. Gracias a la intuición a Jove, y al calor del bum del ladrillo, la promotora con sede en A Coruña se convirtió en uno de los referentes del sector de la construcción en España. De pelotazo en pelotazo, aquel joven que había emigrado a Alemania con una mano delante y otras detrás, creó un imperio inmobiliario que no conocía fronteras. La salida a Bolsa de Fadesa le convirtió en millonario, de los que tienen avión propio y la vida más que resuelta para varias de las generaciones que le sucedan. Cuando surcaba el cielo de un éxito empresarial que parecía no tener límites una desgracia familiar le devolvió bruscamente a la tierra. La muerte repentina de su hija mayor y heredera natural fue un mazazo terrible, después del cual entendió que debía dar un giro a su vida y dedicar menos tiempo a los negocios y más a sí mismo y a su familia.

Pero si por algo Manuel Jove pasará a la historia económica de Galicia y de España es por una operación sin precedentes, que dio mucho que hablar y acabó en los tribunales. Se deshizo de Fadesa justo antes de que se pinchara la gran burbuja inmobiliaria, que seguramente le habría arruinado para siempre. Se la vendió muy cara a Fernando Martín, otro de los reyes del ladrillo. A pesar de los consejos de sus asesores, que le animaban, Jove se lo pensó mucho antes de aceptar la generosa oferta que le pusieron sobre la mesa, 2.200 millones de euros, una cifra astronómica gracias a la cual entró en el capital del BBVA como el mayor accionista particular, una participación de la que acabó deshaciéndose para retomar las inversiones inmobiliarias, sin renunciar a otras incursiones en las energías renovables, la moda, los hoteles, etc. Como es sábido, Martinsa-Fadesa protagonizó el mayor concurso de acreedores de la historia de España, con una deuda de siete mil millones de euros.

No todo el mundo recordará cariñosamente a Manuel Jove Capellán. Su trayectoria tiene algún fiasco con víctimas colaterales. Fadesa promovió en Miño una ciudad fantasma, una macrourbanización de lujo, con mil y pico viviendas, un hotel, un centro comercial, un campo de golf y un puerto deportivo. Una promoción que bordeando la legalidad acabó en un desastre, que alcanzó a centenares de personas, entre propietarios de terrenos, compradores de chalés, pequeñas empresas, y el propio ayuntamiento. Claro que el fracaso final es imputable a Martinsa, que quebró antes de culminar el proyecto, que ha quedado como uno de los símbolos del fracaso de aquella España que fio su prosperidad al cemento y al ladrillo, el paradigma de la economía especulativa que hace ricos a unos pocos, como Manuel Jove, a costa de la ruina de muchos otros que no ven venir el toro o no saben torearlo. @mundiario