El efecto Kleenex: te uso y luego te tiro
¡Ey Tecnófilos!
Hablemos hoy del "Efecto Kleenex": una tragicomedia de la astucia humana que se despliega en los escenarios más insospechados, desde los pasillos de las empresas hasta las redes sociales, donde el arte del engaño se viste de seducción. Este fenómeno, tan viejo como la habilidad del hombre para respirar y tan actual como el último modelo de smartphone, nos muestra cómo algunos individuos pueden ser tan desechables en sus relaciones como un pañuelo de papel.
Imaginemos la escena: ahí está el "Coruñita" de turno, acechando en la jungla de concreto y cristal, o en la vasto sabana digital, con la paciencia de un monje y la astucia de un zorro. No es el lobo de Wall Street, no, es más bien el gato de la calle de tu oficina, que se acerca con sigilo, maullando halagos y ronroneando promesas.
El "Efecto Kleenex" se manifiesta en aquellos que, como el papel higiénico en tiempos de pandemia, parecen indispensables al principio, pero están destinados a ser descartados tras su uso. Son expertos en el arte del camuflaje emocional, se presentan como aliados, como amigos, como admiradores, pero en el fondo, solo buscan una cosa: tu conocimiento, tu dinero, tu red de contactos... tu alma empresarial, si es que están particularmente ambiciosos.
Y cómo no reconocerlos, si su juego es siempre el mismo. Primero, la calma, el silencio, la nada. No están cuando el barco se hunde, no, ellos son los primeros en saber cuándo el capitán ha logrado enderezar el timón. Entonces comienza la danza: un 'like' aquí, un 'comentario' allá, y de repente, ¡zas!, un mensaje directo que parece sacado de una novela de Jane Austen por su cortesía y encanto.
Pero no nos dejemos engañar, queridos tecnófilos, porque aquí es donde la comedia se torna en drama. El "Coruñita" no ha venido a jugar, ha venido a cazar. Y tú, con tu generosidad de empresario y tecnólogo, podrías ser el festín que está buscando. Te hablarán de colaboraciones, de oportunidades únicas, de intercambios que son más desiguales que un duelo entre un smartphone y una máquina de escribir.
La clave está en la prevención, en saber que, como en la tecnología, no todo lo que brilla es oro, y que a veces, detrás de una pantalla táctil puede haber un lobo con piel de cordero. O en este caso, un "Coruñita" con piel de influencer.
Así que, ¿cómo protegernos de ser víctimas del "Efecto Kleenex"? Primero, manteniendo los ojos bien abiertos y el escepticismo a mano. Segundo, recordando qué en el mundo del emprendimiento y la tecnología, como en la vida, lo que no se mide no se controla, y lo que no se controla no se puede optimizar. Y tercero, no olvidando que la tecnología, esa maravillosa herramienta que nos hace más competitivos, también nos da el poder de bloquear, de silenciar y de decir "no, gracias".
En conclusión, el "Efecto Kleenex" es un recordatorio de que, en el mundo de los negocios y las relaciones personales, siempre habrá quienes quieran aprovecharse de la buena voluntad de los demás. Pero con un poco de humor, mucha astucia y una pizca de desconfianza saludable, podemos evitar ser usados y luego tirados como un simple pañuelo de papel. @mundiario
¡Se me tecnologizan!