Las conservas de atún encabezan el consumo de todos los productos pesqueros del mundo

Atunes. / Pixabay
Atunes. / Pixabay

Análisis de las distintas apuestas empresariales de los túnidos en el mercado mundial.

Las conservas de atún encabezan el consumo de todos los productos pesqueros del mundo

El conjunto de las capturas mundiales de túnidos comerciales alcanzan los 5 millones de toneladas, equivalente al 5,5% de las capturas de pesca mundiales. Durante el periodo 1960-1990, el crecimiento anual fue del 7%; entre 1990-2000, se ralentizó al 3,3%; y para la fase entre 2000-2015, quedó establecido en el 2,5%. Su consumo está estimado en 0,45 kg/habitante/año, es decir el 2,2% del consumo mundial de pescado. Casi la mitad de sus capturas (46%) se intercambian en los mercados mundiales, constituyendo el cuarto producto pesquero más comercializado. En términos de comercio internacional, representan el 9% del valor de las exportaciones totales de pescado, siendo las terceras más relevantes, después del salmón (14%); gambas (15%) y los pescados blancos (10%). (Potts et al, 2016).

La industria atunera constituye uno de los subsectores pesqueros más complejos y más dinámicos del sistema mar-industria mundial. Sus cifras de negocios se estiman en más 33.000 millones de dólares (alrededor del 24% del total mundial) (MacFadyen, 2016). Las conservas de atún son el producto más consumido de todos los productos pesqueros del mundo, al punto de que el 75% de las capturas van destinadas a las conservas, preferentemente el listado y el rabil.

Los túnidos abarcan a varias especies, de las que siete son las principales en lo que concierne a su demanda y consumo mundial: el listado (Katsuwonus pelanis); el rabil o yellowfin (Thunnus Albacores); el patudo (Thunnus Obesus); el atún blanco (Thunnus alelunga); el atún rojo del Atlántico (Thunnus Thynnus); el atún rojo del Pacífico (Thunnus Orientalis); y el atún rojo del sur (Thunnus maccoyii). Se pescan mayoritariamente bajo tres formas diferentes: la modalidad del cerco (67% de las capturas), con barcos grandes con elevado nivel tecnológico; con las técnicas de palangre (11% de las capturas), mediante barcos con equipamientos que permiten la congelación y preparados para el transbordo; y con embarcaciones con caña (8% de las capturas), para el ejercicio de pesca selectiva. Las capturas han ido en aumento y se localizan preferentemente en el Pacífico Oeste (54%), seguido del Océano Indico (20%), Pacifico Este (14%) y Atlántico (12%).

Las principales especies son el listado (58%); rabil o aleta amarilla (27%); patudo (8%) y atún blanco (5%). En términos de capturas, Indonesia (653 millones de Toneladas) encabeza el ranking de desembarcos, seguida de Japón (426), Filipinas (387), Taiwan (358), España (320), Corea (318), Estados Unidos (316) y Ecuador (277). Los principales mercados y destinos industriales son la Unión Europea (700,000 Tns); Estados Unidos (400,000 Tns); y Japón (100.000 Tns); aunque comienzan a emerger ciertos países del Medio-Oriente y países norteafricanos, como Egipto y Libia (ISSF,2019).

La mayor parte de los barcos pertenecen a grandes grupos industriales o grupos de inversores

Varias compañías dominan el mercado mundial. La mayor parte de los barcos pertenecen a grandes grupos industriales o grupos de inversores. Dicha concentración es consecuencia de otorgar gran importancia a los costes fijos, que alientan la integración vertical y que permite a las empresas desarrollar estrategias con el propósito de disminuir los costes de producción y poder garantizar el aprovisionamiento y suministro de oferta. De ahí, la relevancia que poseen, en esta actividad, los factores de la deslocalización que junto a una mayor presencia internacional y a las continuas inversiones en áreas próximas a los recursos y con mejores opciones a las posibilidades de acceso a los stocks pesqueros, constituyen los elementos claves de las recientes dinámicas empresariales expansivas. A modo de ejemplo, tres compañías (Itochu, Trimarine y FCF) captan el 30% de atún capturado a escala mundial destinado a las conservas; suministrando las mencionadas compañías el 80% de las necesidades de materia prima de los conserveros tailandeses (los primeros productores del mundo), en la medida que no disponen de flotas propias y dependen de los aprovisionamientos de terceros. (Hamilton et al, 2011). La especialización de dichas empresas responde a un patrón diferente. El análisis muestra que Itochu, japonesa, plantea un modelo diversificado con varios sectores de actividad; Tri Marine, norteamericana, opta por una integración vertical extendiendo sus actividades al conjunto de los túnidos y con una presencia global en los mercados europeos; y FCF, taiwanesa, controla el mayor volumen de capturas del mundo y se centra en exclusiva en el negocio del atún. (Lecomte et al, 2017; Havice & Campling, 2018). Por tanto, es fácil diferenciar dentro de las estrategias empresariales cuatro tendencias singulares: a) de crecimiento; b) de seguimiento; c) de comportamiento; y d) de posicionamiento; en la medida que los parámetros básicos están referidos a la calidad, a la diversidad, al equilibrio nutricional y a la generación de empleo.

Los precios de los túnidos se mantienen en valores casi uniformes, a nivel mundial, pero se caracterizan por poseer una alta volatilidad, muy semejante a la que registra el precio del petróleo (Lem, 2016). El rol de las sociedades conserveras de atún consiste en adquirir la materia prima a las unidades de producción y coordinar el transporte hasta las fábricas de conservas. Se busca incrementar la eficiencia de las cadenas de aprovisionamiento de los túnidos y canalizar a los operadores sus economías de escala en lo tocante a la actividad pesquera y a los aspectos administrativos, financieros y logísticos.  Las conserveras son, pues, el elemento clave en el sistema de negociación de precios y constituyen el pilar fundamental de la industria y de la cadena, dominando, en consecuencia, los principales mercados de consumo (Österblom et al, 2015). 

El mercado de atún en conserva se caracteriza por una estructura un tanto oligopolística

El mercado de atún en conserva se caracteriza por una estructura un tanto oligopolística. Las compañías mundiales más significativas están distribuidas entre los principales países productores, apreciándose en los mismos un elevado nivel de concentración. De la misma forma, en lo que se refiere a la facturación, las empresas Dongwon, Thai Union Group y Century Pacific Food, representan el 47% del total por ingresos de ventas.

En el siguiente cuadro se recogen las principales empresas mundiales en lo que tocante a la producción de conservas de túnidos, sobresaliendo aquellas localizadas en Estados Unidos, Ecuador y Brasil, en lo que respecta al continente americano; las españolas e italianas, para el caso europeo; las coreanas, tailandesas, japonesas y taiwanesas, implantadas en el continente asiático; las árabes, en Oriente Medio, y las ubicadas en Mauricio, en el Océano Indico.

Empresas atuneras. / Mundiario

Fuente. Elaboración propia.

Escudriñando las tendencias y características más singulares, los principales grupos empresariales destacan por los siguientes rasgos: a) la mayor parte de las empresas buscan valorizar el capital y, en base a la nueva arquitectura financiera, emergen la presencia de los fondos de inversión en el accionariado de las empresas. Por tanto, sus estrategias podrían estar manejadas para ejercen el control de la producción y de los mercados a partir de las redes financieras; b) se asiste periódicamente a una modificación sustancial de los modelos de negocio, basados preferentemente en la reducción de los costes para que las empresas sean cada vez más atractivas a los inversores; c) hay una especie de “revancha del territorio”, relacionada con la proximidad a los recursos pesqueros y a la disponibilidad de mano de obra con especificidad propia para el ejercicio de la pesca; d) sobresale mayormente la relevancia que posee la evolución de los precios internacionales de las commodities y, en consecuencia, de su traslación a los niveles de demanda; y finalmente, e) destaca la preeminencia de objetivos financieros en la orientación de las decisiones económico-productivas.

En suma, se ponen de manifiesto tres grandes ejes sobre el discurrir económico de los grupos empresariales: una tendencia hacia la terciarización y servitización de las tareas pesqueras; en segundo lugar, la búsqueda de protocolos respecto a un arrendamiento de los mares y bancos de pesca, manifestados por las condiciones de acceso a los recursos pesqueros, como fórmulas de control y gestión, y, en tercer lugar, el desarrollo de un amplio e intenso manejo del capital por parte de terceros, dando pie a las dinámicas de deslocalización y relocalización territorial, con lo que se contribuye a agigantar las dinámicas de la globalización pesquera.

Transición hacia un nuevo modelo alimentario

Como corolario final, se observa una transición hacia un nuevo modelo alimentario. Se fundamenta, de una parte, en una generalización del modelo agro-industrial terciarizado dentro de un contexto de una amplia economía de mercado; y, de otra parte, la consolidación de modelos alternativos empresariales fundamentados en las relaciones de proximidad y en circuitos cercanos, bajo la hipótesis del reforzamiento de las políticas en favor de un desarrollo local equilibrado. En lo tocante al primero, destaca un conjunto de grandes empresas, vinculadas a sectores suministradores, de industrias alimentarias y de empresas logísticas y de distribución, que aseguran lo esencial de la producción y de la comercialización de los alimentos. El mercado resultante está preñado de fuertes campañas de publicidad y de un intenso lobbying de las propias empresas multinacionales, donde las cuestiones transversales en lo que concierne a los estándares de calidad, información al consumidor y fiscalidad, por ejemplo, permiten mostrar elevados niveles de control en lo que concierne a la gobernanza mundial alimentaria. Dicho de otro modo, en la medida que la sostenibilidad no puede ser jamás absoluta, resulta que son precisos modelos de control de los recursos que puedan ser gestionados, en la medida de los posible, por administradores directos que posean atribuciones sobre dichos derechos.

En el segundo modelo, predominan las empresas de dimensiones reducidas (son preferentemente micro y pymes) que poseen limitaciones en lo tocante a sus capacidades, ya sea expresados en términos de capital, ya sea en lo que respecta a mercados. Dichas empresas poseen dificultades para acudir a los mercados financieros tradicionales y adoptan estatus jurídico clásicos (como sociedades anónimas). Hay un claro predominio de las empresas familiares, de tamaño reducido y con tecnologías adaptadas a los formatos de producción pequeña. Las formas organizativas se caracterizan por una compartición de tareas y de competencias; y se mueven por un circuito de redes de empresas al objeto de reducir los costes para poder beneficiarse. No están contempladas las economías de escala, medidas en la misma proporción que en el anterior caso, como en los supuestos de las industrias agroalimentarias. En estos ejemplos se apuesta por la gestión comunal y donde las tomas de decisión deben ser lo más participativas, abiertas y democráticas sean en el seno de dichas comunidades.

Más del 70% del planeta está representado por el mar, que desempeña un rol importante para determinar las actividades de tierra

En suma, más del 70% del planeta está representado por el mar, que desempeña un rol importante para determinar las actividades de tierra. La presión continuada de la pesca hace que algunos stocks de peces disminuyan y otros se encuentren en una situación crítica. Ello posee una diversidad de efectos. Desde los que afectan a la diversidad genética, a la capacidad de reproducción y al desmembramiento de las cadenas alimentarias; hasta los que inciden en la pérdida de rentas, empleo y especialización territorial; pasando por las consecuencias directas en lo que atañe a la seguridad alimentaria y a la pérdida del potencial de la economía azul.

Algunas reglamentaciones pesqueras están contribuyendo a la desposesión de ciertas posibilidades de pesca a las poblaciones ribereñas y costeras de su medio de subsistencia, de sus modos de vida, incluso de sus identidades culturales en provecho de las lógicas de mercado, del interés de la industria pesquera y de los sectores inversores. Esto es, se habla de un acaparamiento de los mares. Dicho nuevo reparto y dicha nueva dinámica de acaparamiento de los mares es una nueva forma de acceso desequilibrado, afirma O. de Schutter (2014). Las prácticas reglamentistas de la mayor parte de los países están en favor de una forma de privatización de la gestión de los mares, bien sean a favor de los derechos de pesca o de las cuotas individuales transferibles. En ambos casos, conducen a una concentración y polarización empresarial. Los casos de Islandia, Chile, Dinamarca o Sudáfrica son buen ejemplo de ello.

Las empresas van tomando progresivamente el control de los recursos pesqueros. La mayoría de ellas están cada vez más relacionadas con cadenas de producción. Las principales commodities pesqueras son las principales afectadas por dichas tendencias. No escapan a dicha dinámica las industrias del salmón, de los camarones de cultivo, y de los túnidos. Dicha concentración de la producción permite a las grandes empresas definir sus modelos de producción, a partir de la selección de especies y de las técnicas utilizadas. No hay duda, sostiene O. de Shutter (2014), de que dicho régimen mar-industrial, con un peso muy significativo de las multinacionales, modela y estimula la creciente demanda de ciertos productos de la pesca, ya sea en los países avanzados como en los países menos desarrollados. De ahí que al plantear una asignación de los derechos de pesca (acceso y posibilidades de pesca) se plantee la dicotomía de “privatizar o perecer”. O sea, en la actualidad, empiezan a tomar forma aquellas tesis que re-actualizan los planteamientos dentro de una economía privatizadora en el marco de un nuevo liberalismo (Mansfield, 2014).    

La industria pesquera está globalizada y es cada vez más competitiva; consolidando grupos empresariales que reúnan cuatro requisitos: capital; capacidad, eficiencia; y capacidad de management. Antes, el negocio era local y el capital se requería para las labores de procesado. Ahora, el mercado es global, y el capital es preciso para absorber y tomar posiciones en la búsqueda de valor de las acciones. En suma, las trayectorias están siendo condicionadas por la inversión, por la adaptación productiva en función de los recursos, por la ampliación de mercados no estacionales y por la gestión de la producción excedentaria. Aquí, radica el reto empresarial. @mundiario


Bibliografía

de Schutter, O. (2014). El potencial transformador del derecho a la alimentación. Informe presentado por el relator especial sobre el derecho a la alimentación. NNUU. Asamblea General. A/HRC/25/57.

Hamilton, A., Lewis, A., Mc Coy, M., Havice, H, Campling, L. (2011). Market and Industry Dynamics in the Global Tuna Chain. Honiara. Pacific Islands: Forum Fisheries Agency.

Havice, E., Campling, L. (2018). Corporate Dynamics in the shelf-stable Tuna Industry. Honiara.Solomon Island. Forum Fishing Agency.

ISSF (2019). Status of the world fisheries for tuna. March 2019. Technical Report 2019-07. Institute Seafood Sustainability Foundation. Washington DC.

Lecomte, M., Rochette, J., Lapeyre, R., Laurans, Y. (2017). Sustainable management of tune fisheries: a synthesis report. IDDRI.

Lem, A. (2016). Global Overview of tuna supply, trade, price, consumption and outlook. 14th INFOFISH World Tuna Trade Conference, Bangkok, may.

MacFayden, G. (2016). Estimate of global ales values from tuna fisheries-Phase 3. Report 1059 GBR/R/03//D. United Kingdom. Poseidon Aquatic Resource Management Ltd.

Mansfield, B. (2004). Neoliberalism in the Oceans: rationalization, property rights and commons question. Geoforum, 35, 313-326

Noël, J. (2013). La mondialisation des activités halieutiques: brève analyse géo-historique. [email protected], 109-1, 1-26.

Österblom, H., Jouffray, J-B., Folke, C., Crona, B., RTroell, M., Merrie, A., Rockström, J. Tsikliras, A. (2015). Transnational Corporations as ´keystone Actors´. Marine Ecosystems. PloS ONE 10(5), 1-15.

Potts, J., Wilkings, M., Lynch, McFatridge, S. (2016). Status of sustainability initiatives review. In Standards and the Blue Economy. Manitoba. Canadá.

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