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MUNDIARIO

Venezuela: ¿cómo el colapso del petróleo afecta a su economía y al régimen de Maduro?

La paralización de la energía que mueve al mundo ha puesto en jaque la capacidad de supervivencia de un país en el cual solo subsiste la economía alterna y desigual de la dolarización.
Venezuela: ¿cómo el colapso del petróleo afecta a su economía y al régimen de Maduro?
Solo por la presión de EE UU a Rusia, Maduro perderá $5.000 millones en ingresos y más de $15.000 millones por la pandemia / Univisión.
Solo por la presión de EE UU a Rusia, Maduro perderá $5.000 millones en ingresos y más de $15.000 millones por la pandemia / Univisión.

El actual ciclo biológico que ha reducido, reestructurado y desacelerado a la humanidad; la pandemia de coronavirus, ha dejado algo muy claro: ninguna economía en el planeta se podrá salvar del desbarajuste financiero y comercial que, sin precedente alguno, causará esta crisis sanitaria global con mayor intensidad después de que se diluya la propagación del virus. Y es que, por más que las naciones que controlan el sistema neocapitalista global traten de activar sus mecanismos para salvar las economías a pesar de la reducción poblacional masiva que tiene lugar en estos momentos en todo el globo, esta crisis económica mundial no tiene precedentes debido a que es la primera ocasionada por una pandemia de tal magnitud, pues la crisis financiera de 2008 y la Gran Depresión de 1929 fueron originadas por colapsos de los mercados, así como de la oferta y de la demanda en las poblaciones tenían subordinadas ante sus sistemas.

Pero en plena fase final de la segunda década del nuevo milenio, el sistema de vida moderno, que es el único mediante el cual subsiste, existe y se interrelaciona la sociedad humana en esto que llamamos ‘Aldea Global’, está puesto en entredicho por su pervivencia misma debido a que sin salud y sin vida, no hay economía que exista y funcione correctamente, lo que origina una nueva pandemia: la del desgaste socioeconómico de una buena parte de la población mundial. Uno de los territorios más económica y socialmente hostiles del planeta es hoy el centro de atención global por los efectos devastadores que podrían tener los daños colaterales de esta crisis sanitaria. En Venezuela, hoy llueve sobre mojado.

En la nación más geográfica, geopolítica y energéticamente privilegiada de toda América del Sur, el impacto económico de la pandemia es como echarle un bidón de gasolina a un voraz incendio que ha consumido el 50% de su producto interno bruto (PIB) desde que en 2013 llegó el ciclo de continuidad del proyecto político neocomunista instaurado por el caudillo populista Hugo Chávez; el que inicialmente fue un gobierno y con el transcurrir de la dinámica política se fue convirtiendo paulatinamente en el actual régimen de Nicolás Maduro, un sistema de poder similar al régimen chino; comunista en la retórica e ideología y agresivamente capitalista en la práctica interna de su cúpula.

Ya no hay vuelta atrás. El irreversible daño causado por la pandemia se traduce en que el planeta hoy está paralizado, no solo por el estado de inmovilidad, aislamiento y desaceleración de la globalización e interconexión social de la humanidad actualmente, sino también porque el mundo se ha quedado sin comprar, transportar y procesar la energía que lo mueve: el petróleo. Precisamente, ese es el preciado recurso mediante el cual aún trata de sostenerse financieramente el aparato de poder de Nicolás Maduro en Venezuela, pues si no hay retroalimentación financiera dentro de la cúpula, no hay control político sostenible y eso conllevaría a un colapso en la estructura de intereses, lealtades, apoyos y dominio territorial que el chavismo todavía mantiene de forma extendida sobre todo el territorio venezolano.

Petróleo, el talón de Aquiles de Venezuela

Al colapsar la industria petrolera mundial y detenerse la producción por el desplome de 30% en la oferta de crudo, no solo las demás industrias y cadenas de suministro global se detuvieron, sino que también se cerró aún más el grueso flujo de rentas que solía captar el gobierno de facto de Maduro y su para-Estado controlado a través de una compleja estructura de monopolios militares, empresariales y políticos, que son la base de su poder y su autoridad perenne en el país sudamericano.

El gran problema político es que, sin petróleo, no hay dólares ni euros que puedan alimentar el sistema de distribución de rentas que el régimen de Maduro controla para financiar la capacidad operativa y los intereses económicos de todos los rangos militares altos y medios, así como los de la élite castrense que está posicionada detrás de su autoridad de facto.

El propio Maduro lo dijo el pasado 28 de abril al reconocer que “Venezuela ha hecho mucho con poco y ahora con nada debido a la caída de los precios del petróleo”. Hoy, el barril de crudo venezolano, uno de los de mayor calidad a nivel mundial pero que ya no es cotizado por estar manchado con las sanciones financieras de Estados Unidos, promedia un ínfimo valor de apenas 9 dólares, lo cual lo sitúa por debajo de su costo de producción de 16 dólares.

Es decir, producir crudo en Venezuela es una actividad que ahora le genera pérdidas a la nación en lugar de ser la fuente del 96% de sus divisas (en efectivo) como solía serlo en la época de bonanza petrolero que adentró al país en un boom de consumo, crecimiento económico y desarrollo empresarial sin precedentes durante el período 2007-2012, cuando los precios mundiales del petróleo alcanzaron el espectacular nivel de 100 dólares por barril.

El primer golpe a la industria petrolera venezolana hasta propinarle un verdadero ‘knock-out’ este año fue el inicio de la guerra de precios entre los dos mayores productores mundiales de crudo después de EE UU; Rusia y Arabia Saudita, en medio de lo que empezó a ser en marzo pasado el desplome de la demanda por el confinamiento progresivo de 3.800 millones de personas en todo el mundo y paralizar la movilidad global por los sistemas de transporte terrestre y aéreo.

Según el economista y asesor financiero venezolano Leonardo Buniak, “esa situación obligó a Venezuela a ofrecer grandes descuentos para que su petróleo sea atractivo en el mercado, lo que ocasiona una pérdida de dinero para la economía del país, que depende principalmente del llamado oro negro”, comentó en una entrevista a la cadena estadounidense Voz de América.

Esto implica que incluso con un precio de 9 dólares por barril, el país tendría que, prácticamente, vender su crudo a un precio de hasta 5 dólares por barril o menos para incentivar a sus únicos tres clientes externos que están dispuestos a arriesgarse a evadir las sanciones de Estados Unidos para comprar el crudo venezolano: Rusia, China e India. Esas tres naciones importan petróleo del país sudamericano mediante rutas alternas de trasvase de crudo en el Atlántico y de ahí al Mar Báltico para Rusia lo lleve a China y a la India. El detalle radica en que, aunque esa estrategia se mantenga activada, Washington buscará bloquearla mediante sanciones colaterales a China similares a las que impuso sobre la estatal petrolera rusa Rosneft por ayudar al régimen de Nicolás Maduro, socio del gobierno de Vladimir Putin, a transportar y a vender su crudo.

Las descomunales pérdidas de Maduro

Con cálculos más precisos, la cesación parcial de las actividades petroleras rusas en Venezuela por la presión de EE UU le generan pérdidas a Maduro de 5.000 millones dólares, sumado a los USD16.000 millones que la estatal petrolera venezolana PDVSA ha perdido en los últimos tres años por la caída de su producción de 3 millones a 600.000 barriles diarios ante el déficit fiscal del Gobierno socialista en 20.000 millones de dólares, una deuda externa de 160.000 millones de dólares y la congelación de activos que la Administración de Donald Trump ha impuesto sobre la de Maduro desde 2018 por USD15.000 millones en el valor de su filial petrolera en EE UU Citgo, y 11.200 millones de dólares más en activos del Estado venezolano. A todo eso se le agregan los más de 5.000 millones de dólares que Venezuela tiene confiscados y represados en bancos corresponsales del sistema financiero internacional, que es controlado por Washington, más los USD342 millones transferidos desde una cuenta del Banco Central de Venezuela en el estadounidense Citibank a la cuenta de la Reserva Federal.

En total, la cantidad de fondos que el régimen de Maduro ha perdido desde 2017 alcanza los 52.542 millones de dólares, es decir, el 13% del valor de la economía venezolana, o lo que es lo mismo, su PIB, estimado en 400.000 millones de dólares y que este año perderá un 18% más hasta desplomarse a USD328.000 millones por la paralización aguda que la pandemia de coronavirus trajo a un país que ya estaba económicamente paralizado y dolarizado de facto con un 80% de pobreza de ingresos y un 40% de pobreza extrema.

Y tomando en cuenta que el petróleo venezolano es el que menos valor tiene hoy en el mundo, con un precio 9 dólares por barril, la demanda cero de su crudo podría significar pérdidas de 5.400 millones de dólares solo por el colapso de la industria petrolera global debido a la pandemia. 

"Estamos hablando de que los ingresos petroleros venezolanos van a bajar por debajo de los 10 mil millones de dólares (este año). Y eso no te da capacidad de resolver, porque tienes obligaciones con el exterior, importar bienes y servicios y aquí vale la pena comentar lo que hace (el presidente en disputa Nicolás) Maduro con lo poco que puede contabilizar. Está pagando sueldos y salarios a empleados públicos, utiliza el dinero para importar combustible y alimentos para entregar las cajas (de comida subsidiada) que le entrega a su base social clientelar”, explica Buniak.

Entonces, al dejar de administrar y percibir más de 52 mil millones de dólares, a Maduro le queda la vía del financiamiento por la exportación del oro que extrae ilícitamente de las bóvedas del Banco Central de Venezuela para vendérselo a Rusia y Turquía a cambio de enormes flujos de euros en efectivo ante el bloqueo que EE UU le impuso para hacer transacciones con dólares. Sin embargo, Rusia y Turquía están actualmente muy ocupados en sus crisis sanitarias y problemas económicos internos, pues la caída en la oferta petrolera rusa también afecta la compra de petróleo que Turquía cotiza a su aliado y vecino ruso, lo que provoca un colapso en la demanda de oro venezolano y concentra a esos dos clientes en la recuperación del mercado petrolero para reactivar las economías y las industrias rusas y turcas.

Alto impacto en la población

Por lo tanto, la pandemia de Covid-19 también podría estar a punto de dejar al régimen venezolano sin los jugosos ingresos de entre 570 y 1.000 millones de dólares (520 y 912 millones de euros, respectivamente) por exportación de oro de las arcas públicas del país, que son sus reservas financieras de emergencia, dilapidadas por el gobierno de facto de Maduro.

El oro no es el recurso mineral que mueve al mundo a pesar de que su precio se infle a los 1.703 dólares por onza. Es el petróleo, que hoy promedia solo 17 dólares (WTI) y 25 dólares (Brent) por barril. Así, el régimen de Venezuela se queda sin fuentes financieras y sin mercado, lo cual lo relega a un plano muy arriesgado y peligroso; seguir endeudándose con China y Rusia para conseguir dinero, a quienes les debe 67.200 millones y 20.000 millones de dólares, respectivamente.

El panorama es más incierto que nunca. Venezuela continúa sumida en un limbo político y económico mientras que el país está prácticamente restringido en los mercados de capitales y eso le impide acceder a fondos necesarios para financiar el sistema sanitario, empresarial, social, económico, comercial y educativo. Aun así, Maduro opta por seguir aferrado al poder y sostener su estructura de dominio y control sociopolítico hasta que el deteriorado sistema-país pueda soportarlo.

Entretanto, la nación petrolera se aísla más y su población permanece insertada en una dinámica de funcionamiento donde el 20% opera, se mueve y vive en un sistema cerrado de economía dolarizada con altos niveles de consumo frente al otro 80% que se mantiene al margen de esa sub-economía y se reduce en una espiral infinita de desgaste social por la hiperinflación (20.000%) de una primitiva economía mayoritaria cuya moneda oficial, el bolívar, ya es un elemento artificial, simbólico y en desuso.  La economía venezolana sigue mutando de una forma muy anómala. @mundiario