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MUNDIARIO

Urge corregir ya los actuales fallos de gestión de la pandemia

Que el personal y la administración sanitaria están haciendo esfuerzos enormes es indudable. Pero algo falla cuando se están generando tantas dudas razonables sobre las cifras reales, la gestión de la crisis y la política de comunicación.

Urge corregir ya los actuales fallos de gestión de la pandemia
Pedro Sánchez. / Pool Moncloa / Borja Puig de la Bellacasa
Pedro Sánchez. / Pool Moncloa / Borja Puig de la Bellacasa

Fernando Bruna

Profesor de economía.

En mi artículo anterior defendía que había que esperar a la realización masiva de tests para esclarecer las cifras y tomar decisiones fundamentas. Desde entonces he averiguado nuevas informaciones que ya no me hacen ser tan comprensivo.

¿Qué es un contagiado?

Decía en ese artículo que hasta que tengamos cifras de tests masivos no parece sensato divulgar cifras inciertas de contagiados. En realidad, esto no es correcto, como aprendí posteriormente. Es cierto que el problema de las cifras no es único de nuestro país, pero también que se pueden hacer las cosas mejor con poco coste y de forma más fiable.

Según el protocolo vigente de la Xunta de Galicia, se categoriza como “caso posible” todo enfermo que tenga los síntomas del coronavirus. Pero sólo se transmiten como cifras oficiales, sólo “se notifican”, los casos confirmados, aquellos verificados por los procedimientos actuales de test. Eso ya plantea un problema. Cuando un médico diagnostica una enfermedad, este diagnóstico pasa a las estadísticas como un caso de esta enfermedad, algo distinto a lo que ocurre con el coronavirus, que sólo se considera estadística oficial si el paciente realizó una prueba específica. Y resulta que no hay tests, al menos ahora, para todos, o personal sanitario que los realice en condiciones adecuadas. Así que eso se traduce en que no se considera que esos enfermos diagnosticados con coronavirus tengan oficialmente coronavirus, así como suena.

Hay un dicho que indica que si es "blanco y en botella, es leche”. En realidad, con todos los síntomas de coronavirus, una pequeña parte de los “casos posibles” al final pueden corresponder a gripe A u otros tipos de gripe, aunque, en general, los síntomas no son iguales. Pero eso no sería difícil de estimar a partir de una muestra: se podría estimar bastante fiablemente el porcentaje de “casos posibles” que al final se descarta como coronavirus. Al tiempo, sería más fácil de estimar el número de contagiados reales a partir del de “casos posibles”, en vez de a partir del actual número pequeño de casos confirmados. Así que, aún sin los cálculos matemáticos que usaban algunos estudios citados en mi artículo anterior, podríamos disponer de cifras bastantes certeras de contagiados, usando el número de “casos posibles”. Pero ese número nunca se ha hecho público.

Un fallo de libro en comunicación de crisis

Una de las reglas más básicas de la política de comunicación de crisis es la de la transparencia. Cuando se viola esta regla, las autoridades nunca más obtendrán credibilidad y, sin credibilidad, se perderá eficacia en sus políticas, además de que aumentará el coste emocional, social, económico y de salud.

Esta regla se basa en evidencias acumuladas durante decenios en distintos ámbitos (desastres ambientales como el del Prestige, accidentes nucleares...). Cuando no hay información oficial suficiente o fiable, la sociedad civil, en su enorme riqueza de habilidades y conocimientos, acaba buscando vías alternativas de información. Pero el coste de la pérdida de confianza es ya irreparable. Peor aún, una vez que la información oficial es deficiente, comenzarán a circular rumores falsos y bulos, que sólo empeorarán la situación.

Era evitable todo el debate sobre las cifras del que me ocupé en el artículo anterior. Llegaba con explicar adecuadamente las dificultades de los cálculos y esforzarse en conocer y divulgar los datos de “casos posibles”, así como su evolución. Y esforzarse también en la obtención, estandarización y análisis de estos datos de “casos posibles”. Pero no se ha hecho.

Y no sólo es un problema de datos, es de diseño de medidas prácticas

Una fábula científica nos cuenta que una persona que ha perdido las llaves de su casa en la calle las busca bajo una farola. Le preguntan si las ha perdido ahí y contesta: “No, pero es aquí donde tengo luz para buscar”.

Viene a cuento de que los datos son la farola, y las preguntas de investigación son las llaves perdidas. Quizás las preguntas relevantes sobre política sanitaria y epidemiología haya que hacérselas a los datos de “casos posibles”, pero como no se publican estamos buscando llaves bajo la farola de casos confirmados. Y eso que ya sabemos que los casos confirmados son menos de 60 mil y los casos reales se estiman en cientos de miles, como decía en mi artículo anterior.

También es un problema de seguimiento y tratamiento individualizado

Como el sistema no tiene ahora capacidad de hospitalización masiva, se priorizan los casos en grupos de riesgo. Hasta ahí bien. Pero a los que no están en grupos de riesgo no se les hacen los tests, ni se les hospitaliza, ni se les añade a las estadísticas de contagiados. De esta forma, quedan en sus casas. Pero como no son contagiados oficiales, tampoco se les somete a tutela individualizada. Simplemente se les abandona hasta que no empeoren. Es exactamente el modelo opuesto al alabado sistema de monitorización individual que tan buenos resultados dio y da en Corea del Sur.

Por tanto, en España, al centrarse sólo en la zona con luz de la farola, se olvidó que el problema era la pérdida de llaves. Esos contagiados en sus casas pueden no ser muy sintomáticos y no tener la conciencia suficiente para evitar otros contagios a familiares y conocidos. Tampoco se ha movilizado a los médicos de familia para que se distribuyan los “casos posibles” que les correspondan y hagan un seguimiento sistemático, vía telefónica o presencial. Tenemos esos recursos, un auténtico ejército de oficiales bien entrenados, los médicos de familia. Y no se han reordenado adecuadamente sus horarios. Nada, simplemente los “casos posibles” no constan más que en una ficha personal, para la cual no se ha diseñado ninguna política.

Y estar así, tras dos semanas en estado de alarma, es indignante. Hay decisiones que hay que tomar ya, y responsabilidades políticas que hay que pedir. @mundiario