Uber medita desprenderse de su cofundador y máximo jefe Travis Kalanick

Travis Kalanick, jefe de Uber. / Twitter
Travis Kalanick, jefe de Uber. / Twitter

La aplicación se quedó estancada tras cinco años de efervescente crecimiento y sus directivos buscan una salida para evitar correr el mismo destino que Twitter y Jack Dorsey.

Uber medita desprenderse de su cofundador y máximo jefe Travis Kalanick

El consejero delegado de Uber, Travis Kalanick, vive hoy por hoy sus momentos más difíciles tanto a nivel personal como profesional. El jefe de la aplicación de transporte privado perdió a su madre hace dos semanas en un accidente marítimo, del que su padre salió gravemente herido. Encima de eso, Kalanick debe lidiar con los pleitos que se le acumulan en su despacho, que van desde las renuncias descontroladas de muchos de sus hombres de confianza, hasta batallas legales presentadas contra su empresa e incluso despidos por acoso y discriminación en las sedes de la misma. Su puesto como mandamás de Uber se tambalea.

El consejo de administración de Uber tiene programada una reunión para este martes en la que probablemente suspendan de sus labores a Kalanick, cuando menos momentáneamente. La aplicación, con una valoración que se eleva a los 68.000 millones de dólares, tiene precisamente en su consejero delegado a su máximo accionista. Tal y como ya sucedió con Mark Zuckerberg y Drew Houston, jefes de Facebook y Dropbox respectivamente, los títulos a nombre de Kalanick hacen que sea casi imposible despedirlo de forma definitiva.

La semana recién pasada se hizo público un correo electrónico que data de 2013, cuando la aplicación inició funciones en Miami, Florida. Kalanick describía en este mensaje las instrucciones de comportamiento de quienes asistirían a la fiesta de inauguración, llegando a explicar las condiciones que debían cumplirse para sostener encuentros sexuales entre los presentes. El correo salió a la luz justo cuando la empresa es investigada por las autoridades estadounidenses por discriminación en sus oficinas, investigación realizada por Eric Holder, exfiscal general, y bajo la tutela de Arianna Huffington. El martes último despidieron a dos decenas de empleados tras comprobarse que los casos de acoso sexual y laboral estaban bien fundamentados. Al menos 30 más fueron apercibidos y deberán recibir una capacitación especial para mantener su puesto.

Uber lleva unos dos años amagando con salir a Bolsa. No obstante, sus frentes abiertos a nivel interno y externo han llevado a sus directivos a retractarse de la idea, al menos de momento. Sus egresos del último año motivan a pensar que lo mejor es recortar todos los gastos posibles. Ya en América Latina han decidido cerrar algunas oficinas, como las que tenían instaladas en Colombia, donde no obstante mantienen sus operaciones pese a que se quedaron solo con el despacho de Bogotá.

Las quejas por la caída de la calidad de su soporte se han multiplicado en toda América Latina, dejando espacio a Cabify para que empiece a ganar terreno en el mercado. Tras un lustro de crecimiento a toda marcha, Uber ya no superó la barrera de los 12.000 empleados y el millón y medio de conductores que están disponibles en la plataforma.

A ellos se agregan los pleitos con las autoridades locales. La empresa prefiere desembolsar grandes sumas de dinero en abogados a tomarse el tiempo de analizar y respetar las leyes reguladoras de tránsito. Su obstinación le ha representado serios problemas, como en Barcelona, donde iniciaron operaciones sin contar con las licencias respectivas. Mutaron para ser repartidores de comida, que dio lugar al proyecto Uber Eats. En su segunda etapa, luego de que Cabify despejara las tinieblas con las licencias VTC (Vehículos Turismo con Conductor), han logrado mantenerse bajo el radar de las autoridades.

Al no más nacer, Google les apadrinó como el nuevo niño prodigio de Sillicon Valley. Su fondo de capital de riesgo les proporcionó 200 millones de dólares para iniciar, en su ronda de capital semilla, cuando no eran más que un proyecto con mucho potencial. Pero en el verano pasado Uber se desvió de su propósito original y ahora tanto ellos como el buscador se enfrentan en los tribunales de San Francisco.

Anthony Levandowski, del equipo de Waymo, la rama de Google para su coche autónomo, abandonó la empresa para emprender Otto, una marca de camiones sin conductor. Con tan solo dos meses de vida, Uber la adquirió con el propósito de adueñarse de sus patentes y empleados de un mismo golpe. Google ya había sido advertido por sus proveedores de que los de Kalanick estaban aprovechando planos y diseños de su propiedad que Levandowski había tomado para sus propios fines, lo cual había propiciado su despido.

Pero a todo esto, en Uber no se adivina ningún posible sustituto, en parte porque no hay nadie que pueda cumplir con las demandas de semejante puesto. Hace apenas unos meses, la empresa buscaba a alguien para poner a la diestra de Kalanick, y ahora está sin director de operaciones. Emil Michael, director de negocio, se dio de baja de la empresa.

En los despachos de Uber se asoma el fantasma de Twitter, uno de sus vecinos en San Francisco. La red de los 140 caracteres se ha quedado estancada desde hace algún tiempo y Jack Dorsey, consejero delegado de la red en mención, no ha dado con la tecla para salvar a su barco. Dorsey ya fue expulsado de su puesto en su momento y decidió crear Square, una plataforma para pagos digitales. Posteriormente regresó a Twitter y compagina sus labores en ambas compañías, aunque como queda en evidencia, no lo está haciendo bien. En Uber quieren proceder con cuidado a fin de que la historia de los del pájaro celeste no se reproduzca en sus cuarteles.

La cabeza de Kalanick, en resumen, está en manos del consejo y su reunión de este martes.

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