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Sin turistas y sin margen de deuda, la salida de la crisis será más lenta en España

La mejoría de la crisis sanitaria –sin descartar la vuelta atrás– abre la ventana a una vida más normal en la calle, lejos todavía de poder vivir como antes. Y lejos también de que la economía funcione. ¿Toca ir pensando en ajustar el cinturón? ¿Habrá subidas de impuestos?

Sin turistas y sin margen de deuda, la salida de la crisis será más lenta en España
Una playa sin gente. / Steve Bidmead en Pixabay
Una playa sin gente. / Steve Bidmead en Pixabay

José Luis Gómez

Periodista. Editor de MUNDIARIO.

Una cosa es que se normalice la vida ciudadana y otra muy distinta que recupere su pulso la actividad económica; incluso aunque las empresas comerciales –hostelería, tiendas, etcétera– puedan abrir de manera paulatina. La vuelta a la normalidad tardará y, sobre todo, en España, por dos razones: su dependencia del turismo exterior y su escasez de recursos para afrontar esta crisis. Ambas cosas explican que países como Alemania se recuperen antes, y no solo por haber gestionado mejor la crisis sanitaria.

Un país como Alemania tiene una capacidad de endeudarse de la que España o Italia carecen, ya que su nivel de deuda pública es mucho más bajo y se lo permite. En cambio, los gobiernos de Madrid y Roma apenas tienen margen, de ahí que clamen –¿en el desierto?– por la ayuda europea, poco menos que a fondo perdido. En el caso español, lo que a menudo es una ventaja –el turismo– se vuelve a corto plazo un inconveniente, ya que por mucho que abran los hoteles, restaurantes y bares será poco menos que imposible que vuelvan al mismo ritmo más de 80 millones de visitantes.

No lo tiene fácil España, ni su Gobierno. La esperanza de que Europa preste su ayuda retrasa el anuncio de medidas de ajuste por parte del ejecutivo de Pedro Sánchez, pero no hace falta ser un premio Nobel de economía para intuir que las subidas de impuestos tendrán que combinarse con recortes de gasto público, ante la imposibilidad de tirar de la deuda de manera indefinida.

Si bien, como aconseja el profesor Emilio Ontiveros, es conveniente no ser concluyentes a estas alturas de la crisis, todos los expertos y servicios de estudios coinciden en que la caída del PIB andará en torno al 10%, para unos entre el -7% y el -8%, y para otros incluso en el -12%. Siempre, por cierto, que no haya vuelta atrás en el confinamiento. Otro encierro en casa a final de año duplicaría con creces la caída del PIB en Galicia, según el Informe de Coyuntura Socioeconómica del Foro Económico de Galicia que coordina el profesor Fernando González Laxe.

Sean cuales sean los porcentajes de caída del PIB, si se mueven a esos niveles, la destrucción de empleo será tremenda, como muchas otras noticias económicas. “No presten atención al Dow Jones; concéntrense en esos puestos de trabajo que están desapareciendo”, sugiere el premio Nobel Paul Krugman.

La ventaja que hay esta vez en la eurozona, frente a la crisis de 2008, es que el Banco Central Europeo hizo lo mismo que la Reserva Federal en aquella crisis y en la actual. De no actuar así ambos bancos centrales, dispuestos a comprar todo tipo de activos y a mantener los tipos de interés bajos, todo sería aún mucho peor.

El frente del BCE está mucho más despejado y asegurado –por las palabras de su presidenta, Christine Lagarde– que los de la Comisión Europea y del Consejo Europeo, donde la mano de Angela Merkel mece la cuna. La Bolsa no es la economía, como no se cansa de repetir Krugman, pero tampoco hay que menospreciar sus indicaciones. A poco que nos fijemos vemos que el ritmo al que se recuperan los mercados en EE UU o en Alemania no es el mismo que en España, cuyo índice se queda más rezagado. A fin de cuentas, el propio Krugman termina admitiendo que comprar acciones de empresas que siguen siendo rentables a pesar de la recesión resulta de lo más atractivo, y ese tipo de empresas abundan más en EE UU y en Alemania que en España. @J_L_Gomez

Exceso de deuda y rentas insuficientes

La deuda pública ofrece una rentabilidad increíblemente baja ante la expectativa de mantenerse los tipos también bajos, pero esta situación podría cambiar en España si finalmente el endeudamiento llega al 120 o 130% del PIB. Aunque el BCE mantenga los tipos de interés, no va a ser al 0%, y a medida que pase el tiempo la deuda internacional crecerá y presionará sobre los tipos, que pueden llegar fácilmente al 3%, de tal forma que el servicio a la deuda suponga hasta un 4% del PIB.

Aunque no lo diga, el Gobierno de coalición del PSOE y Unidas Podemos tiene que estar replanteándose sus promesas, hasta el punto de verse inmerso en una política de ajustes superior a la que practicó el expresidente Mariano Rajoy, porque el escenario puede ser mucho peor. Las pensiones, que ya eran insostenibles antes de esta crisis, y los sueldos de funcionarios volverán a estar en el punto de mira; máxime cuando los salarios públicos superan ahora de media a los privados. @mundiario

––––––––– PROTAGONISTAS –––––––––

> Christine Lagarde, presidenta del BCE.- Dice cosas alentadoras pero no lo tiene fácil. Todos los bancos centrales tienen un país detrás y compran bonos de sus gobiernos. El BCE compra bonos italianos, españoles, portugueses… También alemanes, pero esos tienen menos peligro.

> Angela Merkel, canciller de Alemania.- Alemania se resiste a mutualizar la deuda, lo cual dificulta la unión política europea, pero ha llegado a un punto en el que o bien dota al Banco Central Europeo de un ente político detrás o el BCE se ahogará comprando bonos de países vulnerables.

> Nadia Calviño, vicepresidenta del Gobierno.- Con la economía española en caída libre, afronta un doble reto: amortiguar la recesión y frenar las políticas populistas de Pablo Iglesias. Nadie cuestiona sus conocimientos ni su capacidad de trabajo pero sí su peso político en el Gobierno.

> Patxi López, presidente de la reconstrucción.- En el Congreso se constituyó una comisión de 46 miembros para la reconstrucción de la economía. Los Pactos de la Moncloa, que incluyeron a sindicalistas y empresarios, se hicieron con menos gente, y entonces sin dietas. Menudo ejemplo. @mundiario