Trump se lava las manos en la mayor batalla de Hollywood
En plena escalada de tensiones entre los grandes conglomerados del streaming, Donald Trump ha optado por dar un paso atrás. Durante la entrevista tradicional previa a la retransmisión de la Super Bowl 2026, concedida a la NBC, el mandatario afirmó que no piensa involucrarse en la futura venta de Warner Bros., a pesar de haber declarado meses antes su intención de hacerlo.
Las palabras del presidente marcan un giro significativo respecto a lo anunciado en diciembre, cuando aseguró públicamente que tendría un papel activo en la decisión final sobre el destino del histórico estudio. Ahora, Trump sostiene que será el Departamento de Justicia quien evalúe la operación desde el punto de vista regulatorio, en un contexto marcado por el debate sobre concentración empresarial y poder de mercado en el sector audiovisual.
Según explicó durante la conversación, tanto Netflix como Paramount han tratado de contactar con él en el marco de esta pugna, pero ha decidido mantenerse al margen. Trump justificó su cambio de postura aludiendo a los argumentos contrapuestos de las compañías: mientras una defiende que la fusión no plantea riesgos, la otra alerta de un crecimiento excesivo que podría alterar la competencia. “Habrá un ganador”, resumió, describiendo el enfrentamiento como una lucha abierta entre gigantes.
La relevancia de esta operación va mucho más allá del control de un estudio centenario. Warner Bros. no solo representa un vasto archivo de cine y televisión, sino también un conjunto de franquicias y marcas con enorme valor estratégico. Para Netflix, hacerse con Warner supondría integrar uno de los catálogos más potentes del mercado y reforzar una posición ya dominante, tanto en contenidos como en número de suscriptores.
De prosperar la oferta de la plataforma de streaming, el impacto sería inmediato: a su base de más de 300 millones de clientes se sumarían los alrededor de 128 millones vinculados a los servicios de Warner, consolidando un liderazgo difícil de igualar en el ecosistema digital. Esta posibilidad ha alimentado las dudas regulatorias y el temor a una concentración sin precedentes en el sector.
Hasta ahora, Paramount había jugado la carta de su cercanía política. Su consejero delegado, David Ellison, era considerado un interlocutor bien posicionado en Washington, lo que alimentó la percepción de que la balanza podía inclinarse a su favor. Sin embargo, el desmarque explícito de Trump parece debilitar ese argumento y devuelve el protagonismo a los organismos de control.
El viraje presidencial también resulta llamativo por el contraste con declaraciones previas del propio Trump, quien llegó a afirmar que la posible compra de Warner por parte de Netflix podría convertirse en un “problema” debido a su cuota de mercado. Incluso reveló encuentros con el consejero delegado de la plataforma, Ted Sarandos, en los que se abordó el alcance de la operación.
Con este nuevo posicionamiento, la Casa Blanca se lava las manos oficialmente de una decisión que puede redefinir el mapa del entretenimiento mundial. La batalla, ahora, se traslada al terreno jurídico y regulatorio, donde se decidirá si el futuro de Hollywood pasa por una mayor concentración o por el mantenimiento de un equilibrio cada vez más frágil entre los grandes actores del streaming. @mundiario