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Tres banqueros "gallegos"

Aún hay medios informativos nacionales –y algún que otro regional– que insiste en recordarnos las raíces galaicas de Francisco González, de Angel Ron o, yendo más lejos, de Mario Conde.
Tres banqueros "gallegos"
Francisco González, Ángel Ron y Mario Conde. / Mundiario
Francisco González, Ángel Ron y Mario Conde. / Mundiario

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Fernando González Macías

Fernando González Macías

El autor, FERNANDO GONZÁLEZ MACÍAS, es articulista y columnista de MUNDIARIO. Periodista y analista político, fue jefe de redacción del diario La Región de Ourense, coordinador del gabinete de comunicación de la Xunta, redactor jefe de los servicios informativos de TVG y director regional de COPE, Onda Cero y Punto Radio. @mundiario

Hubo un tiempo, no tan lejano, en que presumíamos de la galleguidad de algunos de los banqueros más poderosos de España. Más que de la galleguidad, del origen gallego de personajes que encarnaban el éxito profesional al haber logrado colarse en un círculo tradicionamente tan cerrado y endogámico como el poder financiero. Hoy somos muchos los que, a la vista de lo mal que acabó la cosa, preferiríamos que no se les vinculase para nada a Galicia. Pero aún hay medios informativos nacionales –y algún que otro regional– que insiste en recordarnos las raíces galaicas de Francisco González, de Angel Ron o, yendo más lejos, de Mario Conde. Y el caso es que, mientras estaban en la cumbre, ninguno de ellos ejerció de gallego, ni de palabra, ni de obra. Tal vez por aquello de que el dinero no tiene patria (ni grande, ni chica) y en consecuencia quienes lo manejan pueden ser cualquier cosa menos patriotas.

Lugués de Chantada, Francisco González presidió durante casi veinte años el Banco de Bilbao Vizcaya Argentaria, el BBVA. Antes había dado un memorable pelotazo con la venta la sociedad de valores que llevaba sus iniciales, FG, por las que aún es conocido hoy en día. Llegó tan alto gracias a sus buenas relaciones con José María Aznar y Rodrigo Rato. Le ficharon como presidente del holding financiero público que se fusionó con la entidad vasca para poder competir con el Santander, batalla que acabaría dando por perdida. A día de hoy, caído en desgracia, su gestión está en tela de juicio. Y nunca mejor dicho. Es bastante probable que González, imputado por encargar al célebre excomisario Villarejo espionajes ilegales, acabe comiendo esta Navidad el turrón entre rejas. Allí le esperan algunos de los que le auparon junto a otros que le ayudaron a cavar su propia tumba.

Natural de Santiago, Angel Ron fue una especie de niño prodigio de la banca española. Llegó a presidente del Banco Popular, por escalafón, con solo cuarenta y cuatro años. Pero ya antes había ido ascendiendo vertiginosamente a la sombra de la familia propietaria de la entidad, los Valls Taberner. Acaba de sentarse en el banquillo de la Audiencia Nacional acusa de irregularidades en su gestión que llevaron a la quiebra al banco mediano cuya fortaleza envidiaban los grandes. La justicia le acusa, entre otras cosas, de haber engañado a los inversores que acudieron a una ampliación de capital. El Popular, que en su huida hacia adelante había "absorbido" al histórico Banco Pastor, acabó en manos del Santander que lo compró por un euro. Lo que se dice dos ruinas en una.

Lo de Mario Conde, tudense de cuna, es otra historia, la de un fulgurante ascenso a los cielos y una no menos vertiginosa caída en desgracia. Su envarada figura encarna aquella España de los ochenta de la que se decía que era el país del mundo donde podía uno hacerse rico en menos tiempo (lo afirmó el ministro socialista Carlos Solchaga). Mientras estuvo al frente de Banesto, Conde cultivó, "ma non troppo", su ADN gallego. Y todavía más cuando le tocó reiventarse. Fue Galicia, tanto la oficial como la de la calle, las que acabaron por renegar de él, como de un apestado, después de haberle honrado y adulado como a un triunfador y de recurrir a sus privilegiadas relaciones o su mecenazgo para fines más o menos nobles. No consta que a González, Ron y Conde les una ningún vínculo afectivo, porque en la banca y a esos niveles la competencia es feroz, a dentelladas: todos son tiburones. Además, en el mundo del dinero en general está contraindicado actuar a la gallega. Es conviene que siempre se vea claro si subes o si bajas.