Toma de decisiones económicas: liberalismo o intervencionismo (I)

Keynes versus Von Hayek.
La llegada al poder del presidente de los EE UU, Mr.Trump, y su modo de tomar decisiones económicas  instantáneas, firmando con un rotulador de trazo grueso, ha hecho que el resto del mundo se vea afectado por ellas.

Decisiones que pueden obligar a muchos países a estudiar el cambio también de sus propias decisiones, volviendo  a plantearse una mayor intervención en la economía.

El modo de organizar la toma de  decisiones económicas en las distintas naciones del mundo ha sido explicado en la doctrina económica que durante siglos nos han enseñado los grandes economistas. Hoy está de gran actualidad ver a los políticos de las diversas naciones opinar si sus gobiernos deben intervenir poco, mucho o nada en el desarrollo económico de sus respectivos países.

Indudablemente esta toma de opinión de los políticos llega condicionada por su adscripción a las distintas corrientes de los partidos imperantes en el mundo, de algo tan nombrado como “de derechas o de izquierdas”, pero que al fin y a la postre es el resultado de una toma de decisión en el orden económico de cada nación, entre “liberalismo económico” o “intervencionismo estatal”.

Digámoslo de otra forma: mientras los partidos liberales, conservadores, los “neocon”, los ultra conservadores, tomarán una decisión de poco o nada intervencionista, ofreciendo todas las tomas de decisión a la iniciativa privada, los partidos socialdemócratas, demócratas cristianos o socialistas decidirán que el estado debe ser intervencionista en lo que atañe a los servicios básicos del individuo y en los momentos necesarios para mantener o aumentar el desarrollo económico.

Veamos su contenido teórico: En 1775 la Guerra de Independencia americana supuso la pérdida de las 13 colonias inglesas, por la subida de impuestos a los colonos. En ese momento de la historia inglesa s. XVIII, se le da menos importancia a las posesiones en ultramar. Al perder las Trece Colonias en América del Norte, Inglaterra no quiso perder también su enorme mercado, por ello maniobró ágilmente para poder seguir suministrando sus productos al nuevo país.

La nueva expansión colonial a partir del s. XVIII se dirige a Asia y África, pero con una nueva orientación por parte de los economistas: La Doctrina Económica de la escuela clásica explicada por Adam Smith en el año 1776 en su libro Ensayo sobre la naturaleza y causa de la riqueza de las naciones. Adam Smith exponía que la riqueza económica está en el trabajo. El orden económico es guiado por una “mano invisible”. Los individuos mueven la producción  para satisfacción de sus beneficios y el bien común, sólo es necesario un estado fuerte para proteger la libertad del individuo. Es decir, los gobiernos solo intervendrían en proteger la seguridad ciudadana y el cumplimiento de los contratos, ninguna intervención en los asuntos económicos.

Los economistas ingleses de la escuela clásica preconizaron el mercantilismo, basado en la macro economía, una competición entre los países para obtener la mayor riqueza posible. Mientras la escuela clásica analizaba el orden económico desde un punto de vista total, macroeconómico, los neoclásicos lo analizan bajo el prisma micro económico, a nivel de persona, que produce el conocido “laissez faire”, dejad hacer, del liberalismo. Al final del siglo XIX los neoclásicos utilizan como modelo el sistema liberal, orden económico libre.

Neoliberalismo

Arranca cuando en 1971 el presidente de los Estados Unidos Richard Nixon suspende la convertibilidad del dólar/oro imperante desde 1944 en la reunión de Bretón Woods  a la que había asistido J.M.Keynes. Se establece un nuevo capitalismo global y liberal, casi sin regulación, considerándose antikeynes, un capitalismo sin intervención del estado y sin concesiones sociales, sin sindicatos y todo privatizado.

Varios son los economistas representantes de estas ideas: El austriaco Joseph Schumpeter postula que “La tecnología y los emprendedores ponen en marcha la economía sacándola del sopor del estado”. Aunque provoca crisis debido a la tecnología, pero es bueno para el capitalismo, crisis necesaria que provoca daños colaterales como despidos y  quiebras pero refuerza el sistema hasta la llegada de la siguiente crisis.

Otro austriaco, Friedrich von Hayek en su libro “Fundamentos de la libertad”, solo piensa en un estado reducido, sin intervenciones sociales ni económicas, derribando el estado pródigo, sin regular, dado que sería pesado. El mercado es el que siempre acierta y se autorregula, así no se podrá controlar la redistribución de la riqueza. Propone acabar con los sindicatos, con el control de alquileres, con la subvención a la vivienda, limitar la democracia, privatizar todo, desregular las finanzas, suprimir desempleo.

Milton Friedman, de la Escuela de Chicago, los monetaristas, preconizan que el libre mercado es el sistema perfecto, en el que los participantes crean riquezas para todos. El estado debe protegernos de los ataques exteriores o de los ciudadanos violentos, hacer cumplir los contratos, y no ocuparse de la economía, el gasto público desmesurado produce inflación y una expansión monetaria descontrolada. Tomado el poder, hay que actuar rápido en los cambios económicos indicando que el desempleo producido es como consecuencia de un mercado no libre.

Curiosamente donde las ideas ultraliberales se pusieron en práctica fueron en la Indonesia de Suharto y en Chile de Pinochet, donde se llegó a privatizar las pensiones produciendo la quiebra del sistema, con un paro atroz como nunca había existido. @mundiario

(Continuará)