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Toda la verdad sobre los préstamos para personas con deudas

Si no se utilizan con responsabilidad, estos créditos pueden empeorar todavía más la situación del deudor.
Toda la verdad sobre los préstamos para personas con deudas
Préstamos para personas con deudas. / Pixabay
Préstamos para personas con deudas. / Pixabay

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HelpMyCash

HelpMyCash

HELPMYCASH es una firma de analistas de productos financieros (cuentas, depósitos, tarjetas, hipotecas...) que colabora en @mundiario

Pocos años después del estallido de la crisis, allá por el 2010, empezaron a surgir empresas de capital privado que prestaban dinero a personas con deudas impagadas. Algunas de estas compañías han sobrevivido al paso del tiempo, pues su nicho de mercado sigue presente: clientes que están inscritos en ficheros de morosidad (ASNEF, RAI, etc.) y que necesitan financiación para salir del atolladero. Pero ¿son convenientes sus créditos? ¿Qué precauciones hay que tomar si se contratan? El comparador bancario HelpMyCash.com explica todos los detalles sobre estos productos.

Créditos rápidos: más accesibles… y más caros

Empezaremos por los préstamos más famosos para personas con un perfil delicado: los conocidos como créditos rápidos. Estos productos, otorgados por compañías privadas no registradas en el Banco de España, permiten obtener cantidades de dinero reducidas (hasta 1.000 euros o, en ciertos casos, hasta 5.000 euros) a devolver a corto plazo. Su principal punto fuerte es la velocidad de concesión, pues todo el proceso de solicitud es online y se resuelve en pocos minutos. 

Estos créditos han ganado mucha popularidad en los últimos años, ya que pueden conseguirse pese a contar con unos ingresos inestables y, en algunas ocasiones, también si se tienen deudas impagadas. Ahora bien, esa accesibilidad tiene un precio, ya que el interés de los préstamos rápidos es mucho más alto que el que aplican los bancos convencionales. En algunos casos, su tasa anual equivalente puede llegar a superar el 3.000%.

Préstamos con garantía hipotecaria: pros y contras

En una categoría diferente se situarían los préstamos con garantía hipotecaria que dan empresas como Suitaprest o Supre Grupo, por ejemplo. Estos permiten obtener sumas mucho mayores (hasta 300.000 o 500.000 euros) a cambio de poner un inmueble como garantía del crédito. Su plazo, asimismo, suele ser de un máximo de entre 15 y 20 años para que el deudor pueda devolver el dinero poco a poco. 

Entre las ventajas de estos productos encontramos sus requisitos más laxos (no importa estar en un fichero de morosos, por ejemplo) y su amortización más flexible. Y es que, en muchos casos, se da al cliente la posibilidad de disfrutar de un período de carencia inicial de unos pocos años durante el que solo tiene que pagar intereses. 

Hay que tener presente, sin embargo, que el interés de estos productos es más alto que el de las hipotecas al uso (suele superar el 10%) y hay que pagar una serie de gastos de formalización: tasación, posibles comisiones de estudio o apertura, etc. Además, en caso de no abonar las mensualidades, el inmueble puesto como garantía puede ser embargado

Hay que asegurarse de poder pagar

Como vemos, ambos tipos de créditos tienen sus ventajas, pero no conviene contratarlos si no se pueden abonar las mensualidades. Más allá de los posibles embargos, el impago se castiga siempre con la aplicación de intereses de demora que aumentan la deuda exponencialmente, lo que empeora aún más la situación ya delicada del titular.

Por este motivo, si no se pueden pagar las cuotas con solvencia, es mejor explorar otras opciones, como pedir dinero a familiares o amigos, por ejemplo. También existe la posibilidad, si se cumplen los requisitos correspondientes, de acogerse a la llamada Ley de Segunda Oportunidad para intentar pactar una reestructuración de la deuda que se tenga. @mundiario