La subida de la luz lleva la inflación a su máximo en casi una década: el 3,3% en agosto

Teresa Ribera. / TVE
Teresa Ribera. / TVE
Impulsado por el encarecimiento de la energía, el IPC encadena seis meses al alza. El precio de la luz bate otro récord en España al alcanzar los 124,45 euros por megavatio hora.
La subida de la luz lleva la inflación a su máximo en casi una década: el 3,3% en agosto

Agosto será el mes con el recibo de la luz más caro de la historia y eso tiene consecuencias. De entrada, la subida de la luz lleva la inflación a su máximo en casi una década: el 3,3% en agosto. Impulsado por el encarecimiento de la energía, el IPC encadena ya seis meses al alza.

El precio de la electricidad bate otro récord en España al alcanzar los 124,45 euros por megavatio hora. El precio de este 30 de agosto supone un incremento del 24,7% respecto al registrado hace una semana –el lunes, 23 de agosto (99,76 euros/MWh)–, y del 21,97% en relación al precio de este domingo (102,03 euros/MWh). Por tramos horarios, este lunes se alcanzará el máximo de 132,92 euros/MWh entre 09.00 a 10.00 horas, y el mínimo de 112,31 euros/MWh, entre 04.00 a 05.00 horas.

En el comportamiento de la inflación destaca la subida de los precios de la electricidad, "mayor este mes que en agosto del año pasado”, como subraya el Instituto Nacional de Estadística (INE) en una nota. Mientras, en la zona euro, la inflación alcanzó el 2,2% en julio, el nivel más elevado desde octubre de 2018.

En cuatro de los seis primeros días de agosto, los precios ya estuvieron por encima de los 100 euros por megavatio hora y los 63,1 euros por megavatio hora registrados en el acumulado hasta julio, en el mercado mayorista, se colocan por encima del anterior máximo, allá por 2008, al comienzo de la crisis financiera e inmobiliaria.

Al tiempo que el precio medio de la luz se dispara tanto que bate records, de poco ha servido la rebaja del IVA y la entrada en vigor de la nueva factura. El real decreto de reducción del IVA y supresión del impuesto de electricidad de forma temporal ya perdió su efecto en la factura.

La luz sube como la espuma y hay que remontarse a 2002 –tres años antes del cambio de los precios del CO2 de 2005– para encontrar máximos similares. Ni siquiera con el temporal Filomena de enero de este año se había llegado tan lejos. El aumento se presenta ligado a las subidas en los precios del gas en el mercado internacional y de los derechos de emisión de CO₂ en el mercado europeo, ahora por encima de 50 euros tonelada, casi un 30% más que hace un año. Pero hay más razones y de más fondo. A propósito de la transición energética y sus costes, Raymnd Torres, director de coyuntura de Funcas, advierte en El País de que la subida de la luz y del gas, un 44% desde enero, es un riesgo para el aparato productivo.

El precio de la luz en una factura doméstica vincula un 24% al coste de la energía, mientras que entre el 50% y el 55% se atribuye a los peajes –léase los costes de transporte y distribución– y a los denominados cargos –básicamente, costes derivados del fomento de las renovables y anualidades del déficit de tarifa–, por lo que queda un poco más del 21% para los impuestos.

"Afrontar este problema exige, por tanto, tocar muchos palos –en España y en Europa– y plantar cara a las eléctricas, a estos efectos un importante lobby, en cuyos consejos no solo se sientan representantes de sus accionistas, sino también antiguos políticos ligados a los dos grandes partidos que se suceden en el poder: PSOE y PP", escribió en La Región el periodista José Luis Gómez.

El Gobierno apela a Bruselas para cambiar la fijación de precios basada en el mercado marginalista, pero otros países ya tienen tarifas más bajas

El Gobierno apela a Bruselas para cambiar la fijación de precios basada en el llamado mercado marginalista –el precio lo marca la última energía en entrar en el sistema– pero con ese mismo método de cálculo otros países europeos tienen tarifas más bajas. No todo debe de ser culpa del vicepresidente de la Comisión Europea, Frans Timmermans.

El sistema funcionaría de modo razonable si los precios de las distintas energías para producir electricidad fueran similares o al menos igualmente estables, pero como eso no es así resulta que el precio del gas –por las nubes– acaba determinado el coste, aunque su contribución sea marginal con respecto a las energías hidroeléctrica, nuclear, eólica y fotovoltaica. Así lo reconoció en julio la propia vicepresidenta tercera y ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera: “Cuando existe un elenco de tecnologías que tienen precios que se manejan en una horquilla sin apenas diferencias, es sencillo poner un coste marginal; pero cuando la diferencia es tan grande y la energía que se toma como referencia [el gas natural] solo supone entre el 10% y el 15% de la electricidad que se produce, no es razonable que los ciudadanos estén pagando un precio tan alto”.

Siendo realistas, el Gobierno sabe que o bien actúa sobre los derechos de emisión de CO₂ –previo acuerdo en Bruselas– o cambia el sistema de la subasta, ya que el gas va a seguir por las nubes hasta febrero o marzo, según el consenso de los analistas. @mundiario

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