Si son prácticamente lo mismo, ¿por qué se discrimina a las SICAV frente a los fondos?

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Una viñeta que muestra la negativa imagen de las SICAV.

Si algún instrumento financiero goza de mala reputación, esa es la SICAV. Pero si analizamos su tratamiento fiscal, podremos comprobar su similitud con los fondos de inversión.

Si son prácticamente lo mismo, ¿por qué se discrimina a las SICAV frente a los fondos?

Si algún instrumento financiero goza de mala reputación, esa es la SICAV. Pero si analizamos su tratamiento fiscal, podremos comprobar su similitud con los fondos de inversión, que incluso disfrutan de una tributación más favorable. En realidad su ventaja última es la tributación diferida de los beneficios acumulados.

 

Hasta unas pocas décadas atrás el lobo era un animal perseguido, al que incluso se incentivaba su exterminio por las autoridades de la época, pues se llegaron a pagar 3.000 pesetas de las de los años 60 por ejemplar de loba abatida, que cotizaba más que los machos por su capacidad reproductora.

También se atemorizaba a los niños con su presencia y en los dibujos animados se mostraba como un asesino despiadado. Nada más lejos de la realidad. Se trata de un animal noble, que convive en manadas donde todos los adultos se implican en la cría de las nuevas camadas, que caza para alimentarse y al que la especie humana le ha corrompido su hábitat natural.

La SICAV tributa al 1% en el Impuesto sobre Sociedades

En el sector financiero existe un producto de inversión colectiva con tan mala fama, cuando menos, como la del lobo en el reino animal. Hablamos de las sociedades de inversión de capital variable, más conocidas por su abreviatura SICAV. Soy consciente que no exigir su eliminación no me hará ganar las simpatías del lector. El motivo en el que recaen la mayoría de las críticas es la de su tributación, que asciende a un tipo del 1% en el Impuesto sobre Sociedades, por lo que en una primera impresión parecería que gozan de un privilegio fuera del alcance de los demás contribuyentes ahorradores.

Es cierto que no está al alcance de cualquiera constituir una SICAV. Alguno de sus requisitos son constituirse en forma de sociedad anónima, un capital mínimo de 2,4 millones de euros, estar bajo supervisión de la CNMV y tener, al menos, 100 accionistas. El que mayor dificultad reviste, sin duda, es el capital mínimo, pues muy pocos dispondrán de tal liquidez. Sin embargo no reviste dificultad alguna aportar los otros 99 socios necesarios, lo normal  es que uno tenga el 99,9% del capital y que los otros 99 testaferros se repartan el 0,1% restante a razón de un 0,001% cada uno, de ahí que se les conozca como “mariachis”, por bailar al que marca el socio mayoritario. 

La ventaja de fondos y SICAV es diferir la tributación

Pero la ventaja fundamental de las SICAV no es, como pudiera parecer, reducir los impuestos a pagar, sino diferir su pago. Esto es así dado que los beneficios obtenidos por las inversiones realizadas solo tributan, como hemos dicho, al 1%, en tanto en cuanto el capital invertido se mantenga en la SICAV. Tan solo se tributará al tipo aplicado de los rendimientos del capital mobiliario, del 21 al 27%, cuando la SICAV retorne los rendimientos obtenidos, pagando en ese caso lo mismo que cualquier otro ahorrador.

Ahora bien, salvando las diferencias derivadas de los requisitos de capital, número mínimo de accionistas y necesidad de adoptar la personalidad jurídica de sociedad anónima, una SICAV es en realidad un fondo de inversión, al que podríamos denominar la SICAV de los que no somos potentados, ya que con carácter general no presentan límites mínimos de aportaciones. Aún podríamos añadir que los fondos de inversión disponen, en realidad, de una fiscalidad mejor que las SICAV, dado que no tributan ni el 1% sobre los rendimientos anuales. Los fondos disfrutan de todas las ventajas de las primeras: tipo de gravamen, diferimiento en la tributación, posibilidad de compensación de pérdidas, etc.

La solución no es cargarse las SICAV

¿Queremos que desaparezcan las ventajas fiscales de las SICAV?, pues en coherencia eliminemos también las que comportan los fondos de inversión. El riesgo que se deriva es obvio, la fuga de capitales a otros países de la Unión Europea, que permite y facilita la libre circulación de capitales.

Quizás lo que habría que plantearse es si resulta coherente la escala actual que se aplica en el IRPF a las rentas de trabajo, capital y plusvalías, que penaliza claramente a las primeras. Será por aquello que ya dije alguna vez, nadie se ha hecho rico con las rentas del trabajo, algo en lo que todas las reformas del impuesto, desde su lanzamiento por el ministro de la UCD Fernández Ordóñez, el hermano bueno de los hermanos, se ha ido pervirtiendo.

Si son prácticamente lo mismo, ¿por qué se discrimina a las SICAV frente a los fondos?
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