¿Soluciona la globalización más problemas de los que crea o agrava?

Bolsa de Madrid
Bolsa de Madrid.

Hay gente pro globalización y gente anti globalización pero muy pocos saben el significado de esa medida económica y política y mucho menos de sus consecuencias.

¿Soluciona la globalización más problemas de los que crea o agrava?

Hay gente pro globalización y gente anti globalización pero muy pocos saben el significado de esa medida económica y política y mucho menos de sus consecuencias.

 

En realidad, la globalización es uno más de los experimentos a los que la oligarquía financiera nos somete cada cierto tiempo y que ha cuajado porque las multinacionales si que han comprendido su sentido y la aplican con prontitud y eficacia, lo mismo que lo han comprendido los grupos antiglobalización pero con mucho menos éxito. La mayoría de los humanos solo sabemos de sus consecuencias aún sin comprenderlas. La situación en la que nos encontramos es que si Estados Unidos estornuda, aquí cogemos un terrible catarro hasta con fiebre. Lo mismo da que una empresa vaya bien o mal, de beneficios o pérdidas, las principales Bolsas esperan pacientemente a que abra la de Wall Street para seguir su tendencia al alza o a la baja de forma generalizada. Si Grecia tiene problemas todos tenemos problemas. Si China tiene alguna dificultad, disminuye su crecimiento o cae su Bolsa, aquí nos vemos arrastrados al igual que el resto del mundo. Cualquier ratio, el de desempleo o crecimiento en EEUU por ejemplo, provoca pánico en los demás países. Es la Globalización.

La globalización es lo que permite la libre circulación de capitales pero impide la de personas, la que crea un mundo globalizado de manera selectiva en los aspectos que supuestamente serán favorables a la economía mundial. Algo así sucedió cuando el ultraliberalismo iba a provocar una riqueza rápida y generalizada aunque mal distribuida al princípio. Ni al princípio ni al final porque los países donde se iba experimentando, con América del Sur a la cabeza, fueron entrando en quiebra.

La crisis del segundo experimente se ha instalado ahora en Europa donde la globalización, que aquí incluye personas, ha ínter relacionado las naciones para perjudicar claramente a las que poseen menos fuerza exportadora o mayor dependencia, concretamente los países mediterráneos, y ha sucedido a nivel mundial donde las diferencias entre países son abismales ¿y quien sufre más con estos experimentos?, los más pobres.

No es fácil encontrar un camino donde las empresas florezcan y ello haga partícipe a la población, e imposible que el bienestar de las personas haga florecer a las empresas. Sabemos que las subidas de impuestos, que es el elemento clave del reparto de la riqueza que crean las empresas, tienen un techo a partir del cual los que acumulan la mayor parte de los ingresos, los llamados ricos, encuentran camino para no cotizar o cotizar en otros países menos exigentes. Como ejemplo tenemos la repercusión que tuvo la última subida de impuestos en España, la de 2012, que provocó que los que declaraban ingresos por más de 600.000 euros bajaran más de la mitad, y los que declaraban entre 150.000 y los 600.000 bajasen a un tercio. 

La conclusión más lógica sería pensar en una armonización al estilo de la iniciada por el Presidente francés Hollande a nivel de sugerencia. Si el mundo se globaliza, las normas del juego también deben de ser comunes o al menos con unos mínimos. Fijar un salario mínimo, unas prestaciones sociales mínimas, una carga impositiva a las empresas mínima, y algunas partidas que deben ser comunes para que la competencia sea equilibrada. Esto a nivel de la Unión Europea, pero a nivel mundial también se deben requerir una normas que incluyan contaminación ambiental, trabajo infantil, flotación de la moneda, etc. El que no acepta las normas no puede estar en un mercado globalizado porque solo las multinacionales sacarán beneficio de ello y eso es malo ¿por qué? porque la existencia de los paraísos fiscales provoca la evasión de impuestos y por lo tanto impide el reparto de la riqueza. Podríamos pedir la desaparición de los paraísos fiscales pero mucha gente se reiría de nosotros.

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