El servicio militar alemán vuelve, ¿y el turismo español tiembla?

Vista de Baleares. / RR. SS.
La recuperación del servicio militar en Alemania no solo responde a motivos de defensa. También plantea un desafío económico para las islas españolas más dependientes del turismo germano.

El anuncio del Gobierno alemán de recuperar el servicio militar, aunque inicialmente de carácter voluntario, abre un debate que va más allá de la seguridad europea. En España, especialmente en Baleares y Canarias, la noticia se observa con preocupación por el peso que tiene el turismo alemán en la economía local. La pregunta es clara: ¿puede una decisión de defensa nacional en Berlín sacudir el corazón turístico de nuestro país?

Un turismo joven en riesgo de reducirse

Las islas viven en gran parte del turismo germano. Solo en 2024 llegaron casi 12 millones de visitantes alemanes, con un gasto superior a los 15.500 millones de euros. De ellos, un porcentaje nada desdeñable corresponde a jóvenes de entre 15 y 24 años, franja de edad que podría verse directamente afectada si la mili pasa a ser obligatoria o resta libertad para viajar.

En Baleares representan casi un 14 % del total de turistas germanos y en Canarias superan el 9 %. No hablamos de números menores: cada vuelo cancelado, cada habitación vacía, es un ingreso perdido para hoteles, bares y discotecas que dependen del consumo juvenil.

Ahora bien, conviene relativizar. El turista alemán medio ronda los 43 años, y la mayoría de visitantes se concentra entre los 25 y 44. Por tanto, no se puede afirmar que toda la economía balear o canaria dependa de este grupo, aunque sí es un segmento estratégico por su capacidad de gasto en ocio nocturno y experiencias urbanas.

Seguridad europea frente a dependencia turística

Alemania justifica la medida en un contexto internacional marcado por la guerra en Ucrania y el temor a ciberataques o sabotajes. Es legítimo que un país busque reforzar sus capacidades de defensa.

Pero la paradoja es evidente: mientras Berlín se blinda, España puede sufrir un efecto colateral en uno de sus motores económicos. En definitiva, se ponen en tensión dos necesidades: la seguridad en Europa y la estabilidad de un sector turístico que aún arrastra cicatrices de la pandemia.

Adaptación y alternativas para el sector

La posible reducción de turistas jóvenes alemanes debería servir como llamada de atención. España no puede depender en exceso de un solo mercado ni de un solo perfil de visitante. Si Alemania redirige a parte de sus jóvenes hacia el cuartel en lugar de la playa, las islas tendrán que reforzar su atractivo hacia otros grupos: familias, jubilados, viajeros de Europa del Este o del norte de África. También sería un buen momento para apostar por un turismo menos estacional, que valore la cultura, el deporte o la gastronomía local más allá del sol y la fiesta.

En última instancia, la decisión alemana es un recordatorio de cómo los movimientos políticos y de seguridad internacional repercuten directamente en la vida cotidiana de miles de trabajadores españoles. Si queremos que el turismo siga siendo un motor sólido, la receta es clara: diversificación, innovación y una mirada más amplia que nos prepare para escenarios imprevistos como este. @mundiario