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MUNDIARIO

La seguridad marítima y la nueva ruta de la Seda: de una asignatura pendiente a una apuesta de futuro

China desea convertirse en una de las economías más innovadoras en 2020, y poder competir con Estados Unidos, Alemania y Japón en 2025, para lograr ser leadership de la innovación en 2049.
La seguridad marítima y la nueva ruta de la Seda: de una asignatura pendiente a una apuesta de futuro
Xi Jinping. / Riber Hansson, Suecia, tercer premio en caricatura personal, WPC 2015
Xi Jinping. / Riber Hansson, Suecia, tercer premio en caricatura personal, WPC 2015

Fernando González Laxe

Catedrático de Economía.

1.- Introducción: ¿qué quiere la China? China quiere convertirse en un relevante actor mundial. Desde que fue elegido secretario general del PCCh, en 2012, y luego presidente de China en 2013, Xi Jinping ha propuesto una serie de iniciativas estratégicas tanto internas como externas. Todas buscan garantizar la estabilidad política interna y el crecimiento económico. La apuesta más notable y, sin duda, la que posee un mayor énfasis internacional es la Nueva Ruta de Seda (yidai yilu), denominada One Belt, One Road (OBOR); rebautizada más tarde como Belt and Road Initiative (BRI). Se trata de invocar la imagen histórica de la antigua ruta de la seda; evocando una época próspera, marcada por los intercambios comerciales pacíficos en donde la civilización china estaba en el cénit de su potencia y riqueza; y donde su influencia se extendía más allá de las fronteras de su propio imperio. Ello supone apostar por la construcción de imponentes infraestructuras que permitan insertar y conectar China con el resto del mundo. En suma, se plantea como el sueño del gran renacer de la nación china; basado en el antiguo concepto de Tianxia, que describe al conjunto del mundo bajo un cielo en el que se refleja una voluntad de retorno a un orden mundial armonioso (hexie shijie) y aceptando el tributo al emperador. Al mismo tiempo, se plantea como el resultado de un esfuerzo continuado de la elite burocrática china para desarrollar un nuevo orden internacional que contribuya a modificar el actual status quo.

El objetivo de la iniciativa OBOR consiste en incorporar a nuevos países bajo el liderazgo del gobierno chino; reforzar los intercambios comerciales; y mejorar la conectividad de China con los restantes continentes y áreas geográficas de África, Eurasia, Europa, Medio Oriente, así como Asia del Sur y del Sudeste asiático. Y efectuarlo bajo modelos que vayan más allá de una visión estato-céntrica (Valderrey & Lemus,2017); es decir, aceptando la participación de actores no estatales a lo largo de la definición y desarrollo del proceso.

Bajo estas pautas, es obvio que la diplomacia internacional de negocios, llevada a cabo por el Gobierno chino, ha jugado un papel muy relevante, en la medida que los escenarios están llenos de complejidad, donde se admiten elementos distintivos diferentes, y en las que los intereses defendidos se caracterizan por la intensa interdependencia entre los mismos.

El planteamiento chino tiene su origen en las discusiones de la Ronda de Doha (2003), en la que quedaron fuera del acuerdo final los capítulos de inversiones, las compras del sector público y las políticas de competencia. Los gobiernos buscaron incluir los aspectos relacionados con la “regulación reforzada”; y, con ello, instrumentar otras maneras de satisfacer las necesidades de gobernanza para aquellos aspectos que profundicen en la liberalización comercial y en los acuerdos sobre inversiones con la finalidad de estructurar un nuevo sistema de gobernanza del comercio mundial (Rocha,2016). Busca, en consecuencia, un planteamiento mega-regional transcontinental que permitiera dar respuesta a las tres coyunturas del momento: a) a las consecuencias derivadas de la crisis económica financiera de los años 2007/2008, cuyos efectos son preciso revertir; b) al agotamiento de los mecanismos de cooperación económico que integraron el G-20; y c) a las aspiraciones de ciertas potencias de estructurar nuevos mecanismos de fijación de reglas al comercio mundial y por el inicio de una nueva transición hacia un mundo post-crisis (xinxing daguo guanxi).

China, en suma, desea influir y conformar un proyecto de integración económica y militar que le permita compartir características comunes con otros países; desarrollar y potenciar un alcance mega-regional transcontinental; y fomentar la búsqueda de una transformación del sistema internacional actual tanto en los aspectos económicos como en los geopolíticos y militares.  Es decir, su estrategia se fundamenta en la definición de una nueva inserción que desafía la mayor parte de las teorías del comercio internacional, dado que China forma parte de un enorme continente; por medio de una división del trabajo muy singular; desde una configuración institucional diferente y específica; dotada con una amplia dotación de tecnología y capacidad para su transferencia; y sobre la base de una intensa experiencia de inversión directa en el extranjero.

Desde antiguo, el interés de las potencias mundiales pasaba por imponer sus normas en el nuevo contexto. Incluía tanto actitudes en lo tocante a los aspectos del nuevo sistema mundial de comercio como aquellos otros asuntos que estaban relacionados con los aspectos geo-políticos, como los derivados de las competencias por la distribución del poder mundial entre los grandes actores: Estados Unidos, Unión Europea, Rusia y China. En la actualidad, y predirigidos por las actuales potencias mundiales, se vislumbran tres grandes acuerdos mega-regionales: el acuerdo Estratégico Transpacífico de Asociación Económica (TPP), establecido en 2015; la Asociación Transatlántica de Comercio e Inversiones (TTIP), todavía en proceso de negociación; y la Unión Económica Euroasiática (UEEA), impulsada por Rusia, en 2015. Estas iniciativas aspiran a estructurar la distribución del poder mundial entre un bloque liderado por EEUU y por la UE; y otro bloque conformado por los países emergentes.

En respuesta a dichos acuerdos mega-regionales (tanto del TTIP como del TPP) y de otras cuestiones que podrían limitar la marginación de China de la economía mundial, el gobierno de Xi Jiping diseña un enfoque basado en un conjunto de estrategias. Se instrumentaliza en tres políticas que responden al nuevo escenario mundial. La primera, se sustenta en las reformas sobre determinadas políticas públicas (mercado interno y participación en empresas privadas). La segunda, en el fortalecimiento del estado de derecho en China; y la tercera, en la construcción de infraestructuras para la creación de zonas de libre comercio con la finalidad de aumentar la liberalización de la economía. (Longyue,2015). Estas actuaciones son los ejes para impulsar las relaciones de cooperación económica con otros países (con especial prioridad a los vecinos) de cara a construcción y edificar un mundo multipolar; y, en consecuencia, no dependiente de una o dos potencias mundiales (Callens & Cherfi,2015). De ahí, el interés en potenciar iniciativas de cooperación regional abiertas, donde el desarrollo económico es la prioridad cardinal para un conjunto de países que China desea tener como partenaires en proyectos conjuntos de cara a acelerar el crecimiento económico, aumentar sus ingresos y contribuir a mejorar las condiciones de vida de sus poblaciones.

2.- La nueva versión de la ruta de la Seda

La voluntad de conectividad internacional ha centrado, inicialmente, la atención pública y política internacional. La iniciativa de OBOR radica en un doble eje. En primer término, incrementar las relaciones de cooperación con países pertenecientes a sus proyectos. Y, en segundo lugar, impulsar la construcción de infraestructuras de transporte que faciliten el comercio entre países no pertenecientes a los tratados como el TTIP o el TPP. Así, en la actualidad están englobados 65 países, localizados principalmente en Asia, Europa y África; representando al 63% de la población mundial y generando el 40% del PIB mundial (Ho,2016).  De otra parte, los integrantes de los mismos reúnen tres características comunes: a) el número y el tamaño de sus economías involucradas representan proporciones importantes en lo tocante a los producción, población, comercio y abundantes niveles en lo que respecta a la inversión extranjera directa; b) poseen una gran extensión geográfica, en la medida que todos están involucrados en proyectos euroasiáticos, transatlánticos o transpacíficos; y c) la agenda temática propuesta es amplia y compleja, incluyendo áreas y ámbitos no abordados por los acuerdos de la OMC, ni por otros acuerdos previos (Rosales,2013).

Para comprender los antecedentes de esta iniciativa china tenemos que retraernos a 1994, cuando el entonces primer ministro chino Li Peng ofrece a las nuevas repúblicas exsoviéticas un proyecto de cooperación que denominó Ruta de la Seda. Consistía en mantener la estabilidad geo-política de la zona, evitando los focos de inestabilidad y de desestabilización regional. Más tarde, la mencionada apuesta fue continuada por el gobierno de Jiang Zemin. Dicho concepto se mantuvo durante los primeros años del siglo XXI pero sin acudir a proyectos específicos, hasta que Xi Jinping en su visita oficial a Kazajistán (septiembre, 2013) aludió a un proyecto de cooperación económica, a la inversión en infraestructuras y al desarrollo de vínculos comerciales que denominó CERS. A continuación, en octubre del 2013, en su visita a Indonesia, el presidente Xi Jinping dio cuenta de un nuevo proyecto de cooperación con la región sureste asiática que denominó RSM-21 (Nueva Ruta de la Seda Marítima), anunciado como un nuevo periodo histórico, al decir que “China propondrá la creación de un Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras que dará prioridad a las necesidades de los países de la ASEAN (Asociación de Naciones del Sureste Asiático)”; y sugirió el desarrollo de un Plan de Acción Chino, con el lema “de fuera hacia adentro” (Ruiz,2017)

El sudeste de Asia ha sido desde tiempo antiguo un importante foco económico y referencial a lo largo de la antigua Ruta de la Seda Marítima. Con este evocador espíritu, China trata de fortalecer la cooperación marítima con los países de la ASEAN para hacer un buen uso del Fondo de Cooperación Marítima, establecido por el Gobierno chino; y busca desarrollar vigorosamente la asociación marítima en un esfuerzo conjunto para construir la “Ruta de la Seda marítima del siglo XXI” (Jinping,2016). La transcendencia del concepto planteado es elevada, puesto que no solo engloba al conjunto de las rutas comerciales y a los proyectos de inversión, sino que adquiere un carácter más amplio, ya que pregona, al mismo tiempo, la creación de una asociación mega-regional.

La puesta de largo de dicha concepción es gradual. Los discursos previos de Xi Jinping estuvieron más centrados en reafirmar el nuevo rol del gobierno chino ante los países vecinos. En el discurso de Davos (enero,2017) ya enfatizaba sobre la inserción de los espacios económicos y políticos, ya sean marítimos como terrestres, permitiendo y defendiendo un equilibrio regional que denominaba “prosperidad compartida”; y que le facilitaba el discurso de afirmación de “potencia” (fuqiang). O sea, una estrategia y un objetivo marcado por “nuevo tipo de relaciones entre grandes potencias”. Este objetivo quedó manifiestamente adoptado en la entrevista que Xi Jinping mantuvo con Barak Obama (2015), cuando se reconoce a China como el líder natural de la región y sustituto de Japón, así como partenaire oficial de EEUU.

Existen diversas interpretaciones de la iniciativa en función de las diferentes perspectivas de enfoque. Zhao (2015) explicita que la Nueva Ruta de la Seda puede ser abordada desde el reforzamiento del respeto al país, tanto desde la comunidad internacional como de los propios ciudadanos chinos. También, puede ser explicada como la búsqueda de una legitimidad política, que le permitiese mostrarse como una potencia emergente. Asimismo, existe una tercera hipótesis que se sustenta en el rejuvenecimiento de los valores y del sistema político chino. Zhang (2016), por su parte, enfatiza que el pujante dinamismo de la política exterior china refleja un nuevo activismo internacional; un vigoroso impulso de la economía regional y global; e incluso puede verse como una aspiración personal del presidente Xi para recuperar el orgullo nacional y mejorar el bienestar social de los ciudadanos chinos.

No cabe duda, por lo tanto, que la estrategia diseñada de manera flexible y adaptable está dirigida a movilizar las iniciativas de las grandes ciudades sin supresión de las aquellas acciones dirigidas a mantener las estructuras del viejo régimen. De ahí, la insistencia en afrontar medidas tendentes a la liberalización parcial de la economía; a fomentar un vasto sector estatal; a desarrollar acciones de extensión del crecimiento en las zonas rurales e internas del país; y en llevar a cabo desarrollos a favor de una descentralización pragmática.

China ha captado la atención de la comunidad internacional y son numerosas las empresas contabilizadas a lo largo de dichos itinerarios que se sienten atraídas por las apuestas derivadas de la amplia movilización de recursos. No hay duda que su economía crece de manera continua. Está normalizada, a pesar de los descensos en sus ritmos de crecimiento o de los aumentos de su endeudamiento. Está atravesando el tránsito de un crecimiento cuantitativo (inversiones, exportaciones,,,,) a un crecimiento cualitativo (marcos regulatorios, marcos sociales y políticos).  Bajo este esquema es como se puede entender la entrada de la China en la OMC, llevada a cabo en 2008, asociándose con las líneas estratégicas de dicha organización para convertirse en una economía competitiva, en el fomento de la inversión directa en el exterior, y en la corrección de los desequilibrios.

Las instituciones internacionales afirman que China tiene definida desde hace años sus orientaciones económicas. Éstas están destinadas a acceder a nuevos mercados y a nuevos recursos para sostener y abastecer su crecimiento, sin que las reformas que se pongan en práctica modifiquen y pongan en peligro su régimen. Es bajo este esquema como se plantea la Iniciativa de la Ruta de la Seda.  

No hay duda, por lo tanto, de las consecuencias geo-políticas que ello supone. De una parte, porque se conformarán nudos/polos en torno a las diversas conexiones con China. De otra, a nadie se le escapa el afianzamiento de su papel en la escena militar. En la actualidad, China es el primer contribuyente de personas en las operaciones de mantenimiento de la paz en el mundo. Sus gastos consagrados a la defensa equivalen al 1,5% de su PIB y se mantienen en torno a un crecimiento anual del 7,5%, en los últimos años. En el año 2017 los efectivos chinos suman dos millones de personas y se constata la presencia de nueve conglomerados chinos dentro de las 100 primeras firmas mundiales, entre los que destacan dos de ellas (Avic y Norinoc) entre las diez primeras.

3.- EL OBOR como dimensión económica

EL OBOR es un plan extremadamente ambicioso y contiene numerosas dimensiones. Es una estrategia adaptativa, fluida, evolutiva y pragmática. Para algunos, también, posee la característica de ambigua, que el Gobierno de Pekín desea preservar y sostener. Quizás, por inspirarse en los principios del taoísmo, las estrategias clásicas chinas se fundamentan en la adaptabilidad, en contextos asimétricos, y se dotan de elementos positivos. Sun Zi, autor del arte de la guerra, en el siglo IV antes de Cristo, afirmaba “el buen estratega debe ser como la corriente que se adapta al terreno”.

EL OBOR es un proyecto multidimensional, inspirado en “la paz y cooperación; en la apertura e integración; en el aprendizaje recíproco y los beneficios mutuos”. Ha sido elevado al rango de política nacional y constituye una nueva fuente de financiación para la realización de nuevas actividades de formación y divulgación.

Se traduce en una nueva fase de apertura del país; define nuevas ambiciones en materia de gobernanza mundial; y reactiva y profundiza en la política de vecindad con los países más próximos deseando ejercer su rol de liderazgo. Asimismo, es considerado como el posicionamiento de una potencia respetable, como primer defensor de los países pobres y emergentes merced a la proliferación de sus iniciativas económicas regionales; y busca la conciliación sobre las diferencias marítimas o fronterizas en la región. Es decir, China trata, con esta iniciativa, de ocupar el espacio y estructurar nuevas relaciones internacionales según sus propios términos; o sea, sobre la base de su modelo del sistema político chino, de su integridad territorial y de su soberanía nacional.

Los discursos chinos enfatizan cinco pilares a lo largo de su activismo institucional. El primero, se sustenta en la profundización de la coordinación de las políticas públicas de desarrollo; esto es, deben convertirse en una plataforma de cooperación y de conectividad que contribuya a mejorar la integración económica a fin de favorecer el crecimiento económico mundial. Es, por tanto, un proyecto participativo y cooperativo. El segundo pilar concierne al desarrollo de las conexiones entre las infraestructuras; es decir, se busca unir las grandes ciudades con el interior del territorio chino, alentando la constitución de parques industriales y de zonas francas, amén de articular una red que permita unir China con otros puertos europeos, africanos y americanos. El tercer pilar corresponde al desarrollo del comercio internacional, merced al cual se establecerán 52 zonas de cooperación económica en las que se espera la creación de empleo y mejora de las condiciones de vida. El cuarto pilar de la iniciativa china es la libre circulación de capitales, facilitando el funcionamiento de todos los proyectos planteados. Ni el Banco Mundial ni el FMI participaran en los proyectos amparados por el BRI. La nueva Ruta de la Seda estará financiada por organismos propios, como el Banco de Desarrollo de China, el Export-Import Bank of China; el Agricultural Development Bank of China, el Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras, la banca de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y África Sur); la Organización de Cooperación de Shanghai; y por los grandes bancos chinos (CDB, ICBC, Eximbank, entre otros). De igual forma, participarán los fondos chinos que contribuirán a la financiación de diversos proyectos de la Iniciativa. Por último, el quinto pilar es el relativo a la comprensión mutua entre los pueblos; entendida como un desafío cultural que se apoya en los institutos Confuccio y en los forums culturales (Rolland,2017).

Profundizando en el contenido programático de la nueva Ruta de la Seda coexisten dos componentes. El primero, es la apuesta terrestre, denominada Silk Road Economic Belt- SREB (Franja Económica de la Ruta de la Seda), que consiste en el desarrollo de un cinturón económico que se extiende por vía terrestre desde el oeste e interior de China hacia Europa del Este a través de Asia Central. El segundo componente es la XXI Century Maritime New Silk Road- MSR (Ruta marítima del siglo XXI de la Ruta de la Seda), que pretende revivir las rutas comerciales que fomentaban el comercio marítimo de siglos atrás. Significa un proyecto combinativo complejo y ambicioso, que abarca varias dimensiones, con sus retos y desafíos en materias tan diferentes como los transportes, finanzas, políticas de aduanas, de colaboración de políticas, etc.

¿Cómo se enfocan dichas estrategias?. De una parte, se inscriben en línea con las políticas de internacionalización de las empresas chinas. De otra parte, en la estimulación de la innovación para hacer frente a los problemas de sobrecapacidad existente en ciertos sectores (como el cemento, acero, vidrio,…). Se distinguen varios niveles: a) la apuesta terrestre, ferroviaria y de comunicación (Silk Road Economic Belt); b) la apuesta marítima (21st Century Maritime Silk Road), por medio de la promoción de dos ejes: China-Malacca-Suez y la ruta marítima del norte; c) la cooperación económica reforzada, que comprende un comercio más libre y una interacción aduanera y financiera; además de una más intensa coordinación de las políticas económicas; d) una cooperación energética, mediante el reforzamiento de las interconexiones energéticas y la construcción de infraestructuras de transportes (oleoductos y gaseoductos) y producción de energía, y e) una cooperación dirigida a reforzar los lazos entre las poblaciones (“people to people bond”) estimulando y fomentando las mejores infraestructuras y telecomunicaciones, armonización de programas y de enseñanzas; fomento del turismo, cooperación en materia sanitarias; y diversas apuestas culturales por medio de la construcción de museos consagrados a recordar los efectos de las rutas de la seda.

Estas estrategias coadyuvan al desarrollo de las infraestructuras y de la conectividad permitiendo abordar tres objetivos: a) la internacionalización de la moneda china (remimbi), mediante el fomento del uso de la misma en las transacciones comerciales y financieras con los países integrantes de las Rutas; b) el estímulo para contribuir a exportar los excesos de las capacidades productivas, con la consiguiente mejora de la rentabilidad de las inversiones; y c) las nuevas acciones para mejorar las relaciones comerciales bilaterales y multilaterales. Las estimaciones económicas de estas iniciativas varían. Oscilan entre los 20.000 y 26.000 millones de dólares, que China no tiene intención de abordar en solitario; sino que buscará la cooperación entre aquellos países que deseen contribuir a su financiación (Lo,2015).

La implementación de los planes mencionados empezará por las dos iniciativas más claras respecto a los corredores de transportes: el marítimo y el terrestre, por medio de la promoción de seis corredores terrestres, ferroviarios y de carreteras entre la China y Europa; Asia Central; Medio Oriente; Asia del Sur; y Asia Sud-Este.

Las características más peculiares del proyecto OBOR/BRI son las siguientes:

a) es un proyecto patrocinado, esencialmente, por el Gobierno chino, recalcando, en consecuencia, la expresión del pensamiento estratégico chino;

b) no tiene plazos concretos, ni un límite de tiempo para su realización o conclusión;

c) es un proyecto flexible y no posee exigencia especifica o “altos estándares” para los países que quieran adherirse al mismo, a diferencias de los acuerdos TTPP o TTIP;

d) la institucionalización que se produce alrededor de los proyectos es poco discutida;

e) sus proyectos parciales tienen como finalidad prioritaria atraer inversiones a las provincias menos desarrollados al objeto de fomentar la cohesión territorial y contrarrestar las amenazas separatistas de ciertos territorios;

f) busca involucrar e integrar a regiones o países que hasta el momento estaban marginados de proyectos de integración mega-regionales;

g) los proyectos disponen de fuentes de financiación tanto en fondos procedentes del Gobierno Chino como por asociaciones publico-privadas;

h) en la realización de los proyectos pueden intervenir tanto el gobierno chino, como a los gobiernos locales interesados;

i) el OBOR combina diplomacia y fondos de inversiones con aquellas otras prioridades en lo tocante a las cuestiones de seguridad, económicas y comerciales, siendo los contactos entre los socios tanto bilaterales como multilaterales.

Cuadro nº 1

Sumario de los corredores económicos planteados en el OBOR

Corredor

Países Partners

Ejemplo de proyectos

Bangladesh-China-India-Myanmar.

Corredor Económico

Bangladesh, India, Myanmar

Oleoductos y Gaseoductos (China-Myanmar);

Puente Padma (Bangladesh);

Tunel Karnaphuli River (Bangladesh).

China Central - Oeste Asia.

Corredor Económico

Irán, Kazakhstan; Kyrgystan; Kuwait; Qatar; Tajikistan; Arabia Saudí; Turquía;Uzbekistan

Tren (China-Kazakhstan);

Aeropuerto (Kyrgyzstan);

Tren rápido (Turquía).

China-Indonesia

Camboya; Laos; Tailandia; Vietnam.

Tren (China-Laos);

Ruta marítima (Lancang-Mekong).

China-Mongolia.

Mongolia; Rusia

Pipeline (Xinjiang-Siberia);

Conexión fluvial (Altanbulag - Ulaanbaatar-Zamiin - Uud).

China- Pakistán

Corredor Económico

Pakistán

Zona libre Economía (Gwadar);

Desarrollo portuario (Peshawar-Karachi).

New Eurasia Land Bridge.

Corredor Económico

Belaruisa, Bulgaria; Chequia, Grecia, Hungria, Polonia; Kazakhstan; Rusia, Serbia, Slovaquia.

Tren (China-Europa (atravesando 9 países europeos).

Railway (Hungria-Serbia);

Parques industriales (China-Belarusia);

Cooperación regional (China-Kazakhstan);

Puerto Pireo (Grecia).

Fuente: Office of the Leading groups for the Belt and Road Initiative.

La iniciativa busca paliar los importantes puntos débiles de China en su planeamiento estratégico, creyendo que el desarrollo económico resulta crucial tanto para reducir los riesgos de la agitación social y de la inestabilidad política, como para abordar los problemas que pudieran venir de la radicalización religiosa, el integrismo y el posible reclutamiento de terroristas.

El OBOR trata de responder al problema de la sobrecapacidad industrial de China, buscando encontrar nuevos nichos de mercados para las empresas chinas de los sectores de las infraestructuras y de las telecomunicaciones. Del mismo modo, las nuevas rutas de la seda han de ser capaces de conectar el litoral chino (donde se concentran las producciones de bienes de alto valor añadido) con las regiones con débiles costes de producción. Esta dinámica no se limita únicamente al territorio chino, sino que se amplia al conjunto de la región económica. Es así como se entiende la construcción del puerto de Gwadar en Pakistán y las conexiones terrestres entre el mencionado puerto y Kashgar, en la provincia de Xinjinag. Idénticas estrategias se sostienen en el cuerno de África, con la presencia de compañías marítimas (en este caso la China Merchant) en el puerto de Djibouti; la modernización de la línea Addis-Abeba- Djibouti; y las nuevas zonas francas en Etiopía para el asentamiento de empresas chinas, particularmente del sector textil. Finalmente, también son relevantes las actuaciones en el este del continente africano, por ejemplo en Kenya, en el puerto de Lamu y su conexión con el interior del continente por medio de un corredor de infraestructuras que replica el mismo modelo de actuación que en el Índico.

En suma, el OBOR es un programa con objetivos estratégicos que tratan de asegurar la potencia marítima china. Las acciones puestas en marcha se asocian al proceso de extensificación de las empresas chinas en el extranjero, especialmente en aquellos Estados en los que se contabilizan bajos costes de producción. Su pretensión, por lo tanto, es redefinir un cambio de tendencias a través del reforzamiento de la conectividad y de la capacidad para afrontar una más intensa competencia interregional. Es complementario de la estrategia “Made in China 2025”, que posee como principal efecto la multiplicación de las inversiones chinas en infraestructuras portuarias a lo largo de las rutas marítimas, como se ha venido constatando en los últimos años en Grecia (Puerto de El Pireo, vía la empresa naviera COSCO) y en Sri Lanka (en Hambantota, vía la empresa marítima China Merchant); consolidando un nuevo concepto euro-asiático para integrar el Océano Índico africano, creando un mundo donde la influencia china sea un punto de referencia. 

4.- La apuesta marítima: desarrollar una red de puertos

Uno de los principales desafíos de la estrategia china consiste en reforzar la posición de las empresas chinas en el nuevo marco marítimo-portuario mundial. Sus actuaciones se dirigen en dos direcciones: la primera, en la conformación de una red de puertos que refuercen los vínculos China y Europa; y, la segunda, en el desarrollo de una red de puertos en África. Quedan para una segunda oleada, pero siempre atentos a su implementación, otra doble apuesta: la primera, hace referencia a los proyectos chinos en el Ártico, esencialmente a lo largo de la ruta marítima del Norte de Siberia, en donde los retos son variables y sometidos a amplias incertidumbres y a los costes de oportunidad que ello supone; y, la segunda, a las diferentes opciones derivadas de los desarrollos portuarios en America Latina (como los proyectos del canal de Nicaragua y las inversiones en los puertos de Cristóbal y Colon, en ambos extremos del Canal de Panamá).

Con estas iniciativas, China busca emprender variar acciones al mismo tempo. Primeramente, incrementar la toma de participación por parte de empresas chinas en la gestión de los puertos a lo largo de las rutas marítimas principales o en la construcción de terminales portuarias bajo la formula de Build, Own, Operate, Transfer (BOOT); esto es, construcción, posesión, explotación y transferencia; asegurando, de esta manera, a los operadores chinos la gestión de terminales y permitiendo el control de las mismas, Los recientes casos de las empresas navieras chinas COSCO y China Merchant son buenos ejemplos de ello. A partir de dicho paso, se priorizan los siguientes aspectos: a) la transformación de un puerto en un lugar de entrada para los productos chinos; b) la continua toma de participación en terminales, al objeto de seleccionar y buscar amplias zonas de almacenamiento para una distribución posterior; y c) llevar a cabo inversiones en infraestructuras portuarias y de servicios que redunden en beneficios inmediatos, recuperando las inversiones efectuadas. Los ejemplos conocidos hasta el momento reflejan dichas dinámicas. Por ejemplo, COSCO Pacific es una sociedad afincada en Hong Kong que posee participaciones relevantes en las terminales portuarias de Amberes, Port Said, Haifa, Singapur, El Pireo y Valencia. Por su parte, China Merchants Port Holding (CMPH) está más extendida internacionalmente, gestionando, además de una terminal en Hong Kong, otras terminales portuarias en Colombo (Sri Lanka), Kaohsiung (Taiwan); Lagos, Lomé, Tin Can (Nigeria); Djibouti, Manila (Filipinas); Bagamoyo (Tanzania) y Cebu; y otras en colaboración con CMA/CGM (segunda naviera mundial en capacidad de transportar contenedores), concretamente la Terminal Link, con el 50% del capital, que le permite estar situado en otras latitudes geográficas, como América del Norte, Europa y Extremo Oriente.

Una re-lectura de las últimas acciones chinas lleva a algunos especialistas a volver a insistir en el nacimiento de una nueva ruta de la seda, pero esta vez bajo la forma de un “collar de perlas”; es decir, de una apuesta por el desarrollo de infraestructuras y servicios comerciales que garanticen una interacción económica y financiera, no excluyente de una estrategia naval militar.

Cuadro nº 2

Principales proyectos portuarios formulados bajo la estrategia china

Puerto

País

Puerto

País

Puerto de Chittagong

Bangladesh

Kuantan Port

Malaysia

Colombo Harbour

Sri Lanka

Kyaukpyu Deep Sea Port

Myanmar

Koh Kong New Port

Camboya

Melaka Gareway

Malaysia

Darwin Port

Australia

Port of Muara

Brunei

Doraleh Multipurpose Port

Djibouti

Port of Payra

Bangladesh

Al Duqm Port & Drydock

Omán

Port of Tanjun Priok

Indonesia

Port of Gwadar

Pakistan

Port Klang/ Sittwe Port/ Sonadia Port

Malaysia/ Myanmar/

Bangladesh

Magampura Mahinda Rajapaksa (Hambatota Port)

Sri Lanka

 

 

Fuente: Elaboración propia.

Cuadro nº 3

Rasgos de las principales empresas marítimas chinas

COSCO

HUTCHINSON PORT HOLDING

CHINA MERCHANTS GROUP

Cuarta compañía marítima del mundo. Posee 311 portacontenedores propios. Mueve 1,64 millones de Teus. Está presente en 332 rutas; hace escala en 254 puertos de 107 países. Posee 46 terminales portuarias. En España está presente en Valencia y Bilbao, después de la adquisición de Noatum.

Segunda empresa terminalística del mundo. Posee terminales en 51 puertos de 26 países, preferentemente Asia (17), Europa (12) y América (8). 

En España esta presente en Barcelona con la terminal BEST.

Compañía marítima que hace escala en 32 puertos de 17 países. Además de los puertos americanos, europeos está muy presente en África (Togo, Costa Marfil, Nigeria, Djibouti).

Fuente: Elaboración propia.

Pero, no solo existe una estrategia marítima, sino que China busca sacar partido de las ventajas comparativas aprovechando su estrategia pro-activa de apertura de sus mercados y de reforzamiento de sus interacciones en Asia. Las iniciativas englobadas en la Ruta de la Seda se agrupan en la constitución de seis corredores terrestres que cubren todo el continente. En una primera parte, referenciamos tres de ellos: a) la ruta Principal (ruta del Norte) que comprende ferrocarriles y gasoductos que cubren Eurasia y conectan China con Europas a través de Mongolia, Rusia y Kazakhstan. Algunas partes ya están en funcionamiento; b) el Corredor central, que conecta el gran oeste chino con Asia central y con el Medio Oriente, por medio de Turquía, vía Irán; y c) el corredor China-Pakistán (Ruta meridional) que va desde la provincia china de Xinjiang al puerto de aguas profundas de Pakistán, Gwadar, en la actualidad gestionado por la empresa china, la China Overseas Port Holding. Para en una segunda parte, situar los otros tres corredores que completan la red de la ruta terrestre: d) Son el corredor China-Mongolia-Rusia; e) el corredor Bangladesh-China- India-Myanmar; y f) el corredor China-Indochina, a través del norte de Laos. La interconexión entre la apuesta marítima con los retos terrestres configura la potencia del proyecto y las sinergias esperadas.

5.- Los desafíos geopolíticos y geo-económicos de la nueva ruta de la seda

Mas allá de los desafíos económicos planteados por el OBOR, esta iniciativa posee, además, una dimensión estratégica y geopolítica indudable. Así las cosas, resulta fácil describir dicha iniciativa en torno a los siguientes aspectos:

a) la estrategia de estabilización de la periferia del país; potenciación de las provincias del interior (Yunnan, Gansu y Shaanxi); y amplio desarrollo de los controles contra los “peligros” provenientes de los países vecinos;

b) el relanzamiento de nuevas bases estratégicas fundamentadas en la atractividad económica de la China apoyándose especialmente en las relaciones económicas internacionales (Callahan,2016);

c) como contra-modelo frente a los Estados Unidos de América, en la medida que los analistas chinos basan sus argumentos en una dialéctica regional que se eleva hasta los desafíos globales. En ese sentido, la estrategia de afirmación de la potencia china marca el camino hacia un re-equilibrio de espacios en el que China hace de pivote asiático;

d) esta estrategia se ve retroalimentada ante los discursos proteccionistas de Trump, reforzando el análisis de los orígenes de la estrategia china. En consecuencia, el OBOR aparece como una contra-estrategia, destinada a contrabalancear las apuestas norteamericanas y la tradicional presencia de EEUU en el continente asiático. Es lo que Wang Jisi, director del departamento de Estudios Internacionales de la Universidad de Pekin, denomina “definir una nueva esfera de influencia hacia el Oeste evitando una confrontación directa con los EEUU en el marco del Pacífico” (Jisi,2012).

Tres objetivos destacan en los postulados de la estrategia china: a) el deseo de reorganizar Asia sobre la base de un sistema de partenariado político y económico; a diferencia del sistema de alianzas de seguridad americano; b) una estrategia de largo alcance, en la medida que está previsto que dure y se extienda hasta 2049, para hacerlo coincidir con el centenario de la República Popular China; y c) conseguir que, a lo largo de dicho periodo, pueda situar a China con un nuevo estatus de potencia mundial y ser una gran referencia militar.

No obstante, dicha plasmación de objetivos tiene dos debilidades relevantes. De una parte, es preciso que la economía china siga siendo muy potente para poder disponer de fondos presupuestarios elevados para llevar a cabo dichas inversiones; y, de otra parte, en la medida que una parte sustancial de las inversiones se dirigen hacia las infraestructuras y se efectúan en el extranjero, habría que esperar de las mismas unos efectos económicos y políticos acordes con las expectativas y previsiones.

Hasta el momento, las noticias dan cuenta que China tiene desbloqueados en torno a 1.400 millones de dólares para financiar estas iniciativas, aunque también están estimados que se juzgan necesarios de aquí a 2049, dos veces el PIB anual de China (de 12.300 millardos de dólares en 2017). No es menos cierto que la iniciativa Belt and Road tiene como misión elaborar las soluciones de financiación que serán aportados por una amplia multitud de agentes, ya sea públicos (Corporación de Inversión de China; China Development Bank; Banco Asiático de Inversiones en Infraestructuras; China–ASEAN Investment Cooperation Fund; China-Eurasia Economic Cooperation Fund, etc.) como privados (Shandong Gold Group o Shaanxi Gold Group).

Europa observa la iniciativa de Xi Jinping desde un análisis clásico; o sea, desde una visión de realpolitik, al recalcar que la iniciativa china es un proyecto geo-político de dominación. Pero, existen otras perspectivas de análisis, como aquellas que defienden ciertos agentes económicos y políticos (como por ejemplo Shang-Jin Wei, profesor de Finanzas y Economía en la Universidad de Columbia), que observan criterios de protección y fomento de intereses comerciales, buscando la necesidad de cooperación e introduciendo la idea de una nueva posición china en un proyecto amplio de mundialización, basado en un conjunto de proyectos y planteado de forma pragmática.

Desde la perspectiva académica el planteamiento de la Nueva Ruta de la Seda no es más que una “nueva definición” de la ya existente; pues, desde finales del siglo pasado, la ruta China-Malacca-Suez que canaliza el comercio China-Europa ya está consolidada y las nuevas expediciones árticas están siendo movidas e iniciadas por varios operadores y corporaciones marítimas, sean chinas o europeas,

Por tanto, las cuestiones planteadas desde el análisis de política general pueden quedar enmarcadas en los siguientes apartados: a) desde la naturaleza de las reglas de juego. En este sentido, Europa debe saber que normas, estándares y reglas deben quedar explicitadas en los proyectos de infraestructuras relativas a la conectividad y a la cooperación; b) desde los grados de vinculación entre las agendas de inversión y las de influencia política. Las recientes inversiones y toma de participación de China en empresas ubicadas en Grecia son un buen ejemplo de ello; c) desde la complementariedad en el campo de la cooperación y en aquellos sectores claves en donde la competitividad se ha endurecido y es más intensa; especialmente en el caso de la actividades de la construcción naval, la logística o las telecomunicaciones; y d) desde la estrategia relativa a definir un nuevo posicionamiento geo-político de China en el espacio “indo-pacifico”, a través de la constitución de bases locales que impulsan la estrategia de conformar una potencia naval.

Asimismo, es preciso llamar la atención de algunos requisitos ineludibles en un futuro cercano. Todavía existen retos no abordados de manera explícita pero que revolotean constantemente en las negociaciones políticas. Nos referimos a que es preciso acelerar la apertura del sector bancario y financiero chino a los inversores extranjeros. Asimismo, hay que facilitar las inversiones en la provincia de Xinjiang, provincia clave por donde pasan tres de los seis corredores; lugar de fuertes tensiones inter-étnicas e inter- religiosas. De igual forma, hay que resolver los problemas de seguridad en la medida que el terrorismo y la piratería podrían bloquear la gestión de los corredores.

Es evidente, como apuntábamos anteriormente, que esta iniciativa política y económica está vinculada con una estrategia militar. Por eso, no nos podemos olvidar del mencionado “collar de las perlas” o la cadena de bases chinas o de alianzas militares en aquellos países en el que pudieran apoyarse en caso de un conflicto bélico. Dichas diez bases están localizadas en la Isla de Hainan; Camboya; Canal Kra; Islas Andamán; Chittagong; Hambantota; Marao; Gwadar; Adén; y Puerto Sudán.

6.- España y la nueva ruta de la Seda

China perfila un rol de atalaya para la península ibérica en su proyectado escenario mundial. Espera encontrar un lugar a donde exportar bienes de alta tecnología y otros productos de elevado valor añadido. Desea implementar a través de los puertos (financiados por sus empresas), y por medio de las rutas (controladas por los acuerdos internacionales con los países de la Franja y de la Ruta), una nueva red de flujos comerciales, sólidos y permanentes, que les permita generar sinergias territoriales y promover alianzas empresariales.

En sus escritos oficiales, España ha ido resaltando las sinergias existentes entre las dos economías, tal y como se expuso en el documento “Visión Estratégica para España en Asia”, por medio de Corredor Mediterráneo en búsqueda del “beneficio mutuo”. Se promueve, siguiendo las tesis del gobierno de M .Rajoy, una lógica win-win, aunque no es un acuerdo entre iguales.

China parte de una estrategia exterior defendida a través de un programa y un plan llamado “Made in China 2025”; en tanto que España, hasta el momento, solo busca un marco de entendimiento y unos acuerdos bilaterales sectoriales, lo que da lugar, siempre, a un saldo de ganadores y perdedores (Cardoso, 2017).

La reciente visita a España del presidente Xi Jinping (diciembre 2018) significó un cambio de rumbo, aunque todavía faltan concreciones. De una parte, España mantiene unos intercambios comerciales relativamente modestos. Desde la perspectiva China, las exportaciones a España representan escasamente el 1,01% del total exportado en 2017; y nuestras exportaciones a China suponen el 0,45% del total importado por dicho país. Con ello, se significa nuestra débil posición comercial, aunque al mismo tiempo, se podría subrayar el potencial que el comercio bilateral podría suponer de incrementarse las relaciones comerciales. De otra parte, es fácil deducir que el objetivo de Xi Jinping no estaba, exclusivamente, centrado en propiciar un aumento de nuestras exportaciones o de recortar el déficit comercial con China, cifrado en cerca de 19.500 millones de euros en 2017.

Nuestro análisis se centra es escudriñar cuatro posibles hipótesis de trabajo. La primera que China decidiera buscar en España y Portugal la ubicación de una plataforma logística dentro de la Unión Europea. Hasta el momento, las inversiones chinas en ambos países podrían corroborar dicha hipótesis, corroborado por el hecho de que ambos países continúan demostrando una amplia capacidad para recibir inversiones procedentes de China. La segunda posibilidad de interpretación radica en que la opción china suponga reforzar, de manera más estrecha, las relaciones comerciales y políticas con determinados países de la Unión Europea para poder afianzar sus posiciones comerciales a medio plazo en un mercado internacional muy abierto a confrontaciones y a guerras arancelarias; en suma, buscar clientes importantes y relevantes. Una tercera opción, complementaria de la anterior, es evitar que algunos países de la Unión Europea sigan las medidas estadounidenses de incrementar las presiones e imponer aranceles sustanciales a las importaciones chinas. Y, por ultimo, una cuarta hipótesis radica en estrechar lazos culturales tanto con España como con Portugal para ampliar sus contactos con Hispanoamérica y algunos estados africanos, de modo que China pudiera aprovecharse de ese legado histórico y cultural, para abrirse paso en los mercados y en las relaciones comerciales.

No cabe duda, por lo tanto, que la estrategia china es principalmente comercial, pues coincide con el progresivo desmantelamiento de los sectores industriales en numerosos países occidentales, con el consiguiente incremento del déficit comercial, con caídas del empleo, menores tasas de crecimiento de los salarios y aumentos de los niveles de paro. China se ha dado cuenta que la globalización y la liberalización comercial genera asimetrías; y aunque en la actualidad se ha puesto a defender el multilateralismo, también habrá que recordar que varias de sus políticas económicas (en relación a los tipos de cambio), las industriales (la falta de respeto a la propiedad intelectual) y las sociales (referidas a las condiciones laborales) podrían calificarse de competencia desleal.

Ante dicha estrategia, España, tanto de manera individual como dentro de una estrategia conjunta con la Unión Europea, debería estar mucho más preocupada por el nuevo giro de las actuaciones chinas. De una parte, por la progresiva dinámica de concentración económica y del creciente poderío militar; y, de otra parte, por la presencia creciente en las actividades y sectores estratégicos de un país que, como bien apuntaba el Gobierno alemán, resulta necesario proteger y evitar una toma de poder por parte de países extranjero.     

7.- Epílogo

La estrategia china parte de una nueva concepción de la política mundial. Los viejos paradigmas se fundamentaban en procesos de integración inter-dependientes y complejos desarrollados entre Estados-nación; es decir, el centro del análisis es el Estado. Los actuales puntos sobre los que se fundamentan las relaciones internacionales tienen en cuenta una nueva función del Estado, la de constituir un actor unitario en el juego diplomático y de relaciones; pero no único y excluyente. Además, la agenda internacional está compuesta por múltiples temas que no están determinados por sus jerarquías, en los que resulta difícil distinguir los asuntos internos y los externos; y en los que los temas militares, de manera expresa, no dominan la agenda ni el temario. El presidente Xi Jinping parece haber dado prioridad a una vasta operación política por concentrar en sus manos los instrumentos de control y ejercicio de poder, que había recibido dispersos entre un buen número de cuadros y funcionarios, cuyas lealtades apuntaban más a sus predecesores inmediatos que a él mismo, señalándose como un “nuevo líder”.

El gobierno chino busca en su estrategia de la Ruta de la Seda una fórmula para ganar influencia en la región; en poder adaptar un escenario que mejor se ajuste a sus intereses; en la promoción de nuevos organismos internacionales más propicios a sus apuestas; y en el fomento del multilateralismo. Por otro lado, promociona la emergencia de actores privados como partenaires de las estrategias mundiales convirtiéndose, estos últimos, en instrumentos básicos para implementar las acciones exteriores de China. El propio Xi Jinping lo sintetizaba en el 19 Congreso del Partido Comunista, cuando afirmaba “al seguir una diplomacia propia de un gran país hemos hecho avanzar la agenda internacional de China en todas las partes y hemos creado un ambiente externo favorable para el desarrollo nacional. Hemos presenciado un nuevo incremento de la influencia internacional de China y de sus habilidades y capacidad para abrir y configurar nuevos rumbos, China ha hecho importantes y novedosas aportaciones a la paz y al desarrollo mundial (Xi Jinping,2017). Y mucho más recientemente en su discurso conmemorando el 40 aniversario del inicio de reforma y apertura económica, celebrado a mediados de noviembre de 2018, cuando subrayaba que ”nadie está en posición de dictar a China lo que debe hacer”.

Los datos económicos refuerzan los discursos institucionales. En los últimos cuatro decenios (1980-2017), el PIB (medido en paridades de poder de compra) de China ha pasado de equivaler el 1/50 al 1/5 de la economía mundial. Respecto a la economía de EEUU ha pasado de algo más de una décima parte a superarle entre un tercio y un cuarto. El PIB per capita de China que apenas representaba el 2% del PIB per capita de EEUU, es ahora el 28%. O sea, que los indicadores se han multiplicado por un factor de orden de 10, a lo largo de los últimos cuarenta años (Navarrete,2018).

Desde 2000 hasta 2018, las exportaciones de Estados Unidos a China crecieron un 530%, mucho más que el crecimiento acumulado del 130% de las exportaciones de EEUU al mundo general. Es el resultado directo de la considerable dinámica liberalizadora comercial unilateral que implementó China desde que se adhirió a la OMC al igual que presume de haber reducido las tasas arancelarias del 30% a menos del 6%, destacando que ningún país ha desmantelado más reformas pro-mercado que ellos en los últimas cuatro décadas. (Shang-Jin Wei,2019).

Cuadro nº 4

Datos económicos de China: ayer, hoy y mañana

1980

Concepto

2017

2020

987

Población total (millones habitantes)

1.391

1.416

306

PIB (miles millones $)

23.122

29.552

2,3

Ratio PIB China/Mundo

18,3

19,7

11,4

Ratio PIB China/EEUU

119,4

135,3

310

PIB per capita ($)

16.624

20.877

35,5

Inversión total China/PIB (%)

44,0

42,4

24,1

Gasto total Gobierno China/PIB (%)

31,2

31,1

Fuente: FMI. World Economic Outlook. Data bases: www.imf.org

En la actualidad, dados los diversos riesgos económicos (los denominados “vientos en contra”) existentes en la economía mundial, China afronta incertidumbres tanto de naturaleza estructural o de largo plazo (envejecimiento de la población y dificultades en lo tocante a los suministros de energía y otros recursos) como de tipo coyuntural (posible emergencia en lo que concierne al nacimiento de burbujas inmobiliarias o crediticias). Sin embargo, los analistas internacionales coinciden en que el crecimiento de los próximos años no será tan espectacular, pero si será importante; y, finalmente, estará situado entre los más elevados de las grandes economías. El FMI estima una tasa de crecimiento del 6,1% en 2020, y un 5,6% para 2022.

La iniciativa Belt and Road es un proyecto que impulsa la promoción del librecambio. Sin embargo, hay autores que lo relacionan como una simple iniciativa para responder a las consecuencias de una ralentización económica y a las estrecheces que posee la economía de China para impulsar su desarrollo (Rolland,2017). Las fuertes inversiones en infraestructuras terrestres, marítimas, energéticas y de comunicación tienen por objetivo acelerar y facilitar los intercambios mundiales.

China ha seguido apostando por las negociaciones de los acuerdos Transpacíficos a pesar de la retirada de de EEUU, haciendo ver al mundo sus apuestas por proyectos competitivos. Posee voluntad global, con intención de estar presente en todos los continentes: Europa occidental, África, América Latina, Oceanía y amplias zonas del ártico. Trata de englobar a 65 países con sus iniciativas. Dicha vocación universal buscar aislar simbólicamente a EEUU. al aceptar un espacio estratégico más amplio donde tenga cabida la emergente potencia china (Wang,2016).

Aunque se trate de una apuesta china el éxito de las nuevas rutas de la seda no depende única y exclusivamente de China, Los desafíos y obstáculos son múltiples y cada país esta invitado a desarrollar su parte alícuota en la estrategia. Hablar de la Ruta de la Seda supone considerar la “economía azul”. Todas las actividades englobadas en el PIB marítimo chino representan aproximadamente el 10% del PIB total.

Las apuestas por la globalización marítima suponen aceptar la lógica del beneficio; y se enmarca, lógicamente, en tres sub-lógicas: a) la lógica económica; b) la visión política; y c) una perspectiva de defensa. Dicha triple apuesta y posicionamiento recalca varios proyectos: a) un desarrollo de las infraestructuras portuarias: correspondiente a las inversiones e inserción de los puertos de Gwadar (Pakistán); Hambatota (Sri Lanka), Djibouti, Kyaupkyu (Myanmar), Malacca (Malaysia); b) un desarrollo de las estrategias de los agentes marítimos nacionales: COSCO y China Merchants; c) un desarrollo y afianzamiento internacional de las Terminales Portuarias: Hutchison Port Holding; d) un desarrollo económico de franjas litorales: Grecia, Israel, Egipto, países africanos, latino-americanos y australianos, y e) el establecimiento de bases navales: Djibouti, Vanuatu,

Por lo tanto, China busca y desea demostrar que es capaz de afrontar los proyectos mencionados y, con ello, lograr pesar más en la escena internacional. En la práctica, China busca expulsar o relegar a los EE UU fuera del continente asiático, desafiándole a través de su influencia política y económica, y tratando de limitar su presencia militar e institucional en la región. La rivalidad es notable, hasta el punto que el Gobierno de China recupera el término de Silk Road, que fue empleado por la diplomacia americana (Hillary Clinton, en 2011 en Afghanistan); y los propios chinos hablan del “sueño” (Zhongguo meng), a imitación del clásico eslogan del “sueño americano”.

Este proyecto de dimensión multilateral tiene su colofón con el denominado “Made in China 2025”, en el que China desea convertirse en el leadership en high tech shipping, y en la utilización de las tecnologías de la información, admitiendo que debe operar en una lógica mundial de intensa competencia. Dicho proyecto busca no solo producir en China, sino pensar y desarrollar un producto en China. Dicho plan es comparable al de la industria 4.0, adoptado por Alemania en 2012.

China desea convertirse en una de las economías más innovadoras en 2020, y poder competir con Estados Unidos, Alemania y Japón en 2025; para lograr ser leadership de la innovación en 2049, fecha del centenario de la República Popular de China. En la actualidad las empresas chinas superan a Japón en el apartado de mayor generador de patentes nacionales del mundo, en el año 2018 se concedieron 1,8 millones de patentes. A la hora de protegerlas, la Oficina de Patentes y Marcas de EEUU dio el visto bueno a 12.589 patentes de empresas chinas, un 12% más que en el ejercicio anterior. En suma, a medida que desarrollan tecnología innovadora (especialmente en computación, telecomunicaciones e inteligencia artificial) la están patentando, lo que subraya que su actividad de patentes está creciendo más rápida que otros países desarrollados debido, especialmente, al crecimiento investigador. O sea, China ha pasado de ser receptor de tecnología a un generador de la misma.

Ahora, en el marco del plan “Made in China 2025” se contemplan cinco elementos básicos. Uno de los componentes principales consiste en el crecimiento de la robotización en las cadenas de producción. El segundo elemento se trata de sostener las bases industriales en el país, esto es, retener el empleo industrial y producir más del 70% de las materias y piezas necesarias para el ensamblaje de sus industrias. El tercero, que los nuevos centros de innovación industrial deberán estar vinculados con todos los países del mundo. El cuarto elemento hace referencia a la optimización de la energía y al potenciamiento del desarrollo de las energías renovales. El quinto menciona como objetivo final el desarrollo de productos de alto valor añadido; esto es, no solo adoptar las innovaciones extranjeras, sino definir nuevos estándares de producción y poseer capacidad de imponerlas al resto del mundo, dado que China es el primer país depositario de patentes.

Además de dichas apuestas por la “economía azul” el Gobierno de China continúa desarrollando sus apuestas por convertirse en una potencia naval. Admite que debe competir por el liderazgo con los EEUU, tanto en lo que concierne a la defensa de sus intereses comerciales como en los beneficios colaterales con los países vecinos y aliados a sus estrategias.

Los términos de leadership son utilizados profusamente en los discursos oficiales chinos, ya sean referidos a las dimensiones económicas, militares, o de influencia política interna como de influencia internacional. Europa, por su parte, solo contempla la iniciativa china de la Ruta de la Seda como un elemento de competitividad en el campo de la economía azul; lo que sin duda es una visión corta y reducida de los planos de actuación.

Como conclusión se pueden establecer cinco líneas interpretativas de la estrategia china: a) el desarrollo de una triple diplomacia (de asociación, económica y financiera) para revitalizar y rejuvenecer las políticas económicas chinas y el establecimiento de un nuevo orden económico internacional; b) la promoción de un nuevo proceso de integración económico más allá de las cuestiones estratégicas que le permita responder a una política económica interna afectando por tanto al desarrollo de políticas internas; c) la definición de un destino compartido como respuesta de la implementación de una estrategia que cumpla con el sueño chino; d) la competencia por la hegemonía regional, y e) el fortalecimiento de una estrategia multilateral acorde con la promoción de sus intereses nacionales.

O, como plantea Alice Ekman (2018b), cinco evoluciones distintas: la voluntad de ser la vanguardia de la reestructuración de la gobernanza mundial; la apuesta por el multilateralismo; la promoción de un modelo de desarrollo alternativo al del consenso de Washington; la difusión y penetración de nuevos estándares y normas internacionales; y la promoción de una visión post-occidental del mundo. Tales líneas no están en consonancia con las esperadas por EEUU, Japón o Corea del Norte. La India no es indiferente y busca un entendimiento bilateral; en tanto que Rusia se siente más participativa. @mundiario

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