Seat, Renfe y Ford, unos acrónimos legendarios

Un tren AVE de Renfe. / Mundiario
Un tren AVE de Renfe. / Mundiario
Dicen que los niños y los borrachos nunca mienten, y en esa franqueza infantil, las marcas y empresas de nuestra infancia se transformaban en ingeniosos acrónimos cargados de humor.
Seat, Renfe y Ford, unos acrónimos legendarios

¡Ey Tecnófilos!

Hoy nos adentramos en un viaje nostálgico hacia nuestra niñez, esa época dorada donde la inocencia y la sinceridad se entrelazan con nuestros recuerdos más puros y divertidos. Dicen que los niños y los borrachos nunca mienten, y en esa franqueza infantil, las marcas y empresas de nuestra infancia se transformaban en ingeniosos acrónimos, cargados de humor y, a veces, de una sutil crítica que solo la inocencia de un niño podría idear sin malicia alguna.

Recordemos, por ejemplo, Seat que en nuestras charlas de patio de colegio se convertía en "Siempre Estarás Apretando Tornillos". Este acrónimo, lejos de ser una crítica mordaz, era más bien una imagen tierna de aquellos momentos familiares dedicados al cuidado del coche familiar. Seat, más que una marca, se convertía en un símbolo de esos fines de semana en los que padre e hijos se unían bajo el capó del coche, compartiendo herramientas, historias y sonrisas.

Pasemos a Ford, que en nuestras mentes infantiles se transformaba en "Fabricación Ordinaria, Rotura Diaria". Este juego de palabras era una muestra de cómo percibíamos el mundo adulto, una forma de imitar a los mayores hablando de cosas de "grandes" con una mezcla de admiración y una comprensión aún inocente. Y cómo olvidar la respuesta de los devotos de Ford, quienes, con un orgullo casi paternal, nos enseñaron a leerlo al revés, encontrando en "DROF" un significado más noble y respetuoso como: Dicen Rabiosos Otros Fabricantes

Llegamos así a Renfe, "Robamos, Estafamos, Nunca Fallamos, Españoles". A través de los ojos de un niño, este acrónimo reflejaba esas largas esperas en estaciones, esos viajes que parecían aventuras interminables. Para nosotros, los pequeños, Renfe era ese gigante de hierro que nos llevaba a lugares desconocidos, un gigante que a veces parecía dormirse en los rieles.

Estos acrónimos, creados en el patio de la escuela o en las esquinas de nuestras calles, eran más que simples juegos de palabras. Eran una manera de entender y de interactuar con el mundo que nos rodeaba. En esa época sin internet ni redes sociales, estos acrónimos eran nuestra forma de comunicarnos, de compartir y de pertenecer a algo más grande.

Cada acrónimo era una pequeña obra de arte, fruto de la imaginación desbordante de la infancia, donde cada letra escondía una historia, una anécdota, un pedazo de nuestra vida cotidiana. Era nuestra forma de hacer el mundo adulto un poco más nuestro, de darle un toque personal y único a esas marcas y empresas que formaban parte de nuestro día a día.

Hoy, al mirar hacia atrás, nos damos cuenta de que esos acrónimos eran más que juegos infantiles. Eran la expresión pura de esa sinceridad y esa perspicacia que solo los niños poseen. Nos enseñaron a ver el mundo con otros ojos, a cuestionar y a reír, a encontrar la magia en lo cotidiano.

Y en el caso de Renfe, ese acrónimo que nació de la inocencia y la observación infantil, sigue resonando hoy en día, recordándonos que, aunque crezcamos, hay cosas que permanecen, que se convierten en parte de nuestra historia colectiva.

Al final, estos recuerdos nos evocan que, en el corazón de cada adulto, sigue latiendo ese niño que una vez jugó a reinventar el mundo con solo unas cuantas letras y mucha imaginación.

¡Se me tecnologizan! @mundiario

Comentarios