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¿Ya saben los políticos cómo llenar la España "vaciada"?

El problema no es el envejecimiento –menos aún si es activo–, sino el desequilibrio que se produce en la relación entre los mayores y los jóvenes, que hace peligrar el pacto intergeneracional.

¿Ya saben los políticos cómo llenar la España "vaciada"?
Manos de un padre, una madre y un bebé. / Pixabay
Manos de un padre, una madre y un bebé. / Pixabay

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María Cadaval

María Cadaval

La autora, MARÍA CADAVAL, es columnista de MUNDIARIO. Doctora europea en economía, es profesora de Economía Aplicada de la Universidad de Santiago de Compostela (USC). @mundiario

En campaña electoral se suceden manifestaciones que quieren hacer oír diversas demandas colectivas. Los partidos políticos se muestran solícitos a atenderlas -si así lo indica el cálculo electoral-, independientemente de que tengan o no capacidad resolutiva. No es casualidad que la gran concentración de la España “vaciada” se haya hecho oír en los prolegómenos de los comicios generales.  El envejecimiento de la población, la escasa natalidad, el traslado de la población a las urbes o la emigración llevan años forjando la configuración de un país sobre el que, de repente, parece urgente actuar.

Es habitual hablar de envejecimiento de la población con una connotación negativa cuando, al contrario, debiera ser la  muestra de un éxito colectivo alcanzado a través de la extensión del Estado de Bienestar. El problema no es el envejecimiento -menos aún si es activo- sino el desequilibrio que se produce en la relación entre los mayores y los jóvenes, que hace reducir la proporción de población en edad laboral y peligrar el pacto intergeneracional. Sería sencillo reclamar sin más un mayor número de nacimientos, pero resultaría un esfuerzo en vano. No existen milagros para revertir la baja tasa de fecundidad que revela España y menos aún el deseo de volver a las tasas de natalidad de principios del siglo pasado, hoy los tiempos han cambiado.

De todos modos, no debemos caer en la tentación de focalizar el problema demográfico solo en la evolución de la natalidad o fecundidad, el asunto tiene profundas raíces económicas. En este sentido, si fuesen ciertos los datos que revela el Informe España 2018, donde se afirma que los jóvenes desean tener más hijos -2 en lugar del 1,3 actual-, no sería falta de voluntad lo que determina la baja natalidad, sino más bien la existencia de muros infranqueables que impiden dar cumplimiento a las aspiraciones reproductivas.  La inestabilidad laboral, la temporalidad de los contratos, las bajas retribuciones salariales, las tímidas políticas de igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres, la falta de garantía en el desarrollo de las carreras femeninas -de igual modo que las masculinas-, hacen muy difícil recuperar los estos índices.Los datos son incontestables, durante el boom económico -entre 2001-2008, se produjo en España un importante repunte de la natalidad, que se retrajo de nuevo con la crisis.

No es válida la visión estática y tradicional con la que se analiza la demografía, no son suficientes los análisis cuantitativos sino que hay que bucear en lo cualitativo y actuar en la demografía a través de la política social, económica y cultural. Si convenimos que la decisión de reproducirse no es solo personal sino también social, la conclusión está clara: hay que socializar los costes para después poder colectivizar los beneficios.

¿Es demasiado tarde? El futuro no está escrito, este es solo el punto de partida para afrontar el desafío y encarar el reto demográfico. La puesta al día de las políticas públicas ha de acompañarse de la asunción de un compromiso claro, de largo plazo, en el que la estrategia poblacional se cuele de manera transversal en todos los ejes de la administración, al tiempo que se consiga  involucrar a los agentes económicos y sociales privados. Y todo esto será posible con un crecimiento sano de la economía, que permita un reparto equitativo de recursos. En caso contrario, a la sociedad española solo le queda languidecer entre el anhelo de lo que fue y el deseo de lo que querría ser. @mundiario