Rosalía Mera: Ha muerto una mujer gallega, emprendedora y comprometida

Rosalía Mera, retratada por Xurxo Lobato.

La historiografía empresarial gallega tiende a simplificar cuando atribuye a Amancio Ortega la exclusividad en la construcción del imperio Inditex. El papel de Rosalía Mera también fue decisivo.

Rosalía Mera fue en vida una gran desconocida, muy probablemente por haber priorizado unos valores muy distintos a los imperantes en el mundo frívolo de la prensa rosa e, incluso, a los imperantes en el mundo de las grandes fortunas. Quizás, desde la ingenuidad, se podría haber descrito la trayectoria vital de Rosalía Mera  como la demostración de que con duro trabajo se puede llegar arriba y de que el que llega arriba desde abajo tiende a devolver a la sociedad parte de lo que recibió de ella. Tuve la suerte de conversar con Rosalía Mera en muy pocas ocasiones, pero esa mínima experiencia me basta para saber que no compartiría en absoluto una definición así.

Rosalía nació en 1944 cerca del antiguo Matadero coruñés y en las extremas del barrio coruñés de Monte Alto, una de las patrias (la otra es  Castro) coruñesas del escritor Manuel Rivas. El barrio popular por excelencia de A Coruña, y, además, el de más personalidad. Un barrio siempre de izquierdas, con gran actividad cultural y donde el nacionalismo gallego siempre ha tenido una presencia importante desde 1977. Un distrito de trabajadores, donde, sin embargo, han surgido no pocas vocaciones empresariales  de esta ciudadanía activa, solidaria y luchadora.

Rosalía, siempre tan alejada de tópicos, cumple, sin embargo, el de la mujer gallega trabajadora de posguerra, sufriendo la interrupción  no deseada de sus estudios para ayudar en casa trabajando en “La Maja”,  una  tienda de moda-entonces puntera-, del centro de la ciudad. Un centro al que los  vecinos de Monte Alto se refieren, conscientes de su personalidad, como una realidad separada, cuando dicen Baixo á Coruña.

La emprendedora

La historiografía empresarial gallega tiende a simplificar cuando atribuye  a Amancio Ortega la exclusividad en la construcción del imperio Inditex. Porque los cimientos de este Imperio los echaron, si, los hermanos Antonio y Amancio Ortega Gaona, a los que Rosalía conoció trabajando en “La Maja”, pero siempre en unión de sus respectivas parejas: Primitiva, en el caso de Antonio, y Rosalía, en el caso de Amancio. Su primera iniciativa fue una fábrica de batas (“Goa”, acrónimo formado por el inverso de las iniciales de Amancio Ortega) que precisó un importante endeudamiento bancario. Rosalía siempre ha manifestado que su implicación excedió con mucho de la mera colaboración y tendió a ser ciertamente protagónica. De hecho, como nos recuerda el periodista gallego (“Amancio Ortega, de cero a Zara”) Xabier R. Blanco,  el proyecto GOA lo inició la propia Rosalía en 1963, antes de que se incorporará Amancio “full time” y antes incluso de que ambos contrajeran matrimonio, del que se cumplieron hace días 47 años y que se rompería definitivamente veinte años después, en 1986.

La primera década, que sentó las bases del modelo de negocio de Zara (cuyas primeras tiendas se abrieron en 1975), marca comercial de Goasam (el grupo Inditex como estructura general no se creó hasta 1979) conoció del trabajo extenuante y de la aportación esencial de Rosalía Mera a la Empresa, muy particularmente en la concepción central del diseño y en la convicción de que la Empresa debería integrarse verticalmente. Es decir, diseñar, fabricar lo diseñado, distribuir lo fabricado y comercializar lo distribuído. A partir de esta integración vertical (el primero de los secretos de la Casa) surgió el estudio día a día de las ventas de las propias tiendas como la mejor detección de mercado para reducir “stocks” y producir lo que el cliente demandaba (“just in time”, segundo de los secretos del Grupo) para seguir con la internacionalización del Grupo (tercero de los secretos de la Casa), iniciada en 1988.

La comprometida

Pero en 1988 hacía ya varios años que Rosalía había modificado sus prioridades y, por tanto, su dedicación. Porque en 1971 nació, con una grave discapacidad, Marcos, el segundo hijo de Rosalía y Amancio (la primera, Sandra, había nacido en 1968). En los años siguientes Rosalía disminuye su dedicación empresarial. Y transforma su circunstancia familiar en piedra angular de su compromiso social. Nace la Fundación Paideia Galiza,  primigeniamente ocupada en la integración sociolaboral de las personas discapacitadas, pero que muy pronto rompió los moldes a los que se ajustaban las Fundaciones y proyectos filantrópicos o solidarios en Galicia. Porque Paideia Galiza supo romper con una concepción asistencialista y de beneficencia para colaborar con otros agentes privados y con las Administraciones Públicas en el diseño y desarrollo de grandes líneas de actuación favorecedora de la inclusión social.

De este modo, la Fundación de Rosalía Mera crea, con la ayuda del IGAPE (la Agencia financiera del Gobierno gallego) el Centro empresarial “Máns”, vivero de empresas destinado a sectores considerados estratégicos para Galicia por Rosalía Mera: las TIC, la industria audiovisual y la industria musical. Consideración estratégica que contrasta con el abandono de estos sectores por parte del Gobierno gallego de Feijóo. Asimismo construye otras iniciativas empresariales de economía social, el “Servizo de asesoramento xurídico e social” destinado a la discapacidad y una gran actividad editorial y de difusión “on line” y presencial en los 12000 m2 que la Fundación ocupa frente a las Casas do Concello coruñesa, en  la Praza de María Pita.

La actividad de la Fundación, hoy día, excede con mucho el ámbito primario de la discapacidad y atiende, desde una perspectiva humanista y democrática, muy alejada del asistencialismo, gran número de cuestiones sociales actuales: igualdad de género, exclusión social, perfeccionamiento directivo, economía social…

La otra gran apuesta de Rosalía Mera durante los últimos años ha sido la adqusición de un paquete importante de acciones de la biomédica gallega Zeltia, apostando por una actividad que precisa de muy cuantiosas inversiones para obtener resultados no siempre trasladables fácilmente a la cuenta de resultados. En concreto, Rosalía Mera inspiró toda la línea de investigación de Zeltia orientada a las llamadas “enfermedades raras” . Aquellas respecto de las cuales el conjunto de los laboratorios no prioriza esfuerzos por su falta de rentabilidad, pero que suponen el origen de la discapacidad y muerte de miles de personas.

La persona

Rosalía Mera siempre ha rechazado todo protagonismo y mantenido su intimidad. Pero ha sido inevitable que, sobre todo, gallegos y coruñeses conociéramos algunos de sus intereses y opiniones. A destacar su compromiso con el conocimiento: aquella niña que tuvo que dejar los estudios a los 13 años cursó con aprovechamiento, una vez llegada la treintena, Magisterio y Psicología y adquirió una vasta cultura al alcance sólo de las personas creativas, curiosas y no dogmáticas.

Más repercusión mediática han tenido sus tomas de postura políticas y sociales. La primera y más impactante de ellas fue su adhesión a la plataforma “Nunca Máis”, cuya bandera gallega teñida de negro luto ondeó en la fachada de su Fundación entre noviembred e 2002 y marzo 2003. Una fachada que mira directamente a las coruñesas Casas do Concello, cedidas en enero de 2003 por el alcalde socialista Francisco Vázquez al presidente del Gobierno del Estado, JM Aznar, para celebrar el Consejo de Ministros que aprobaría un retórico y falto de compromisos presupuestarios Plan Galicia, que intentaba acallar la protesta social por la gestión de la crisis del petrolero “Prestige”. En aquel viernes, las banderas de “Nunca Máis” que ondeaban en la Fundación Paideia Galiza eran testimonio del rechazo mudo de Rosalía Mera a la gestión gubernamental y a la complacencia del alcalde coruñés con dicha política, mientras dicho rechazo se hacía perfectamente audible para Aznar desde las miles de gargantas que tronaban “Nunca Máis” desde el exterior del perímetro del primer espacio cívico coruñes,  en aquella fecha desalojado de ciudadanos  por la Policía.

Pero Rosalía ha opinado alto y claro también durante esta crisis, denunciando los recortes en sanidad, educación  y servicios sociales como auténtico suicidio colectivo y defendiendo, no sólo la igualdad de la mujer, sino un enfoque transversal, de género, para todas las actuaciones e intervenciones sociales en materia de empleo, inclusión y empresa. En este sentido, creo que la Rosalía de los últimos 15 años se sentiría cómoda con la definición de ·”feminista·”, con todos los matices que una persona tan singular y poliédrica confiere a esta clase de definiciones. Por otra parte, su hija Sandra y sus nietos han acudido siempre a colegios públicos, por convicción personal y familiar.

La continuidad

La ley sucesoria gallega confiere muy amplia libertad de testar a sus naturales, que disponen libremente de todos sus bienes, salvo de una cuarta parte que se reparte igualitariamente entre sus hijos. Sin embargo, la fortuna personal de Rosalía Mera (la tercera del Estado español, valorada en unos 4600 M€) parece bien estructurada para la continuidad en su gestión, detentando la titularidad de un 6,99% de la cotizada Inditex (participación valorada en 2400 M€) a través de su patrimonial “Rosp Corunna”, que coadministraba su hija Sandra Ortega Mera. Esta patrimonial detenta también un 5% de Zeltia.

Sandra Ortega Mera parece llamada a continuar el trabajo social, comunitario y empresarial de su madre. Y todo indica que esa continuidad es más que probable, ya que parecen compartir esa sensibilidad humana y social. Sensibilidad que no es tan fácil de encontrar, desgraciadamente, en personas de su fortuna.