Los rivales de Telefónica denuncian su dominio casi total de los conductos

Un operario de fibra óptica. / RR. SS.
Los grandes rivales de Telefónica alertan a Bruselas: sin precios regulados en los conductos, la competencia en España está en riesgo real.

La rebelión llevaba tiempo gestándose, pero ahora ha estallado a cielo abierto. Los principales operadores de telecomunicaciones que compiten con Telefónica en España han decidido llevar a Bruselas una denuncia colectiva sin precedentes: aseguran que la compañía presidida por Marc Murtra controla un “monopolio o cuasi-monopolio” en las infraestructuras pasivas —los ductos subterráneos y postes donde se despliegan las redes— y que aprovecha esa posición para imponer precios “desmesurados” al resto del sector. En un mercado donde los márgenes se estrechan y el despliegue de redes gigabit exige inversiones millonarias, los rivales han optado por un mensaje contundente: sin regulación firme, el futuro digital de España queda en manos de un único actor.

La misiva, enviada a varios altos cargos de la Comisión Europea, se ha convertido en un símbolo de frustración acumulada. MasOrange, Digi, Avatel, Adamo, Onivia, Colt, Lyntia, Elanta y las asociaciones Acutelan y Acotec firman un relato común: replicar la red de conductos de Telefónica no es una opción ni técnica ni económicamente viable. Si ese esqueleto físico del país queda liberado de regulación, dicen, se romperá la competencia que ha permitido que España lidere el despliegue de fibra en Europa.

El detonante, según señala EL PAÍS, ha sido la reciente subida aprobada por la CNMC de los precios del acceso mayorista a MARCo, la oferta regulada que permite a más de 370 compañías utilizar los conductos y arquetas del antiguo monopolio. Aunque el alza fue menor de lo esperado —entre un 11% y un 14,6%, frente al 20% que temía el sector—, para los firmantes, la decisión consolida una dinámica “abusiva” que amenaza el equilibrio del mercado.

Pero la carta no es solo una protesta: es también un aviso político. Las telecos piden a la Comisión Europea que la nueva Digital Networks Act (DNA) refuerce y preserve el marco regulatorio que reconoce la posición dominante de Telefónica y exige precios orientados a costes. Y reclaman que se defina un mercado específico para el acceso a infraestructuras pasivas, un paso que blindaría la supervisión futura.

Un monopolio que nació del cobre y sostiene la era de la fibra

Para los operadores alternativos, la clave del conflicto está en el origen de esa red. Los ductos que hoy permiten desplegar fibra hasta casi cualquier punto del mapa fueron construidos durante décadas para el servicio de cobre, cuando Telefónica era un monopolio público. La compañía heredó esa infraestructura estratégica que, en palabras de sus rivales, constituye “la columna vertebral” de todas las redes fijas y móviles del país. Según el último análisis de la CNMC, Telefónica controla casi el 99% de estos recursos: más de 120.000 kilómetros de subconductos y dos millones de arquetas que generan unos 70 millones de euros al año en ingresos mayoristas.

Los firmantes sostienen que esta posición cumple de lleno los tres criterios del Código Europeo de Comunicaciones Electrónicas: existen barreras altísimas de entrada, no hay competencia real y el derecho de la competencia no basta para corregir el fallo de mercado. De ahí que, a su juicio, la regulación ex-ante no es un capricho, sino una condición de supervivencia del ecosistema español de telecomunicaciones.

La batalla de fondo

Más allá de la técnica y las cifras, el pulso revela una cuestión de fondo: quién marcará el ritmo —y el coste— de la transformación digital en España. Para las telecos, dejar sin supervisión el acceso a la infraestructura pasiva distorsionaría los incentivos, frenaría la inversión de largo plazo y consolidaría un poder que consideran excesivo. Bruselas, dicen, debe actuar antes de que ese “monopolio invisible” condicione las próximas generaciones de redes gigabit.

La carta concluye con una advertencia tan política como económica: si cae la regulación, cae la competencia. Y con ella, la confianza de inversores, la estabilidad de los mercados mayoristas y minoristas y la ambición europea de construir un sector digital fuerte, competitivo y plural. @mundiario