Las remesas caerán este año un 20% en todo el mundo y amenazan a la débil Latinoamérica

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Una agencia de Western Union, una de las casas de cambio y envío de dinero más famosas del mundo / Reuters.
El flujo de capitales que se genera en los mercados de trabajo más importantes de Occidente (EE UU y Europa) no entrará con el mismo volumen a América Latina debido a la recesión por la pandemia.
Las remesas caerán este año un 20% en todo el mundo y amenazan a la débil Latinoamérica

El principal sostén socioeconómico de una buena parte de la población mundial está a punto de ser trastocado por el shock que ha desatado la pandemia de coronavirus en todo el planeta. Pero hay una zona que se verá particularmente afectada por su extensa y marcada inestabilidad económica, política y social de larga data, que ya venía causando estragos en el tejido social de sus distintos países que, además de compartir el mismo idioma, comparten problemas fiscales, económicos y sociales en variadas intensidades.

Los capitales han salido en masa de una región totalmente expuesta a la volatilidad del comercio mundial y de la demanda de materias primas y petróleo por parte de China. Con una recesión en curso, la zona económica más arriesgada del mundo para colocar dinero y hacer inversiones es América Latina. Por esa razón, los grandes tenedores sacan sus capitales y los trasladan a los bonos del Tesoro de EE UU o los invierten en Wall Street para evitar que se devalúen con las aceleradas devaluaciones de las monedas latinoamericanas frente al dólar, pues dependen casi exclusivamente de su patrón y valor de anclaje frente a la divisa estadounidense.

Entonces, a la brutal salida de capitales de las últimas semanas y el hundimiento en la cotización de muchas materias primas ―de las que dependen muchos países del bloque para financiar sus sistemas fiscales y a sus sociedades― se suma ahora un factor traumático para naciones como Venezuela, Colombia, Chile, Perú y Argentina. Y es que los mercados de trabajo de las economías avanzadas, donde se ubican muchos latinoamericanos que laboran en esos mercados (una buena parte de los latinos trabaja en Europa y EE UU) repercutirá sobre las remesas que envían los emigrantes a sus familias en sus países de origen.

Esto implica que el flujo de capitales que se genera en los mercados de trabajo más importantes de Occidente (EE UU y Europa) no entrará con el mismo volumen y velocidad a América Latina debido a la recesión en la generación de rentas que han sufrido las empresas de esas economías ante la parálisis de la actividad comercial y económica, el aumento del desempleo, la reducción de salarios para evitar bancarrotas en empresas de bajas rentas que no reciben subsidios o créditos de los gobiernos y las crisis sanitarias que han paralizado la dinámica humana cotidiana en dos tercios del planeta.

El Banco Mundial proyecta así “la mayor caída de la historia reciente” en el volumen total de estas transferencias, provocada por la disminución de los salarios que perciben los migrantes ―o, en los peores casos, por la pérdida del puesto de trabajo―, uno de los grupos sociales más vulnerables ante terremotos en el mercado de trabajo como el que está suponiendo la crisis del coronavirus. Por lo tanto, implosiones de crisis laborales agudas como la pérdida de 900.000 empleos en España o 22 millones desempleados en EE UU se traduce en una caída drástica en la ayuda económica y, en muchos casos, manutención absoluta que los ciudadanos latinoamericanos activos en la economía occidental del primer mundo destinan en forma de transferencias y transacciones cambiarias a sus familias, lo que abarca un gran volumen del índice de consumo en los países de la región.

Las remesas se hundirán un 19,7% desde el máximo histórico del año pasado, hasta los 445.000 millones de dólares (411.000 millones de euros), según las cifras del organismo multilateral. Ese volumen de capital es incluso mayor que el PIB, es decir, el valor total, de la economía de Venezuela y abarca un 4,5% del PIB de América Latina, estimado en 10 billones de dólares.

Un desplome que se ensañará con los hogares de los emigrantes en las naciones de ingresos bajos y medios, que tienen en esta fuente de ingresos una “línea de vida financiera”. Esas poblaciones son, en su mayoría, las franjas socioeconómicas media, media baja, baja y e pobreza absoluta en países subdesarrollados como Venezuela, Bolivia, Perú, Guatemala, El Salvador, Nicaragua, Honduras y en vías de desarrollo como México.

También para los propios países de destino de ese dinero, para los que las remesas son "una fuente de ingresos vital” debido a que cobran impuestos que alimentan sus arcas fiscales ante al amplio y extenso mercado de remesas y casas de cambio que existe en la región por la total y omnipresente influencia del dólar en la economía latinoamericana.

“La recesión causada por la covid-19 está pasando una severa factura a la capacidad de enviar dinero a casa y añade argumentos para que tratemos de acortar el periodo de tiempo hasta la recuperación de las economías avanzadas”, subrayó en una nota de prensa el presidente del Banco Mundial, David Malpass.

Los mayores recortes en los envíos de dinero por parte de los emigrados los sufrirán los países de Asia central y Europa (-27,5% interanual en 2020), África subsahariana (-23,1%) y Asia meridional (-22,1%). Esto representa pérdidas totales de 600.000 millones de dólares en remesas movilizadas entre los flujos de capitales que se mueven hacia esas regiones del planeta desde los mercados de envíos de dinero en Europa y EE UU.

“Algo menores, igualmente notables, serán las caídas en Oriente Medio y el norte de África (-19,6%), América Latina y el Caribe (-19,3%) y el este de Asia y el Pacífico (-13%). Sin embargo, y a pesar del desplome agregado, las remesas ganarán importancia como fuente de entrada de divisas a los países de ingreso medio y bajo. El motivo es puramente comparativo: la caída en la inversión extranjera directa será aún mayor, de cerca del 35%, y las llegadas de capitales a sus mercados de renta fija y variable se desplomarán a un ritmo aún mayor, del 80%”, precisa el análisis del Banco Mundial.

“Las remesas son un factor clave para aliviar la pobreza y la pobreza extrema, mejora la nutrición de quienes se quedan y reduce el trabajo infantil en los países de origen y su caída afectará a la capacidad de gasto de las familias, con la mayor parte de su dinero teniendo que ser dedicado a alimentación y necesidades inmediatas”, subrayan los técnicos del organismo con sede en Washington. También resultará en un aumento de la carestía y, algo especialmente grave en las circunstancias actuales, “reducirá el acceso de las familias a los muy necesarios servicios sanitarios”.

Este contexto denota una situación en la que el sistema de vida en América Latina y África, las regiones con las economías más pobres del mundo, cambiará drásticamente y podría profundizarse el umbral de la pobreza y el hambre hasta los 153 millones de personas, según un informe publicado ayer por la FAO y la ONU.

En paralelo al curso general de la economía —el PIB global caerá un 3% este año, la mayor contracción desde la Gran Depresión, para rebotar un 5,8% el próximo— habrá que esperar a 2021 para ver una recuperación de los flujos de remesas a escala global: crecerán entonces un 5,6%, hasta cerca de 470.000 millones de dólares. No obstante, mientras los capitales se mantengan retraídos y estancados en los mercados financieros muy alejados de las empresas y del mercado de trabajo, las remesas estarán restringidas y escasas en esas regiones ubicadas en la periferia del sistema capitalista global.

“Esta vez, sin embargo, la pandemia ha afectado a todos los países, creando incertidumbres adicionales. Pero en plena recesión en los países avanzados, los migrantes son el eslabón más débil, los más vulnerables a la pérdida del empleo y a la reducción de los salarios en su país de acogida, más que los trabajadores nacionales”, advierte el ente multilateral. @mundiario

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