Reducir gasto es administrar mejor, no suprimir servicios necesarios

Fachada del Ministerio de Sanidad de España. / Luis García (Zaqarbal) - Wikipedia
Ministerio de Sanidad de España. / Luis García (Zaqarbal) - Wikipedia

Habría que preguntarse por qué los dirigentes políticos recortan gastos de donde nadie desea y mantienen otros que nadie sabe cuál es su utilidad. ¿Por qué no nos preguntan?

Reducir gasto es administrar mejor, no suprimir servicios necesarios

En los hospitales sigue la reducción de personal y de servicios  para abaratar el gasto, mientras enfermeras, celadores o auxiliares andan a la carrera por pasillos llenos de gente pidiendo ser atendidos y los pacientes se hacinan en las salas de observación de urgencias esperando que una cama se quede libre. Esto ocurre, por ejemplo, en el CHUAC de A Coruña mientras se inaugura un costosísimo túnel que más que solucionar problemas de tráfico los ha complicado de forma importante, pero podríamos extender el caso a muchas partes de España aunque no a todas porque, desgraciadamente, el derecho a la salud empieza a depender de la comunidad en que se vive.

Las necesidades primarias, las que cubrimos a cualquier persona por el mero hecho de serlo, continúan su deterioro mientras se venden aeropuertos por la décima parte de lo que costaron. A estas alturas ya hemos tomado una clara conciencia de que lo importante para las diferentes Administraciones es construir, luego si el edificio está en funcionamiento o está cerrado parece que importa menos. Lo más sorprendente es que frente a la realidad que se nos muestra, algunos partidos se nieguen a reducir los gastos políticos en un sobredimensionado Senado o en el cobijo político de las Diputaciones donde les resulta difícil gastar un presupuesto que tan necesario es en otras áreas, y esto sin entrar en el nepotismo habitual del mundo de los asesores de cargos públicos.

El problema no parece estar en el exceso de servicios y los consiguientes recortes las prestaciones, que sabemos son muy inferiores a los de otros países europeos donde el estado asume hasta la odontología o las medicinas blandas, el problema radica en una mala gestión de los recursos. De hecho el ahorro por los despidos, que es la medida más fácil e inmediata, no es el preferido de los ciudadanos que vemos superfluos otros gastos que deberían reducirse primero, algo que sabemos por aquellos países que disfrutan de referéndum frecuentes donde se pregunta qué opina el votante, digamos el contribuyente. No sé qué esperan nuestro representantes para darnos voz, algo que no se nos concede ni con el voto porque ahora resulta que hemos votado mal y hemos de volver a las urnas para rectificar y votar diferente.

En esta situación cuesta admitir que los partidos políticos no sean capaces de lograr un acuerdo para reformar la costosa Administración, lo que alguien llamó pinchar la burbuja política, y dar pasos firmes a las reformas que nos llevarían a una democracia desarrollada donde la sanidad y la enseñanza sean prioritarios frente a cualquier otra cosa.

Reducir gasto es administrar mejor, no suprimir servicios necesarios
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