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La recuperación económica española es incipiente y dudosa su solidez y sostenibilidad

En ocasiones, los mecanismos que durante un largo período de tiempo permiten a los países crecer y progresar, son los mismos que, una vez agotados, ensanchan la brecha entre las naciones que salen adelante y las que se estancan.

La recuperación económica española es incipiente y dudosa su solidez y sostenibilidad
España, en el punto de mira.
España, en el punto de mira.

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María Cadaval

María Cadaval

La autora, MARÍA CADAVAL, es columnista de MUNDIARIO. Doctora europea en economía, es profesora de Economía Aplicada de la Universidad de Santiago de Compostela (USC). @mundiario

Hemos cerrado el año  2015 con una compleja combinación de luces y sombras. Las sobremesas navideñas han estado plagadas de debates sobre la situación política de Cataluña, el cotillón de fin de año se ha regado con muchas quinielas sobre el futuro gobierno de la Nación y ya todos sabemos cuáles son los riesgos que la inestabilidad política introduce en la evolución de la economía. Sin embargo, es preciso profundizar algo más. Inmersos en una economía multipolar que condiciona el desarrollo futuro, conviene traer a colación la obra del recientemente galardonado premio Nobel de Economía, Angus Deaton The Great Escape, en la que apunta que, en ocasiones, los mecanismos que durante un largo período de tiempo permiten a los países crecer y progresar, son los mismos que, una vez agotados, ensanchan la brecha entre las naciones que salen adelante y las que se estancan. El diagnóstico para España puede estar entre estas últimas.

La recuperación económica española parece haber comenzado, aunque, es incipiente y surgen dudas acerca de su solidez y sostenibilidad. Los vientos de cola que llegan del exterior y facilitan este crecimiento, dejan rachas significativas en forma de un programa de estímulos del BCE, que abarata la deuda pública, favorece las exportaciones -al igual que el crecimiento de otros países-…, acompañado por los bajos precios del petróleo. Si a esto añadimos que la demanda interna puede aumentar ayudada por la bajada de impuestos y una mayor renta disponible, es probable que nuestra economía vuelva a mostrar indicadores positivos de crecimiento, aunque tenues. ¿Por qué? Pues porque estos factores que acabamos de señalar pueden no ser suficientes, una vez que constatamos que nos hemos estancado en los sectores productivos del pasado, que sirvieron antaño, pero hoy no, porque aportan un escaso valor añadido y productividad.

A la vez, los vientos de cola a los que hemos aludido, pueden tornarse en temporal y los shocks externos, las dificultades económicas de los emergentes -como consecuencia de los bajos precios de las materias primas y el encarecimiento de su deuda en dólares-, el terrorismo yihadista, la crisis de los refugiados, el incierto Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, la unión bancaria... y otras derivadas geoestratégicas, nos amenazan y pueden frenar nuestra recuperación, más allá de las propias cuestiones internas, que son fundamentales. Volviendo sobre éstas, debemos estar vigilantes, seguir el calendario y esperar al próximo 28 de febrero, cuando se conocerán los datos reales de déficit del ejercicio que acabamos de cerrar.

Si se cumplen las previsiones, no habrá ningún problema. Sin embargo, si como parece hemos superado el límite establecido, podríamos convertirnos en uno de los primeros países en ser amonestado y sancionado por la UE, a la vez que Bruselas podría exigir un nuevo paquete de medidas de ajuste que encorsetaría la política económica del nuevo gobierno y le obligaría a replantearse los presupuestos, a sabiendas de que los estímulos del BCE tienen fecha de caducidad. A todo ello hemos de unir que el margen de beneficio empresarial ha crecido de tal manera que, en otra época, haría crecer la inversión en la misma proporción, pero hoy esto no se cumple, y la falta de inversión productiva amenaza el crecimiento a largo plazo, haciendo válida la premisa de Deaton con la que comenzamos.

2016 se presenta cargado de incertidumbres, a sabiendas de que la gestión económica puede ser muy diferente en función de la opción de gobierno resultante

Así, pues, este 2016 se presenta cargado de incertidumbres, a sabiendas de que la gestión económica puede ser muy diferente en función de la opción de gobierno resultante, pero sin duda, la apuesta de futuro pasa por un sector productivo capaz de crecer de manera estable a lo largo del tiempo, que apueste por la innovación y la diferenciación para lograr un mayor valor añadido e insertarse de forma estratégica en el mundo global. Ayudado, eso sí, por un  viraje de la política económica, que debe poner gafas a la miopía y, lejos de seguir aplicando las medidas cortoplacistas que se han impuesto hasta el momento, apostar por una mayor productividad, que permita a los empresarios obtener las rentabilidades adecuadas para crear un empleo estable. Sólo de esta manera se podrán reducir los efectos sociales que la crisis ha dejado tras de sí.  

Hemos de estar vigilantes y, sobre todo, activos, porque los factores exógenos pueden ayudar sólo cuando se ponen bases endógenas, teniendo presente que nadie más que nosotros mismos somos los dueños de nuestro futuro.