Recargo eléctrico por el apagón: ¿los clientes pagarán la factura del miedo?
El gran apagón nacional del pasado 28 de abril no solo dejó sin luz a millones de hogares y empresas en España, también encendió una alarma económica que ahora amenaza con trasladarse a las facturas eléctricas. Mientras aún se investiga qué falló en el sistema para provocar el peor incidente energético de la historia reciente, las consecuencias ya se cuentan en euros: varias comercializadoras independientes están ya planteando una nueva “tasa antiapagón” que acabará repercutiendo directamente en los bolsillos de los consumidores, según señala Cinco Días.
La medida, que hasta ahora aparecía solo en la letra pequeña de algunos contratos empresariales, empieza a asomar en el mercado general como una necesidad financiera para estas compañías.
Su argumento: el refuerzo de seguridad impuesto por Red Eléctrica ha disparado los costes operativos de forma imprevista y difícilmente sostenible. Desde ciclos combinados hasta hidráulica y nuclear, la activación de tecnologías de respaldo para evitar otro colapso energético se ha convertido en un salvavidas... pero no gratuito.
Esta nueva realidad afecta, sobre todo, a las comercializadoras que no forman parte de los grandes grupos eléctricos. Empresas que ya salieron malparadas de la crisis energética de 2022-2023, que perdieron clientes, que sufrieron quiebras, y que ahora vuelven a ver cómo la estabilidad del sistema depende de ellas, pero sus márgenes se hunden con cada hora de refuerzo. La factura de la seguridad energética no la paga el Estado, ni Red Eléctrica, ni las grandes del oligopolio. La paga el pequeño. Otra vez.
El cliente, rehén del sistema
Lo que comenzó como una solución técnica urgente, se ha convertido en una trampa financiera para los actores más frágiles del sector. El coste de los mercados de ajuste se ha duplicado desde el apagón. En mayo, algunas empresas asumieron costes cercanos a los 30 euros por MWh, muy por encima de los 12 euros previstos contractualmente. Imposible asumir esas pérdidas sin tomar decisiones drásticas: subir tarifas, repercutir sobrecostes, endurecer condiciones.
En el mercado B2B, las reglas del juego están cambiando. Las nuevas contrataciones ya advierten de esta nueva cláusula flotante: lo que exceda el coste base de los servicios de ajuste, lo pagará el cliente. Sin rodeos. Es una fórmula que puede parecer razonable en el sector empresarial, pero que resulta tóxica cuando se plantea para consumidores domésticos, donde añadir letra pequeña es legalmente más complejo y comercialmente suicida.
Ante este panorama, algunas comercializadoras están optando por subir directamente el precio de la energía en nuevas ofertas o renovaciones. Un movimiento arriesgado, en un mercado ya tensionado y con la amenaza constante de pérdida de cuota. Pero el dilema es claro: o se traslada el coste, o se colapsa el negocio.
¿Quién gana con el miedo al apagón?
El apagón, y el miedo a su repetición, se ha convertido en un nuevo mercado en sí mismo. Uno que beneficia claramente a las tecnologías tradicionales, capaces de garantizar estabilidad en los momentos críticos: hidráulica, gas, nuclear. Justo las tecnologías que dominan las grandes eléctricas como Iberdrola, Endesa, Naturgy, y también Repsol, que aunque ha descartado repercutir el sobrecoste a sus clientes, está sacando partido del momento gracias a su parque de generación convencional.
En definitiva, mientras unos pierden márgenes y clientes, otros consolidan ingresos. Es el nuevo peaje de la seguridad: un mercado opaco, dominado por los mismos de siempre, con poca transparencia y muchas sombras.
Por su parte, la ministra Sara Aagesen ha querido quitarle hierro al asunto, asegurando que la luz sigue siendo más barata este mayo que en el 85% de los meses desde 2019. Pero eso no despeja la verdadera incógnita: ¿cuánto durará la operación de seguridad reforzada? ¿Y cuánto más encarecerá las tarifas?
Lo que está ocurriendo es un síntoma de una transición energética mal gestionada. Se ha apostado —y con razón— por una generación renovable más limpia y sostenible, pero se ha descuidado su respaldo técnico. Ahora lo pagarán en forma de refuerzos de urgencia, de medidas provisionales que se cronifican, y de recargos que solo unos pocos pueden esquivar. @mundiario