La realidad económica desaconseja la privatización apremiante de Novagalicia Banco

El ministro español de Economía, Luis de Guindos.
El ministro español de Economía, Luis de Guindos.

El análisis del mercado y de la estructura económica indican claramente que la operación de venta de NCG debe aplazarse cuando menos hasta el final del plazo otorgado por Bruselas.

La realidad económica desaconseja la privatización apremiante de Novagalicia Banco

La aceleración dictada por el ministro Luis de Guindos para la venta de Novagalicia Caixa no se entiende fácilmente. En principio, no se vislumbra ningún motivo razonable salvo el deseo de beneficiar a alguno de los postores. La entrada en beneficios de la Entidad gallega y los resultados presentados en los últimos trimestres por los bancos españoles ponen de manifiesto la regeneración del sector.

De esta forma, el valor de NCG dentro de tres años será notablemente superior al teórico actual. Basta con observar la evolución de la cotización en bolsa de los bancos estas últimas semanas. Vendiendo hoy, el Estado difícilmente recuperará más del 10% de los fondos colocados en Novagalicia. Dentro de tres años, es muy posible que pueda superar el 50%. ¿A qué vienen las prisas por tanto?

El misterio EVO

Más extrañas resultan el apremio considerando la venta reciente de 80 oficinas empaquetadas bajo el nombre comercial EVO Banco. Recordemos que EVO es un simple nombre sin licencia bancaria. Con él se etiquetaron esas sucursales a las cuales se dotó de un activo inmaculado y un pasivo captado a base de tipos altos y publicidad masiva. A pesar de ello, la cifra de negocio de EVO resulta una mínima parte del total de NCG y queda a años luz de aquellos 50.000 millones que definió el Banco de España como mínimo deseable al comienzo de su peculiar reforma bancaria.

La venta de esas oficinas se presentó como un acontecimiento cuando en realidad se pareció bastante, incluso en cifras, a la adquisición por parte del Banco Etcheverría de otro paquete de oficinas unos meses antes. La cuestión es: ¿por qué esa venta contra la ortodoxia del sector si estaba previsto llevar a cabo inmediatamente la privatización completa del banco? Otra pregunta sería qué piensa hacer el fondo Apolo con una estructura imposible de rentabilizar pero eso, en realidad, es otro tema.

Oferta y demanda

Desde el lado de la oferta, la operación de venta de Novagalicia Banco al BBV o a Caixabank, principales apuestas, tendría para la economía gallega un efecto funesto: la pérdida de, se estiman, otros 2.000 empleos cualificados, cifra relevante teniendo en cuenta el tamaño de la población activa de Galicia. Téngase en cuenta además el efecto sobre la autoestima de una sociedad que ha visto como, una a una, se han desintegrado las nueve entidades financieras propias que tenía hace menos de veinte años.

Por el lado de la demanda, el análisis merece algo más de detalle. Desde el punto de vista de la banca minorista, la pérdida posible de NCG no sería grave pues las necesidades financieras de familias, profesionales y pequeñas empresas estaría cubierta por el resto de entidades presentes en el país.

Otra cosa es la banca corporativa, los servicios financieros especializados en la empresa mediana. En este caso, la pérdida de Novagalicia Banco sería más grave y no tanto por lo que ha sido sino por lo que podría ser. Galicia precisa una reacción estructural de su economía a partir de empresas con capacidad de dinamización, innovación y competitividad global. De ahí que resulte fundamental disponer de entidades que entiendan esa función y que conozcan sus sectores prioritarios y sus proyectos esenciales.

Algo similar ocurre con la llamada banca de inversiones, ese conjunto de servicios que propician la fusión de empresas, la adquisición de compañías o unidades complementarias, la financiación para ampliar mercados o la atracción de inversores. Es algo que apenas se ha hecho en Galicia y que resulta, hoy en día, imprescindible si existe la intención de colocarla entre los territorios con algún papel que jugar en el nuevo escenario post-crisis. 

Una solución imaginativa de futuro

Creemos que la precipitada subasta de NCG debe detenerse para dar paso a un proceso sosegado donde salga ganando tanto el Estado (o sea, el conjunto de la ciudadanía) como la sociedad y la economía gallegas. Dicho de otro modo: para garantizar que las necesidades colectivas prevalecen sobre los intereses privados. De un análisis de la situación puede colegirse la posibilidad de transformar una grave amenaza en una oportunidad. Igual que se ha llevado a cabo alguna segregación sin aparente lógica, cabría un spin-off para dotar a la economía gallega del instrumento financiero que precisa.

Aún cuando se mantuviese el mandato comunitario de privatizar NCG en 2017, entendemos que no habría objeción para constituir un banco industrial, inicialmente público, a partir las unidades especializadas de la entidad gallega. Una institución que prestase servicios de banca corporativa y de inversiones y cuya función se concentrase en contribuir a la revitalización de la economía productiva de Galicia.

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