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MUNDIARIO

Un Presupuesto para tiempos de incertidumbre

Cualquier análisis del proyecto presupuestario aprobado por el Gobierno del Estado para el año 2021 debe considerar dos factores básicos: los compromisos programáticos del ejecutivo que lo ha elaborado y las características de la coyuntura macroeconómica en la que tiene lugar su elaboración.
Un Presupuesto para tiempos de incertidumbre
Billetes de euros. / 123rf.com
Billetes de euros. / 123rf.com

Suso Veiga

Profesor y columnista.

El Gobierno de coalición entre el PSOE y UP –una circunstancia política ya de por sí inédita desde 1977– asumió, en su investidura, unas líneas de actuación que se situaban en el territorio de una socialdemocracia más intensa de la que se había conocido en otros países del entorno europeo más próximo –con la excepción de Grecia y Portugal– durante las últimas décadas. De no haber aparecido la grave crisis sanitaria provocada por el coronavirus, el presupuesto promovido por Pedro Sánchez y Pablo Iglesias se habría construido sobre dos pilares básicos: política fiscal más redistributiva y mayor gasto público orientado a reforzar el sistema de bienestar, tratando de estirar al máximo los límites que han venido marcando desde Bruselas para los Estados de la UE.

La pandemia ha roto todas las previsiones. Los elevados niveles de incertidumbre sobre el escenario económico europeo e internacional para el 2021 ha erosionado seriamente la solvencia previsora que demanda cualquier documento presupuestario. Cuando las oscilaciones sobre la evolución de las variables macroeconómicas son tan elevadas, resulta muy complicado construir un plan anual de política económica que no se vea sometido a imponderables incontrolados. Es cierto, también, que la eliminación temporal de las restricciones de déficit y endeudamiento acordadas en la Comisión Europea ha facilitado presupuestar actuaciones públicas con una flexibilidad hasta ahora inexistente. En los órganos dirigentes de la Unión (o incluso en organismos como el FMI) son conscientes del papel decisivo de las políticas de gasto de las Administraciones públicas en la deseada reconstrucción económica posterior a la actual debacle. Es por ello por lo que se ha aprobado una importante línea de transferencias y créditos a los distintos países en los próximos años.

A la vista de las primeras cifras facilitadas desde el gobierno, se puede afirmar que la política fiscal de Sánchez e Iglesias se ha quedado por debajo de lo que habían establecido en su programa de enero, aunque hayan utilizado algunas subidas limitadas en determinadas figuras fiscales que evocan su pretensión general de reorientar la carga impositiva en favor de las rentas medianas y bajas. En el capítulo de gastos han cumplido con las expectativas generadas hace unos meses: las prioridades en favor de la sanidad, enseñanza, pensiones y demás epígrafes de atención a los sectores más necesitados pueden ser discutidos por su relativa insuficiencia en algunos casos, pero resultan congruentes con lo anunciado previamente. Habrá que ver, en una lectura más detallada, si en estas cifras presupuestarias existe margen para acometer el comienzo de una redefinición de las apuestas estratégicas de la economía española. Semejante tarea necesitará un horizonte plurianual y deberá encajar con la lógica de los llamado fondos Covid impulsados desde Bruselas.

Los gobiernos deben de ser juzgados por los presupuestos que elaboran, pero también por su capacidad para ejecutarlos. En un contexto incierto como el que atravesamos resultará más difícil cumplir con esa regla. Los desajustes pueden aparecer si la pandemia se descontrola y se prolonga por más tiempo del que hoy nos atrevemos a imaginar. Mantener el rumbo en medio de una tormenta es un reto complicado. Pero tampoco resultará fácil desempeñar una oposición destructiva en un contexto en el que corren peligro de derrumbe empresas, empleos y prestaciones públicas. @mundiario