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MUNDIARIO

El precio de la energía en España: análisis de una difícil estabilización

La economía dice que la fijación de precios depende de la ley de oferta y demanda, aunque para mercados distorsionados o productos difícilmente sustituidos esto no se cumple, como es la energía.

El precio de la energía en España: análisis de una difícil estabilización
Paneles solares.
Paneles solares.

La economía dice que la fijación de precios depende de la ley de oferta y demanda, aunque para mercados distorsionados o productos difícilmente sustituidos esto no se cumple, como es la energía.

 

En España los precios de los bienes sufren fluctuaciones al alza y a la baja, pero a la larga unas compensan a otras y la evolución media suele ser del orden del Índice de Precios al Consumo; esto no sucede en el caso de los productos energéticos, que desde los años noventa vienen incrementando su precio de forma sostenida y como norma general por encima del I.P.C.

Tal y como comentaba antes en España el precio de la energía (electricidad, hidrocarburos...) es un mercado profundamente distorsionado, debido a que la competencia es solo parcial y son además mercados fuertemente intervenidos por el Estado, que los usa para conseguir fondos de forma inmediata ante cualquier necesidad imprevista.

A finales del siglo XX se aprobaron la Ley 54/1997 del Sector Eléctrico y la Ley 34/1998 del Sector de los Hidrocarburos; hasta ese momento la separación entre Estado y compañías energéticas era muy débil (algunas eran directamente públicas y en las privadas no se buscaba un beneficio económico inmediato, sino también social), esto provocaba que no fueran empresas eficientes y con unos costes de funcionamiento elevados; traducido a los precios del mercado esto significa un coste por encima de lo recomendable aunque al ejercerse en régimen de monopolio las empresas tenían asegurado el beneficio a medio plazo y tampoco pisaban el acelerador en los resultados anuales a corto plazo.

El Gobierno de José María Aznar en gesto afín a su ideología buscó la liberalización de los sectores intervenidos, siendo la energía uno de ellos. Con la aprobación de las leyes 54/1997 y 34/1998 se busca abrir estos sectores a la libre competencia, para lo que se dividieron en diferentes actividades, considerando que simplificando las actividades las barreras de entrada serían más débiles; la aparición de competencia en el sector de la comercialización (tanto de hidrocarburos como en electricidad) supondría mejorar la eficiencia del sector y por lo tanto la caída de los precios.

Casi dos décadas después esto no se ha cumplido; los sectores de la electricidad e hidrocarburos han sufrido importantes cambios, las empresas son cada vez más eficientes y aparece una cierta competencia (aunque débil) pero en general los precios han subido por encima del I.P.C. y no parece que vaya a cambiar esta tendencia.

¿Por qué sucede esto? En el siglo XX estos eran sectores poco eficientes que trataban de abastecer de energía a una población muy dispersa, con infraestructuras muy caras (por ejemplo las redes eléctricas), débil interconexión eléctrica con el exterior y con un funcionamiento de la empresa poco eficiente; este era el principal problema y hasta las Crisis del Petróleo de 1973 y 1979 las materias primas no suponían un coste elevado. En las últimas décadas del siglo XX se introduce como parámetro decisivo el coste de la energía al mismo tiempo que el carbón nacional se empieza a descartar por su escaso rendimiento, costes de extracción elevados y emisiones contaminantes, por lo que a los elevados costes de un mercado ineficiente se agravan con el incremento de precios de las materias primas.

La liberalización de estos dos sectores coincide con la implantación de las herramientas de lucha contra el Cambio Climático, apuesta por las renovables, la eficiencia energética y un uso de los combustibles más respetuoso con el Planeta; así aunque a día de hoy el mercado están funcionando de forma razonablemente bien (empresas más eficientes y en mayor número, lo que genera competencia) la generación sigue siendo cara porque las renovables, la eficiencia energética y en general el respeto por el medioambiente tienen un coste por kWh más elevado en términos inmediatos que recurriendo a los recursos más tradicionales.

En una clave estratégica debemos citar las políticas incentivadoras de las tecnologías nacionales (eólica, solar, biomasa, cogeneración...) en sustitución de la importación de hidrocarburos; en España no tenemos apenas derivados petrolíferos ni gas natural, y el carbón es de baja calidad y coste muy elevado. Durante los últimos años estas tecnologías respetuosas con el medioambiente se han abaratado, y a día de hoy son casi competitivas con las tradicionales pero aun es necesario incentivarlas para irse desvinculando progresivamente de la importación de combustibles desde el exterior; a nivel económico la principal ventaja de las tecnologías “limpias” es que la mayoría de los beneficios se reinvierten en el mercado, no como en el caso de los combustibles tradicionales, que los beneficios van a parar a miles de kilómetros de España.

¿A dónde nos lleva todo esto? En general debemos asumir que durante los próximos años (y quizás décadas) la electricidad y los hidrocarburos tendrán una evolución al alza; las posibles rebajas en cuanto a mercados más eficientes se han conseguido, y la otra vía de caída de precios (rebaja de los costes de producción de las tecnologías nacionales) parece lenta. Las fuentes externas o la tecnología termonuclear se descartan como solución de futuro porque además de tener una evolución imprevisible (en el caso de gas natural y petróleo son mercados muy volátiles) la contaminación que provocan es muy elevada, y la normativa medioambiental recomienda una reducción de emisiones, y descarta la energía nuclear como opción de futuro.