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El precio de la electricidad sigue en continuo ascenso: ¿cómo es posible?

Está claro que en 2018 hemos tenido lluvia y viento de sobra y aun así el precio de la electricidad tiene una tendencia al alza imparable, tanto que su precio en España se ha situado como uno de los más caros, sino el que más, de Europa.

El precio de la electricidad sigue en continuo ascenso: ¿cómo es posible?
Una lámpara.
Una lámpara.

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Francisco J. Martín

Francisco J. Martín

El autor, FRANCISCO J. MARTÍN, es licenciado en Ciencias Económicas y master en Dirección Financiera y Bancaria. Su vida profesional ha estado siempre vinculada al mundo de las entidades financieras. Escribe artículos en su blog, Lomejorestaalcaer, sobre economía y sociedad. Ha publicado el libro La Economía del Futuro (2018), y ha colaborado con otros autores en varios libros de relatos: Calle 13 (2017), Delicius: recetas y cuentos (2017) y Seres extremos (2018). @mundiario

Este verano hemos soportado precios máximos históricos en la electricidad y parece que la situación no va a mejorar en el corto plazo. Seguro que les suena lo que aquí, en España, se ha dicho sobre el precio de la electricidad el año pasado ¿recuerdan?: que si no llueve, que la sequía, o quizás el viento, o también la nieve. Resumiendo, que según las respuestas oficiales al aumento del precio de “la luz”, los factores externos eran los determinantes de los grandes cambios.

Está claro que en 2018 hemos tenido lluvia y viento de sobra y aun así el precio de la electricidad tiene una tendencia al alza imparable, tanto que su precio en España se ha situado como uno de los más caros, sino el que más, de Europa.

Pero ¿qué es lo que ocurre?

Diversos gobiernos han tomado medidas que decían iban a defender al consumidor de las subidas exageradas y permanentes de los precios, pero la situación real que se aprecia cada día es que no han tenido el éxito esperado. Otra cuestión sería reflexionar sobre si el precio de un elemento tan transcendental para la vida y la actividad humana, del que depende actividad personal, social, industrial, económica, etc. en un país debe estar regido exclusivamente por un pretendido mercado en el que actúan compañías que tienen sus propios y legítimos intereses. Podría pensarse que un mercado de subastas así planteado no es lo más eficiente, en todas las situaciones ni para todas las actividades, a efectos de dotar de estabilidad a los precios de un factor tan esencial.

Sería lógico pensar que, dado que disponemos de diversas fuentes de energía (energía eólica, nuclear, hidroeléctrica, carbón o el gas) cada una con sus costes diferentes de producción, en la medida en que las causas naturales cambien también cambiará la proporción de fuentes utilizadas en la “mezcla” final de obtención de electricidad. Hasta ahí, comprensible. Lo que ya no lo es tanto es que de un día para otro aumente el precio, pongamos por caso, un 10%, un 20% o más. Pero no es así.

¿Cómo se fija el precio al consumidor?

Con la nueva legislación (Real Decreto 216/2014, de 28 de marzo, por el que se establece la metodología de cálculo de los precios voluntarios para el pequeño consumidor de energía eléctrica y su régimen jurídico de contratación), el precio se fija tomando como referencia el precio horario de la electricidad en el mercado mayorista, que cotiza y cambia en función de la oferta y la demanda.

Para intentar ver qué ocurre voy a tomar el coste de la energía consumida, que es el factor que varía según las diferentes fuentes de energía utilizada (la potencia contratada y el transporte no suele tener altibajos). Sin entrar en formulaciones, les diré que para obtener el precio medio de cada hora, que es el precio que se va a aplicar a la energía que cada uno consumamos en dicha hora, se tienen en cuenta los precios marginales, no los medios, de las fuentes que se han necesitado en última instancia para cubrir toda la demanda en esa hora. Esto se realiza para cada hora del día, y ocurre todos los días.

El sistema está organizado de forma que van entrando en juego las distintas fuentes de energía según su disponibilidad y su precio (de menor a mayor) hasta completar la demanda requerida, pero sólo se tiene en cuenta a efectos del precio el de la más cara (precio marginal) aunque solo haya aportado una mínima parte al total consumido. Esto hace que, por ejemplo, en dos días donde se haya utilizado el Gas, que es la energía más cara, el precio que se va a aplicar a TODA la energía consumida será el del Gas, aunque en un día se haya aportado Gas para el 2% y en otro para el 30% de la demanda total.

Como queda claro, el resultado es que toda la energía consumida cada hora se cobra al precio más alto en lugar de hacerlo al precio medio ponderado que sería bastante más razonable y justo. A esto hay que añadir que la elevación del precio de cualquiera de las energías (por motivos del alza del petróleo, de la cotización de los certificados de CO2, y por otras causas), sobre todo las mas caras, tiene un efecto directo y muy impactante sobre el precio final que se aplica al consumidor.

Quizás en lugar de medidas que “parchean” la legislación actual y el sistema de subastas actuales, los gobiernos deberían analizar y cambiar, al menos, la forma de fijación de los precios. Dada la trascendencia e intereses contrapuestos para el cambio que indico y, viendo como está la situación a corto plazo, parece que tenemos tema para rato. Viendo esto, me atrevo a preguntarles ¿No les da calambre la electricidad? @mundiario