La política monetaria nunca ha sido más flexible y la política fiscal, más estimulante

Jerome Powell. / federalreserve.gov
Jerome Powell. / federalreserve.gov
Nunca se habían bloqueado economías enteras para combatir una pandemia y nunca se había tenido que recuperar todo lo perdido en poco tiempo. / Wait and see (esperar y ver).
La política monetaria nunca ha sido más flexible y la política fiscal, más estimulante

Los tiempos actuales subrayan nuevos conceptos y valoraciones. Para algunos, se trata de buscar un relato que justifique sus actuaciones; para otros, los objetivos se centran en la re-invención de metas; y, un tercer grupo, apuesta por cambiar el concepto de visión por el de misión. 

Los economistas no se quedan atrás. También se encuentran desorientados tanto ante lo que deben ser las bases y principios de su ciencia; como frente a la diferenciación entre los objetivos y las misiones que deben acometer. La profesora Mariana Mazzucato (Roma, 1968) lo describe de forma extraordinaria en su último libro, Misión Económica. Por su parte, el Financial Times introduce una nueva variable, cuando contempla la actual coyuntura y sentencia que “la economía es mucho más difícil de predecir y la política mucho más difícil de planificar de lo habitual”.

Existen distintas teorías sobre la economía y sobre los resultados que se esperan a los estímulos de la demanda agregada con crecimiento o sin crecimiento de la inflación

La razón de esta complejidad radica, como apunta Neil Irvin, del New York Times, en que existe un amplio desacuerdo tanto teórico como empírico acerca de los beneficios y de los riesgos de hacer que la economía se caliente. ¿A qué se debe esta confusión?. Pues, a que existen distintas teorías sobre la economía y sobre los resultados que se esperan a los estímulos de la demanda agregada con crecimiento o sin crecimiento de la inflación. 

Esta discusión no es baladí. Es la que está prevaleciendo entre los presidentes de los Bancos federales americanos a la hora de decidir si aplican el tapering (reducción de compras de activos por parte de la Reserva Federal, FED). La cuestión no es saber quién gana entre los halcones y las palomas. Si no que el problema radica, en cómo afrontar las decisiones de política monetaria.

Nos encontramos en una situación sin precedentes. La política monetaria nunca ha sido más flexible y la política fiscal, más estimulante. Es decir, nunca se habían bloqueado economías enteras para combatir una pandemia y nunca se había tenido que recuperar todo lo perdido en poco tiempo. O sea, la situación actual nos obliga a re-pensar en profundidad tanto los principios como la práctica de la política económica. 

Esta duda e incertidumbre influye entre los decisores. Muchos de ellos se inclinan por adoptar soluciones en función de lo que pensamos que sucederá; mientras que otros se preocupan en adivinar la demanda de productos y servicios. De ahí que la mayoría de los policy-makers se inclinen por decisiones de políticas lentas y graduadas.

Jerome Powell, presidente de la FED, lo define como “un enfoque paciente”. Viene a significar una combinación de dos factores: el primero, que no se comprende bien, ni del todo; y el segundo, que se basa en elaborar umbrales de ajustes a medida que los acontecimientos se vayan precipitando. Ante lo cual, el ciudadano medio, el inversor/ahorrador precavido, la empresa responsable y la banca de inversiones reclaman más claridad. La política económica se convierte, pues, en una asignatura de paciencia. Lo que traducido en otras términos es un wait and see (esperar y ver). 

Las políticas económicas se encuentran extraordinariamente condicionadas por la coyuntura y por las actuaciones referidas a los estímulos

Hoy en día, las políticas económicas se encuentran extraordinariamente condicionadas por la coyuntura y por las actuaciones referidas a los estímulos. Nadie quiere atarse con promesas. Nadie quiere comprometerse en desarrollar un rumbo predeterminado. Por eso, unos prefieren inclinarse por despejar las expectativas de inflación; y, entonces, si fuera posible, no necesitaríamos bajar o mantener reducidos los tipos de interés durante más tiempo. Otros, miran más hacia el comportamiento de las tasas de empleo para jugar con la eficacia de la política monetaria. 

Los estudios subrayan que los efectos de estímulos de la demanda agregada tardan más en este segundo supuesto que en el primero. En suma, se aboga por posponer decisiones con el objetivo de evitar un error que pudiera ser perjudicial en el futuro inmediato. Ante esta circunstancia, ¿alguien piensa en el bien común?. @mundiario

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