De cómo la polémica reforma fiscal de Trump podría poner en riesgo el medio ambiente

Refugio Nacional de Vida Silvestre en el Ártico, Alaska. National Geographic Creative.
Refugio Nacional de Vida Silvestre en el Ártico, Alaska. / National Geographic Creative.

La medida autoriza la búsqueda y extracción de petróleo y gas en un área de más de 600.000 hectáreas de una reserva de 79.318 kilómetros cuadrados que enmarca el Refugio Nacional de Vida Silvestre del Ártico, en Alaska.

De cómo la polémica reforma fiscal de Trump podría poner en riesgo el medio ambiente

Donald Trump acaba de firmar su polémica reforma fiscal luego de recibir la bendición por parte del Congreso de Estados Unidos. La criticada medida supone la mayor rebaja de impuestos en la historia reciente de la nación norteamericana y significa, en la práctica, un aumento del déficit presupuestario.

Desde ahora los ricos serán más ricos y según los primeros análisis el Estado federal dejará de percibir unos 1,5 billones de dólares en las próximas décadas. Pero las consecuencias de esta resolución no solo amenazan la estabilidad de las filas estadounidenses. El último disparate del magnate neoyorquino podría tener, además, un dramático impacto en el medio ambiente.

Según reseña la cadena BBC, la aprobación de la denominada Ley de Empleos y Recorte de Impuestos (Tax Cuts and Jobs Act) carga con una variedad de disposiciones en letras pequeñas que hasta ahora han sido pasadas por alto. Entre todas estas, vale la pena destacar una que, a priori, no tiene nada que ver con el tema: la apertura de parte del Refugio Nacional de Vida Silvestre del Ártico, ubicado en Alaska, a la actividad petrolera.

La medida -que fue incluida en las llamadas "disposiciones misceláneas" agregadas al texto original que los legisladores estadounidenses acostumbran imponer como condición para un voto positivo-, autoriza la búsqueda y extracción de petróleo y gas en un área más de 600.000 hectáreas de la reserva de 79.318 kilómetros cuadrados de extensión que fue creada en 1980, y ha sido objeto de "una de las controversias ambientales de más larga duración en la historia reciente de EE.UU”, tal como apunta National Geographic.

El motivo del conflicto es claro: la zona es visitada anualmente por unos 200.000 caribúes y millones de aves migratorias, y sirve de madriguera a docenas de osos polares, pero también esconde entre 4.300 millones y 11.800 millones de barriles de oro negro, según las estimaciones del Servicio Geológico de EE UU. Razón por la culpa el área ha estado en disputa desde hace algunos años.

Ahora, la nueva jugada de Trump, aparece como un salvavidas para aquellos que pretenden dar paso a la anhelada "independencia energética" y la creación de riqueza en el país al costo que sea necesario. La senadora republicana por Alaska, Lisa Murkowski, la principal impulsora del proyecto, ha señalado que la decisión figura como una victoria en una "batalla multigeneracional" y "el paso más importante" para la trasformación petrolera de la nación norteamericana. "Vamos a recaudar más de mil millones de dólares durante los próximos 10 años. Y una vez que empiece la producción muy probablemente va a generar más de 100.000 millones de dólares para el tesoro federal", declaró Murkowski al Congreso hace una semana. “Nada de eso va a ser a expensas del medio ambiente", prometió.

Sin embargo, no todos se muestran tan optimistas como la congresista. Para Jamie Williams, el presidente de The Wilderness Society,  una organización de conservación de tierras sin fines de lucro que se dedica a proteger áreas naturales y tierras públicas federales en los Estados Unidos, las cuentas de Murkowski "no cuadran", por lo que cualquier sugerencia de que la apertura de la reserva ayudará a cerrar el déficit agrandado por la reforma fiscal no es más que "una cínica estrategia política". "Eso fue un truco hecho en la oscuridad de la noche para conseguir un objetivo político", aseguró.

Lo cierto es que dejando de lado la postura de Williams, para que el espectacular escenario que plantea Murkowski pueda tener lugar es necesario que se cumplan varios supuestos extremadamente optimistas: que el precio del barril de petróleo suba y se mantenga en al menos 78 dólares y que el área realmente esconda cuando menos 7.000 millones de barriles. Dos claves que solo el tiempo se encargará de confirmar o no.

Los expertos ambientalistas son tajantes en su postura: los costos ambientales de permitir actividad petrolera en uno de los pocos rincones vírgenes de Estados Unidos son simplemente demasiado grandes. Una posición que, por supuesto, a Donald trump, el experto en negocios y fortunas, y el ala republicana, parece importarles poco. @mundiario

  

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