El ataque de Israel sobre Irán dispara el precio del petróleo: el comercio marítimo mundial en riesgo

La Guardia Revolucionaria de Irán captura un buque en el estrecho de Ormuz. / RR.SS
Los mercados globales reaccionan con volatilidad a un nuevo repunte del conflicto en Oriente Próximo, cuyo efecto sobre el estrecho de Ormuz amenaza con elevar los costes energéticos.

El ataque aéreo lanzado por Israel contra instalaciones nucleares y militares en Irán ha generado una onda expansiva más allá del plano geopolítico. La madrugada del viernes 13 de junio marcó un punto de inflexión en los mercados globales: el precio del petróleo se disparó más de un 10%, las principales Bolsas del mundo cayeron y los inversores se refugiaron en activos seguros como el oro y los bonos soberanos. El nerviosismo se ha instalado en los parqués, mientras los analistas financieros intentan anticipar el alcance económico de una escalada que podría impactar en la estabilidad energética mundial.

Las consecuencias financieras del ataque no se hicieron esperar. El barril de crudo Brent alcanzó los 78,5 dólares, en una subida intradía superior al 13%, la mayor desde marzo de 2022, tras el inicio de la guerra en Ucrania. El West Texas Intermediate (WTI), referencia estadounidense, llegó a rozar los 77,5 dólares por barril, con un repunte de hasta el 15% antes de ceder ligeramente.

Esta brusca escalada borra las pérdidas acumuladas del petróleo en lo que va de año, impulsadas por la ralentización económica global y las dudas sobre la política de producción de la OPEP+. En apenas unas horas, el crudo ha recuperado impulso y amenaza con trasladar sus efectos al precio final de la gasolina, reactivando las presiones inflacionistas en las principales economías.

En paralelo, los mercados bursátiles experimentaron caídas generalizadas. Los futuros del S&P 500 retrocedían un 1,8%, el Nasdaq caía más del 2% y el EuroStoxx 50 bajaba en una proporción similar. Las bolsas asiáticas también abrieron con pérdidas significativas. El repunte del conflicto entre Israel e Irán ha reactivado la aversión al riesgo entre los inversores, que se han replegado hacia activos tradicionales como el oro, que subió un 1,7% hasta alcanzar máximos cercanos a los 3.450 dólares por onza.

El Estrecho de Ormuz: el gran factor de incertidumbre

La verdadera clave está en la respuesta de Irán. Aunque Teherán aún no ha desplegado todo su potencial de represalia, ha advertido de una "respuesta severa" que podría incluir medidas disruptivas en el Estrecho de Ormuz, el principal cuello de botella del comercio mundial de petróleo. Por este paso marítimo fluye aproximadamente una quinta parte del crudo global, y cualquier intento de bloqueo o ataque a buques petroleros podría paralizar la logística energética y disparar aún más los precios.

No sería una amenaza nueva. Irán ha mostrado en otras ocasiones su capacidad para afectar la seguridad en esta vía marítima estratégica. La posibilidad de que las tensiones deriven en una guerra regional o en ataques a infraestructuras energéticas clave en la zona mantiene en vilo a los mercados.

El precio del petróleo podría seguir su escalada si la situación se prolonga o escala. Algunas entidades, como JP Morgan, ya proyectan un escenario extremo en el que el crudo podría alcanzar los 130 dólares por barril si se interrumpe de forma sostenida el flujo desde el Golfo Pérsico. A corto plazo, la evolución dependerá de la magnitud de la respuesta iraní: si opta por ataques controlados y limitados, los mercados podrían estabilizarse. Pero si se produce un cierre efectivo del Estrecho o una guerra prolongada, el shock energético será inevitable.

En el mercado de divisas, el dólar estadounidense perdió terreno frente a monedas refugio como el franco suizo y el yen japonés. Aunque el dólar suele actuar como valor seguro, la volatilidad política en EE UU —en parte asociada a la errática política comercial y exterior del presidente Donald Trump— ha restado confianza. Las criptomonedas también sufrieron caídas, reflejo del viraje de los inversores hacia opciones más estables en tiempos de alta tensión.

Por ahora, el ataque ha reconfigurado el mapa económico del corto plazo. Las subidas en los precios del petróleo se trasladarán previsiblemente al consumidor, reavivando las presiones inflacionistas que bancos centrales como la Reserva Federal o el BCE intentaban controlar. Además, las caídas bursátiles podrían afectar la confianza empresarial y el flujo de inversión en sectores sensibles al coste energético, como el transporte y la industria pesada.

El devenir de los mercados dependerá de dos factores principales: la intensidad de la represalia iraní y la duración del conflicto. Si ambas partes contienen la escalada, podríamos ver un retorno gradual a la estabilidad. Si no, se abriría un nuevo capítulo de inestabilidad estructural con efectos no sólo energéticos, sino también económicos a escala global. @mundiario