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La pesca sostenible y la pesca destructiva no pueden coexistir

La pesca sostenible implica la existencia en el mar de suficientes peces, el respeto de los hábitats y la garantía de que las personas que dependen de la pesca puedan mantener su medio de vida.
La pesca sostenible y la pesca destructiva no pueden coexistir
Un barco de Pescanova. / Mundiario
Un barco de Pescanova. / Mundiario

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Antón Luaces

Antón Luaces

El autor, ANTÓN LUACES, es columnista de MUNDIARIO. Está especializado en información marítima. @mundiario

Está claro: no pueden coexistir la pesca sostenible y la pesca destructiva que practican buen número de barcos pesqueros en el mundo entero. Sirva como ejemplo lo informado por la Comisión Europea: el 41% de los stocks del Atlántico Nordeste y el 91% del Mediterráneo registran sobrepesca (no puede, por tanto, hablarse en Europa  de pesca sostenible). Y la FAO mantiene que la ordenación de la pesca debería fomentar el mantenimiento de la calidad, la diversidad y disponibilidad de los recursos propios, añadiendo que los Estados deberían evitar la sobreexplotación.

¿Cómo lograr una pesca sostenible cuando en realidad lo que se hace en todo el mundo es practicar, mayoritariamente, con técnicas de pesca destructiva? La pesca de arrastre arroja al mar, ya muerto, hasta un 42% de los peces capturados. Con la pesca artesanal el porcentaje baja hasta un 3%. Es evidente que el segmento de flota dedicado al arrastre no estará conforme con lo señalado (está basado en estudios internacionales), pero parece evidente que la pesca tradicional necesita más ayudas. Podría decirse, incluso, que sería necesario que parte de las muchas ayudas económicas que se producen en Europa (y particularmente en España) para el cultivo de peces, podría revertir en la pesca tradicional derivada del palangre, nasas y trampas, anzuelo y caña.

La pesca tradicional cumple los requisitos de selección de especies que, indudablemente y por su propia idiosincrasia no puede cumplir el arrastre porque no emplea métodos de pesca indiscriminados con especies de peces ni con captura de juveniles o especies sobreexplotadas). Lo que captura, caso de no poder ponerlo en el mercado por precio o por abundancia de ventas, puede ser aprovechado para, por ejemplo, la fabricación de harinas de pescado (piensos), por lo que no descarta ningún ser marino muerto o moribundo. Incluso devuelve al mar (si todavía vive) parte de lo que captura, y no incluye más de un 10% de descartes en cada lance o jornada de pesca. Y, salvo excepciones que repelen, la pesca artesanal no utiliza métodos destructivos como los puestos en evidencia cuando empleaba explosivos en la pesca o aparejos no autorizados (que algunos quedan, como quedan también motores con mayores potencias de las autorizadas y España es, en este sentido, objetivo de atención para la UE).

Junto con estos métodos prohibidos y que, desgraciadamente, sobreviven en muchos países del mundo, va en contra de la sostenibilidad de la pesca un hecho hasta ahora irreversible: la pesca fantasma, que consiste en el abandono de redes y otros utensilios de pesca en el mar que van a la deriva y continúan atrapando peces gracias, entre otras cuestiones, a que son elaboradas con materiales altamente resistentes que no se degradan ni por ele efecto del mar ni por el de los años de permanencia en este.

La pesca sostenible implica la existencia en el mar de suficientes peces, el respeto de los hábitats y la garantía de que las personas que dependen de la pesca puedan mantener su medio de vida. Por tanto, si queremos que perviva el oficio del pescador, debemos luchar por el mantenimiento de las distintas pesquerías, que es tanto como decir, de peces en el mar. @mundiario