Una nueva recesión económica mundial se instala y frena en seco a la humanidad

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El FMI ha dicho que la crisis económica mundial de 2020 podría ser igual o peor que la de 2008 / www.criptotendencia.com
El castillo de naipes de la economía mundial se ha desplomado. El efecto contagio de la parálisis económica y social es ahora mucho más fuerte que el mismo virus. 
Una nueva recesión económica mundial se instala y frena en seco a la humanidad

Ya es oficial. El planeta ha entrado en el peor estado que podría conocer la humanidad para su único sistema de vida y subsistencia: la recesión total de la economía global. Los fantasmas del pasado han vuelto, pero 12 años después, el factor que hizo implosionar otro nuevo ciclo histórico de crisis no fue una burbuja hipotecaria y crediticia que tumbó los mercados como sucedió en aquel fatídico enero de 2008. En esta ocasión, el detonante es una pandemia que, por su naturaleza como ciclo biológico, hoy ha provocado un proceso de reestructuración total de la humanidad tanto en su composición como en su organización, lo cual inevitablemente ha colocado a la ‘aldea global’ en un contexto de parálisis e inmovilidad absoluta cuyos efectos se ven reflejados en el esquema macro de interrelaciones, intercambios, convivencia, subsistencia y segmentación que determina una buena parte del significado de las acciones humanas, que precisamente, es la economía.

En este momento, está en curso pleno un desangramiento de esa compleja anatomía de intereses, bienes, voluntades y logística que se representa en los mercados. Los flujos de capital (dinero) se reducen a velocidades impresionantes que no se veían desde la Gran Recesión, cuyo origen y epicentro fue la primera economía del mundo; Estados Unidos. En 2020, la superpotencia norteamericana vuelve a convertirse en el epicentro de otra crisis, pero esta vez de la pandemia de coronavirus.

Esta etapa de involución no tiene parangón. La crisis ahora ya no es solo sanitaria, humanitaria y social. Es también una crisis del sistema capitalista, el único sistema socioeconómico que mueve y controla a la humanidad en el siglo XXI. El sistema ha colapsado y los capitales salen de los mercados emergentes para buscar refugio en los activos del dólar y el oro, o en su defecto, en la compra de bonos del Tesoro de EE UU y Alemania, es decir, en la adquisición de títulos de deuda privada externa de esas naciones con el objetivo de obtener rentabilidades y retornos de alto volumen en pro de abrir nuevas reservas de capital que sirvan para financiar y soportar las consecuencias de esta agresiva crisis.

“La evidencia de que marzo marcó el comienzo de una profunda recesión global es cada vez mayor”, sostiene la agencia Bloomberg. El producto interno bruto (PIB) del planeta se estima en unos 80 billones de dólares, es decir, el valor monetario resultante de la producción de bienes y servicios derivados de la acelerada actividad y otrora imbatible actividad humana diaria equivale a 80 millones de millones de dólares. Pero, aunque se preveía un crecimiento de esa cifra superior al 3% para antes de la llegada de la pandemia, con el estallido del brote se redujo a un crecimiento de solo 1,5%.

Lo que la humanidad no se esperaba es que los efectos de la crisis sanitaria llegasen a ser tan fuertes que, al estimular el gasto público y los rescates financieros de emergencia, los gobiernos de casi todo el mundo tendrían que endeudarse entre ellos; los de la periferia con los del centro del eje del sistema capitalista: EE UU y la Unión Europea, que activaron sus máquinas de emisión e impresión de dólares y euros para inundar la economía mundial de liquidez representada en dinero que todavía es orgánico y no inflacionario debido a que, ahora más que nunca, las empresas, gobiernos, inversores y particulares necesitan y demandan dólares a granel para respaldar sus patrimonios a fin de crear fondos de estabilización con los que sus economías, en sus distintos niveles, puedan volver a flotar una vez que se cierre el ciclo de expansión de la pandemia. Y es que la economía se detuvo en todos sus sectores, menos los mercados de la industria médica, farmacéutica y alimentaria, los únicos con prioridad absoluta en esta crisis y que movilizan los pocos flujos de capital que aún circulan en el mundo en este momento.

Los mercados financieros están congelados y todos sus capitales permanecen estacionados en los centros de poder económico que sostienen el sistema neocapitalista moderno: las grandes bolsas de valores que administran y controlan el vasto monopolio mundial del dinero, Wall Street (EE UU) y los parqués europeos de Londres, Frankfurt, Berlín, París, Milán y Madrid.

Más de 3.900 millones de personas, de una población mundial que ronda los 6.000 millones de habitantes, viven en países donde el confinamiento –o cuarentena, como se le conoce en América Latina– es obligado o recomendado por sus gobiernos, según AFP. Esta contingencia de aislamiento social podría provocar que la economía global caiga en una recesión que se propagará por el efecto contagio del desplome económico de EE UU calculado en un -14%, según el banco de inversión JP Morgan, uno de los más grandes del mundo.

La llamada ‘fábrica del mundo’; China, que es la segunda mayor economía del planeta, caerá un -40%, de acuerdo con las proyecciones de esa corporación financiera. Entonces la combinación fatal de un desplome en los dos principales exportadores globales de capital, insumos industriales, vehículos, tecnología, medicamentos, petróleo y otros muchos rubros más de consumo mundial, podría tumbar todo el sistema-mundo en una probable espiral de recesión del -1%, que equivale a 1 billón de dólares del PIB mundial, el mismo monto que el Fondo Monetario Internacional puso a disposición en préstamos para decenas de países que necesitan ayuda financiera urgente en medio de la pandemia.

La pregunta clave radica en que, si el planeta pierda 1 o más billones de dólares de su economía, ¿el FMI podrá reponerlos si los países prestatarios no logran pagar sus deudas con el organismo y estos entran en una burbuja de deuda masiva que podría dejar capitales esparcidos y estancados por el mundo sin retorno al origen de los flujos financieros mundiales, que es Washington y Nueva York?

La paralización del empleo y prácticamente todo el mercado laboral occidental es como echarle un bidón de gasolina a este incendio económico mundial. “La pandemia ha empujado al mundo hacia una recesión, que en 2020 será peor que la crisis financiera mundial”, señala el Fondo Monetario Internacional.

Se ha registrado una grave depresión del consumo debido a que las personas han perdido casi totalmente su capacidad para captar las pequeñas porciones de capital que representan apenas un ínfimo porcentaje de la oferta monetaria mundial, un aumento del desempleo producto de la inviabilidad que tienen miles de empresas para financiar sus líneas de producción y la mano de obra que los mantiene dentro de los circuitos financieros externos, es decir, sus trabajadores, y un severo ahogamiento de la industria por la caída en las exportaciones de materias primas y commodities.

La Organización Mundial del Trabajo calculaba esta semana que solo en este trimestre se perderían casi un 7% de horas trabajadas, equivalentes a unos 200 millones de empleos en todo el mundo. Esa pérdida podría representar una significativa fracción de 80.000 millones de dólares del total del dinero que existe actualmente en el planeta.

“Las consecuencias económicas de la pandemia ya están golpeando a Estados Unidos con una velocidad y gravedad sin precedentes”, dice el FMI.

El desempleo se ha disparado en Estados Unidos durante las últimas dos semanas, un país que hasta hace poco alardeaba de tener la tasa de paro más baja de su historia (3,5%). Esto implica que el principal motor generador de empleos en el mercado laboral de ese país y de una buena parte de Occidente debido al alcance y expansión de la corporatocracia-élite de las transacionales estadounidenses, que son las que concentran casi la mitad o incluso más del capital mundial, ha perdido fuelle y eso repercute en los mercados laborales del resto del mundo conectados con inversores cuyo dinero está ligado al sistema financiero norteamericano, que al mismo tiempo abarca casi todo el sistema financiero global. 

Los volúmenes de exportación de EE UU en las primeras dos semanas completas de marzo muestran envíos al exterior de menos de la mitad que el año anterior, según los datos de IHS Markit, un dato que termina de comprobar que la reina de corazones (EE UU) del castillo de naipes de la economía mundial se ha salido de su posición, provocando así el desplome de esa frágil estructura que ya no soporta la presión de un sistema ahogado por una crisis humanitaria global.

“El daño es grave para los automóviles: la cantidad de barcos anclados utilizados para transportar vehículos ha aumentado al 19% de la flota, en comparación con el 11% de hace un año”, según datos de Bloomberg. @mundiario

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